ZAPATOS DE NIÑO POBRE

Mientras estábamos en la tienda ubicada, si mal no recuerdo, en la calle Huérfanos, nos preguntábamos quien sería nuestro dueño.  Todos querían pertenecer a un niño de familia rica, de esas que viven por allá arriba.  Las razones eran diversas, se trabaja poco, claro, te llevan y traen del colegio en auto, decían algunos.  Otros agregaban que, seguro que tienen más zapatos y no siempre se ponen los mismos.  No faltaba el que soñaba con fiestas y bailes

Bueno, como ustedes se imaginarán, a mí me tocó que me comprara una señora pobre, mamá de un niño pobre.  Fue a principios de año, yo estaba tranquilo, un poco aburrido en mi caja, cuando viene el vendedor y dice en voz alta, -¡ven para acá, negro del 36!-.

El muchacho introdujo su pie dentro de mí y de inmediato sentí un calorcito agradable, caminamos un poco por la tienda y él dijo -mamá estos me acomodan-.  La señora, desconfiada, quería asegurarse que todo estaba bien, apretó con mucha fuerza mi punta hasta comprobar que yo era el adecuado para su hijo.  Pasada exitosamente la prueba, salimos de la tienda y partimos en micro a la que sería mi casa por un buen tiempo.

Sentado en su cama, debajo de la cual yo pasaría muchas noches, Manuel, ese era su nombre, abre la caja y comienza a mirarme con mucho cariño, pasando cuidadosamente su mano sobre todo mi cuerpo.

¡Mamá!, grita el niño, ¿los puedo usar mañana?.  –No hijo, el domingo te los pones cuando vayamos a misa y después, en cuanto regresemos te los cambias por los viejos, recuerda que te tienen que durar todo el año-, respondió su madre.

Llegó el domingo, fuimos a misa, regresamos.  Manuel me cambió por mi compañero, me devolvió a la caja y me guardó en el ropero.  Ese era el último domingo de febrero.  Yo había escuchado que faltaba poco para que Manuel fuera a la escuela y tenía la esperanza que yo lo acompañara, sí porque ya estaba un poco aburrido de estar adentro del ropero.

Al domingo siguiente, una vez que regresamos de misa, Manuel me cambió por mi compañero, pero en esa oportunidad no me  guardó en el ropero, me dejó al lado de su cama.  Al día siguiente, Manuel debía ir al colegio y yo con él.

En el silencio de la noche, le pregunté a mi compañero como era eso de ir al colegio.  -Cansador, pero tiene sus recompensas, mejor no te digo más y averígualo por tu cuenta-, fue su respuesta.

Desde el día siguiente, acompañé a Manuel todos los días que fue al colegio, bueno, no todos, excepto un día lunes, pero eso se los cuento más tarde.

Mi primer día de colegio, fue agitado.  Partimos con Manuel y su madre muy temprano. Caminamos un par de cuadras, nos subimos a una micro.  Íbamos bien apretados, me pisaron varias veces.  Cuando nos bajamos, Manuel me miró, y en un acto que se repetiría muchas veces durante nuestra vida en común, me frotó contra la parte de atrás de su pantalón, así quedé reluciente como zapato nuevo.

Llegar al colegio como zapato nuevo no fue una buena idea.  Se acercaron a Manuel unos muchachos un poco más grandes que él y comenzaron a gritar, ¡Zapatos nuevos!, ¡zapatos nuevos! y trataban de pisarme.  Me puse muy contento porque Manuel me defendía y saltaba de un lado para otro para evitar que me hicieran daño, hasta que él ya no pudo más y me dieron varios pisotones.  Más orgulloso me sentí de Manuel, cuando le da tanta rabia que grita ¡Basta! Y levanta con fuerza su pierna derecha y yo me entierro en el culo de uno de los atacantes.  Cuál sería la sorpresa de los agresores, al ver tal decisión de Manuel que se fueron a sus salas de clase y nos dejaron tranquilos.  Antes de entrar a clases, nuevamente Manuel me hizo cariño frotándome contra sus pantalones.

Estar en la sala de clases, para mí fue siempre aburrido, sentía a Manuel inquieto, me movía de un lado a otro sin ton ni son.  Un día me dio bastante susto, porque él desabrochó los cordones y sacó sus pies fuera de mí.  Yo pensé que me iba a dejar ahí botado, no sabía cómo volver a su casa.

En cambio los recreos me gustaban, es que a mí me hicieron para eso, correr, saltar. Manuel era bueno, corría fuerte y a mi me gustaba que él ganara.  Yo trataba de ayudarlo lo más que podía, me agarraba firme al suelo, trataba de no resbalarme y cuando el cambiaba bruscamente de sentido yo me acomodaba rápidamente para que no se dañara los pies.

Lo que más me alegraba era cuando él jugaba a la pelota, yo terminaba bastante sucio, pero Manuel tenía un pañito en su escritorio y con él me limpiaba.  A veces no era suficiente con eso, entonces me lavaba con un poquito de saliva.  Así, cuando su madre lo iba a buscar a la salida del colegio, yo estaba reluciente.

Ahora les cuento porqué no fui ese día lunes al colegio, pero mejor voy en orden.

Eso pasó en la primavera.  Antes les quiero contar que un día sábado su mamá nos llevó a un parque, creo que era El Forestal, ahí habían muchos árboles y el suelo estaba cubierto de hojas, de distintos tonos de rojo y algunas amarillas.  Manuel corría de un lado a otro pisando esas hojas y yo escuchaba el sonido que hacían al resquebrajarse.  Ese fue un lindo día, lo pasamos muy bien y volvimos varias veces más a ese parque.

Manuel me cuidaba mucho, tanto que en invierno, cuando llovía me cubría con fundas de goma para que yo no me mojara, es que a mí no me gusta mucho el agua, me hacía mal, no fui hecho para eso.  Por eso que me daba susto cuando, en esos días de mucho frío, temprano camino a tomar la micro para ir al colegio, Manuel me obligaba a pisar las pozas de agua que estaban escarchadas, a él le gustaba el sonido que se producía, tanto como las imágenes que se formaban al quebrarse el hielo.

Los domingos íbamos a misa.  Antes de entrar a la iglesia, su mamá nos llevaba para que me lavaran la cara.  Primero me escobillaban, después un poco de pasta, del mismo tipo que casi todas las noches antes de acostarse me colocaba Manuel.  Después colocaban un poco de tinta y terminaban pasándome bien fuerte un paño.  Puchas que quedaba lindo, claro que esto duraba poco, el lunes, con la primera pichanga en el colegio se acababa todo.

Ahora les cuento lo que pasó en primavera.  Fue a fines de septiembre, esa semana habíamos jugado muchas veces fútbol en el colegio y en el barrio donde vivíamos.  Todas las tardes se juntaban varios niños a jugar en la calle, era bien divertido, jugábamos al pillarse, a la escondida, al paquito ladrón y otros, pero el juego que más le gustaba a Manuel era el fútbol.  Había sido una semana bien agotadora, así que ese día viernes yo no daba más de cansancio y estaba preocupado porque la suela del derecho se estaba soltando, pero Manuel seguía y seguía jugando, no paró hasta que mí suela se soltó.  Manuel al ver esto corrió hasta la casa, tomó una tijera, cortó mí suela y volvió conmigo a jugar a la calle. Eso sí que me dolió, yo nunca esperé de él algo así.  Cuando su mamá llegó y se dio cuenta de lo que había hecho lo retó, yo me alegré, él se lo merecía.  Al día siguiente que era sábado, a Manuel lo dejaron castigado, sin salir de la casa, su mamá me tomó y me llevó donde un caballero que yo no conocía y le dijo -media suela por favor y ¿para cuándo podrían estar listo?-, y agregó, -son los únicos que tiene mi hijo para ir al colegio-.  El señor le contestó que -se los tendría listos el lunes en la tarde-, así que yo pasé ese fin de semana, en ese lugar extraño y no supe que pasó con Manuel hasta que volví a casa el lunes, y por eso yo no fui al colegio ese día.

El último día que fui con Manuel al colegio, fue bien especial, esa vez fuimos con su mamá pero en la tarde.  No entramos a ninguna sala de clase, estuvimos en el patio del colegio. Todos los niños estaban ahí, el único que había ido solo con su mamá era Manuel.  Nunca supe que pasó con su papá.

Manuel estaba nervioso, sentado junto a sus compañeros, movía todo el tiempo sus pies, yo me estaba cansando y aburriendo cuando de repente lo nombran y él se para, sube unos escalones y le entregan un diploma por ser el primero de su clase.  Bajó tan rápido que me hizo tropezar y casi nos caímos, corrió hasta donde estaba su madre y le entregó a ella su diploma.  Antes de volver a su asiento, lo llaman de nuevo y le entregan otro diploma, por ser el mejor compañero.  Ahora sí que estaba feliz, pero más contento se puso cuando su mamá nos llevo hasta un lugar, que creo que se llamaba Ravera, para que se sirviera una pizza como premio por sus diplomas.

Pocos días después, su mamá me tomó entre sus manos y mirándome con cuidado dijo, -estos zapatos todavía están buenos y a lo mejor le pueden servir a un niño pobre-.

Desde ese día vivo en el ropero, esperando que me lleven a otra parte, con otro niño y ojalá que me cuide como Manuel. Fue un buen año.

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A PANCHI CASTILLO

Su nombre de pila es Francisco. Además se le conoce como Pancho, Panchi, Pac. Tiene la capacidad sorprendente de responder ágilmente a cualesquiera de esos nombres, apodos o sobrenombres. Quiero destacar lo de ágilmente, porque es lo único que está capacitado de hacer con rapidez debido a sus más de 100 kilos de peso, que traslada calmadamente de un lado a otro.

A Panchi lo conozco por más de 50 años. Al momento de conocernos me dijo, -tú debes ser el Flaco-, si, respondí. En seguida me preguntó -¿qué equipo te gusta?-, yo soy hincha de la “U”. Él agregó -entonces vamos a ser amigos-. Estrechamos las manos y desde esa fecha, hemos estado, dependiendo de las circunstancias de la vida en más o menos contacto y siempre, hasta ahora, seguimos siendo amigos y ambos hinchas de la “U”.

Panchi es periodista de profesión. Una vez me dijo, –nunca dejes que la verdad eche a perder una buena historia-. Yo quiero contar algo de mi historia con Panchi. No vayan a pensar ustedes que voy a decir mentiras, por ningún motivo. Tampoco es mi intención, echar a perder lo que espero sea una buena historia.

Decir que Panchi es un hombre buen mozo, sería una mentira. Tampoco es feo. Digamos entonces que, desde el punto de vista físico tan solo es. Este hecho, fue uno de los tantos misterios que más le costó descifrar y entender a la familia de su esposa. Especialmente a las tías. No podían entender que su sobrina, estudiante de odontología, muchacha delgada, alta, buena moza, encantadora, con un color de pelo rubio que hasta el día de hoy, a pesar de los años transcurridos aún le queda bien, estuviera pololeando con este ser. Para esta familia conservadora, descendientes directos de españoles, este era un ser que venía como de otro planeta, cuando tan sólo había llegado de Lautaro. Digamos también, que él no ponía mucho de su parte para agradar a la familia. Quería imponer su estilo. -Podría por lo menos antes de entrar a la casa, tener la precaución de meterse la camisa adentro del pantalón-, le escuché decir a un tío de su futura esposa. En otra oportunidad, conversando con quien sería después su suegro, me dijo, -Panchi sufre de la enfermedad llamada juventud, cuya sanación viene sólo con los años-. Además agregó, -si uno no es rebelde e idealista cuando joven, nunca lo será-. Punto a favor de Panchi. Es que él traía consigo la religión demócrata cristiana, creyente absoluto de la Patria Joven. Yo no lo vi, pero me contaron que Panchi, junto a otros miles de jóvenes estuvo aquel 21 de junio de 1964 en el parque Cousiño (hoy parque O’Higgins), escuchando las palabras memorables de Eduardo Frei Montalva “Pueblo de Chile: como en las antiguas gestas del descubrimiento de Chile, hemos tomado posesión de nuestra patria, en este gran abrazo del Norte y del Sur ………………..”. No era sólo la familia de ella, la que complicaba el esfuerzo que hacía Panchi para conquistar el corazón de la Marita, como él llama a su esposa. La Marita tenía dudas, sí, dudaba. La competencia era dura, difícil. Pero Panchi estaba enamorado y en ese estado ni el puelche lo podía vencer. Bailó cueca, refalosa, valsecito chilote, sirilla, como el mejor bailarín del Bafona. Sacó a relucir toda su alegría, entusiasmo, sus historias entretenidas. Se encomendó a todas las machis y le pidió fuerza a los loncos que conocía. Así, un día de enero de 1967, casados por el civil y la iglesia, partió junto a su Marita a Pichidangui a pasar la luna de miel en un romántico hotelito ubicado a orilla de mar. Para alegría de muchos, entre esos yo, este año 2016 cumplieron 49 años de matrimonio.

Panchi lleva el periodismo en la sangre. No se si será un mito urbano, pero se dice que pensaba estudiar medicina. Eso sería equivalente a que yo hubiera pensado en entrar al seminario. En mi opinión, descubrió su vocación cuando a raíz del terremoto y maremoto de Valdivia, ocurrido el 22 de mayo de 1960, tuvo la oportunidad de acompañar al ejército norteamericano hasta la zona de catástrofe. Ahí, debe haber sentido la necesidad de narrar lo que había sucedido. Cuando le pregunté cual había sido su rol en ese contingente, me dijo, -traductor, intérprete-. Ahí está su otra faceta de periodista. En esa época la única palabra que Panchi pronunciaba bien en inglés era, Coca Cola. Sólo un periodista en ciernes, es capaz de desempeñar ese importante rol con tan pocos recursos, salir indemne y premiado.

Por medio de su profesión, Panchi ha podido satisfacer sus otras dos pasiones, el fútbol y el amor por la “U”. Ha sido testigo privilegiado de varios mundiales de fútbol. En cuanto a su amor por la “U”, recuerdo dos situaciones especiales.

Sábado, 27 de enero de 1968. A las 22 horas se daba inicio en el Estadio Nacional al partido de fútbol entre el Santos de Brasil con Pelé a la cabeza, contra Universidad de Chile comandada por Leonel Sánchez. A la misma hora, en una casa señorial de la calle Carrera, se celebraba la fiesta de matrimonio de una prima hermana de la Marita, su confidente, la mejor amiga. La fiesta estaba muy buena, la comida excelente, los viejos todos contentos, bailando y bebiendo. Yo casi me había olvidado del partido de fútbol. Veo a Panchi caminar hacia mi y juro por el mismísimo Dios, que no creo que exista, que él se iba transformando. Mientras se acercaba, le aparecieron unas orejas largas, después una cola que terminaba como en una punta de lanza y en la mano llevaba un tridente. Cuando llegó a mi lado, me tomó de un brazo y me dijo, -Flaco, vamos a comprar cigarrillos-. Inocente yo le digo, -por aquí está todo cerrado-. Él agrega, -cierto, pero en el Nacional venden-. Dimos el aviso correspondiente. El suegro nos pidió una cajetilla de Lucky y el tío Cheno una de Cabañas negro, de esos ovalados. Partimos raudos al estadio, tan rápido como lo permitía una burrita del año 28, propiedad de Panchi. El partido estaba por comenzar. Nos saltamos dos luces rojas. Nos instalamos en el sector de Tribuna Pacífico. Algunas personas nos señalaban y decían, –seguro que estos giles se arrancaron de un matrimonio-. 50.000 personas en el estadio y nosotros los únicos giles de terno y corbata. Ganó la “U”, 2 a 1, con goles de Carlos Campos y Pedro Araya. Terminado el partido, volvimos alegres, contentos, felices, escuchando en la radio portátil las entrevistas, comentarios y repetición de los goles. Nos saltamos cuatro luces rojas, había que llegar pronto, con la esperanza que no hubieran notado nuestra larga ausencia. Estacionamos el auto. Nos bajamos, nos miramos y al unísono dijimos, -hueón nos olvidamos de comprar los puchos-. Ruego a todos los santos, en cuya existencia tampoco creo, que si la Marita lee esto no vuelva a retar a Panchi. Todo fue por una buena causa, aunque dudo que haya mujer que lo entienda y menos en las circunstancias que ocurrió.

En otra ocasión, un día domingo de un mes de invierno de un año que no recuerdo, en el principal recinto deportivo del país jugaban por el campeonato nacional la “U” y otro equipo, cuyo nombre está en el olvido, un partido intrascendente para efectos del campeonato. Pero sólo para esos efectos, porque para un hincha de la “U” no existen los partidos de ese tipo. Llovía y llovía. Nos cubríamos de la lluvia con un solo paraguas. Considerando la humanidad de Panchi, a mi me tocaba no más de 1/8 de la cobertura de ese implemento. Las condiciones climáticas y la importancia del encuentro, seguramente hicieron que de acuerdo a lo informado por el locutor del estadio, los espectadores controlados fueran sólo 80 (ochenta). Tres razones me mantuvieron ese día en el estadio. Nos habíamos ido en el auto de Panchi, irme solo significaba caminar varias cuadras hasta encontrar locomoción. En segundo lugar, el paraguas era propiedad de Panchi. Pero lo más importante es que jugaba la “U”. Ustedes pueden pensar que esto es un invento mío, o bien que lo soñé. Existe un testimonio fotográfico de este hecho que fue publicado en el Mercurio donde aparecemos Panchi y yo, con una nota a pie de foto que decía algo así como “lo que es ser hincha de fútbol”.

Los padres de Panchi vivían en una casa en Pedro de Valdivia, donde está la plaza Zañartu, a pocas cuadras del Nacional. Varias veces después de los partidos, lo acompañé a visitar a su madre. En esos años también vivían ahí sus dos hermanos menores, Patricio y Marcelo. Una de esas tardes, la madre de Panchi se sentó al piano. Patricio o Patica como también se le conoce, tomó la guitarra e interpretaron varias canciones. Después, siempre que íbamos a su casa tenía la esperanza de escucharlos cantar juntos. Al Patica lo vi cantar y tocar charango con el Quilapayun, del cual fue uno de los fundadores. En las últimas canciones los acompañó Víctor Jara, en esa época director del Quila. Muchos años, siglos después, tuve el gusto y alegría de tener de invitados a Panchi y al Patica, compartir con ellos, la Marita y mi familia un asado en mi casa.

Francisco Castillo Morales, ha ejercido la profesión de periodista desde que estudiaba en la Católica. En esa época trabajaba en la Voz, pasquín que difundía las ideas demócrata cristianas. Trabajaba hasta tarde en la noche, tal vez por eso, más los amigos y sus actividades como dirigente estudiantil, tanto de la escuela de periodismo como de la FEUC (Federación de estudiantes de la Universidad Católica), le impedían asistir a la clase de la primera hora que se impartía en su escuela. Perdía el año por inasistencias. Para evitar que lo expulsaran, tuvo que elevar a la dirección de la escuela una solicitud de clemencia. No se si él tiene copia de ese documento. Entiendo que la solicitud fue llevada por el director, al vice canciller de la universidad, éste a la Nunciatura quien, finalmente, se la entregó al Papa. El Papa, leyó la solicitud de clemencia frente a la curia romana (fue citada de urgencia para tratar este caso de excepción), quienes por unanimidad de sus miembros, al escuchar el tenor de la carta decidieron que este país ubicado al fin del mundo se merecía contar entre sus habitantes con este profesional del periodismo (fuentes bien informadas indicaron, que por primera vez se escucharon tantas risas y aplausos en una reunión de la curia romana).

Panchi ha ejercido con éxito su profesión en distintos medios de comunicación.   Televisión (Canal 13, TVN, Chilevisión, UCV TV, La Red). Diarios o semanarios (La Voz, Ercilla, Hoy, La Epoca). Radio (Chilena, Cooperativa). En su currículum profesional, constan varias medallas (o estrellitas) obtenidas cada vez que lo despidieron de algún medio de comunicación, por defender la libertad de prensa. Actualmente trabaja en Cambio 21. Yo estoy jubilado, escribo esta historia antes que, sin que me percate, entre a mi hogar el ladrón de los recuerdos y me olvide que con Panchi seguimos siendo amigos e hinchas de la “U”.

REGRESO DE VACACIONES

Estimadas seguidoras y seguidores de mi blog, espero que hayan tenido y disfrutado de excelentes y reparadoras vacaciones que les permita enfrentar este nuevo período normal de actividades con entusiasmo, renovados bríos, energía positiva, buena onda y alegría.

Con el fin de ayudar en algo en este aterrizaje forzoso de volver a lo cotidiano, a continuación encontrarán ustedes para los dos siguientes meses, algunos temas que pueden ser de su interés.

MARZO

  • A los olvidadizos les recuerdo que su hijo(s) y/o hija(s) entran al colegio.
  • De regreso de vacaciones, el Consejo General de la UDI decidirá nombrar a José Miguel Insulza miembro ad honorem del partido, por decir que Longueira es un hombre de estado. El único que no estará de acuerdo, y aseguró que no es por envidia, será Jovino Novoa. En su argumentación indicará que él tendría los mismos o más méritos que Longueira, mal que mal he sido presidente del Senado.
  • Ignacio Walker, en una entrevista al diario El Mercurio, le recordará a Andrés Zaldívar que Ricardo Lagos no pertenece al partido Demócrata Cristiano. Zaldívar responderá que sólo estaba juntando los ingredientes para una nueva receta de cocina. En esa misma fecha, el presidente de la DC se encontrará en misión oficial en Europa presenciando el encuentro de la Champions League entre Barcelona de Bravo y el Arsenal de Sánchez. En el aeropuerto indicará que se debe apoyar a los chilenos en el extranjero.
  • Se debe pagar el permiso de circulación. No le da derecho a reclamar por el mal estado del pavimento ni siquiera en la comuna donde usted pagó, así que no pierda el tiempo mandando cartas a ningún diario por este tema. No deje este trámite para última hora, se lo recomiendo.
  • La última semana del mes, el precio de la carne disminuirá en la misma proporción que sube la del pescado. La FNE analizará si esto es un nuevo caso de colusión, ahora entre el pescado y la carne. No confundir con el pecado de la carne. En esto último, la FNE no tiene pitos que tocar …….. por ahora.
  • Si aún tiene dinero y ganas de seguir de vacaciones, le recuerdo que el viernes 25 de marzo es feriado. Es recomendable hacer las reservas correspondientes con anticipación. El siguiente feriado, en día laboral, será el lunes 27 de junio.

ABRIL

  • Si usted es propietario de algún bien inmueble, se debe pagar la primera de cuatro cuotas de las contribuciones.  En el caso, que el impuesto que usted page por este concepto, sea mayor del que paga una empresa minera, se debe tan sólo al hecho que sus ingresos estimado contribuyente, son muchísimo menores que los de la minera.
  • Se debe hacer la declaración de renta. Se recomienda no incluir boletas truchas. La pista está pesada y resbaladiza.
  • En conferencia de prensa el Fiscal encargado del caso SQM señalará que, considerando la cantidad ingente de correos electrónicos a revisar, más de 92 mil que sirvieron de base para que la auditora Shearman and Stearling preparara un informe que dio cuenta de los pagos ilegales a políticos, y que además debe revisar otros 3,5 millones de mails, ha decidido sin temor a equivocarse, imputar a todos los senadores y diputados en ejercicio por emitir boletas ideológicamente falsas. Agregará, que de esta forma el estado se ahorrará dinero suficiente como para construir 1.238 viviendas sociales. Declarará que esta decisión se basa en un estudio estadístico realizado por expertos, ya que habiendo revisado los primeros 1.000 correos, escogidos al azar, en todos ellos aparecía el nombre de algún político o bien de personas vinculadas a ellos como cónyuge, hijos, hermanos, tías abuelas e incluso familiares ya fallecidos. Los únicos diputados excluidos de esta decisión de la fiscalía, serán los de la bancada estudiantil, quienes, además, todavía están pagando el CAE.
  • A su arribo al país, el presidente de la DC declarará que esta medida de la fiscalía le parece arbitraria e inconstitucional y que recurrirán al Tribunal Constitucional. También aprovechará de aclarar que, la estadía en Europa de su esposa, hijos y nietos, fueron solventados por él. Esto a raíz de declaraciones de algunos personeros de la oposición que lo único que pretenden es enlodar su nombre y el de su familia, agregará. Por último dirá que quería recordarles a todos los chilenos y chilenas un antiguo adagio, -Los terremotos pasan, los gustitos quedan-. Ante esto los periodistas se mirarán extrañados, no entenderán nada. Yo tampoco.

Amigas y amigos, si ustedes no han entendido mis comentarios relacionados con la contingencia política significa que han disfrutado de sus vacaciones, no han leído los periódicos, lo que les ha permitido desconectarse de asuntos que no tienen ninguna importancia en nuestra vida diaria.

En cuanto a mi, espero entregarles en el transcurso del año nuevos cuentillos y discursillos para ayudarlos a conciliar el sueño y entretener, misión casi imposible, a mis lectores aburridos.

Nos vemos pronto y gracias por su atención.