LA CARPETA

Desde que murió su madre tenemos en nuestro dormitorio el retrato de su padre, ese retrato y una carpeta con fotos, cartas y recortes de diario del año 1947, fueron de las pocas cosas que mi mujer quiso guardar.

Muchas veces le he escuchado relatar los viajes que, junto a su madre y hermano menor, hacían para visitar al padre enfermo e internado en el Hospital Militar quien, producto de un cáncer, falleció cuando ella tenía tan solo siete años.

El Teniente Coronel, Lisandro Latorre Zúñiga, Director del Instituto de Biología y Farmacia, a la fecha de su defunción, no murió de cáncer, probablemente murió de pena. Un dolor y una pena que nace aquel día aciago e inesperado, como suele suceder con la muerte, cuando le avisan que su hijo ha sufrido un accidente, se encuentra gravemente herido, a consecuencia de lo cual fallece.

¿Qué fue lo que pasó aquel día, 20 de octubre de 1947, en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar?.

En ese mismo regimiento, pocos meses después, el 5 de febrero de 1949, el Capitán Alberto Larraguibel, montando su caballo Huaso batía el record mundial de salto, con una altura de 2,47 metros.

Más de cinco mil personas presenciaron ese evento. Tal vez, algunos de ellos aún recordaban los hechos ocurridos casi dos años atrás en ese mismo recinto, que terminaron con la vida de un joven de 18 años, Hernán Latorre González, Brigadier Subalférez de la Escuela Militar.

¿Dónde estaba en esa fecha el ex Teniente Carlos Pizarro, conocido en las justas hípicas militares como uno de los mejores campeones de salto?. Probablemente se imaginaba y sentía que, si no hubiera sido por lo que pasó el lunes 20 de octubre del 47, ese salto debiera haberlo realizado él. Mal que mal, ese fin de semana, conduciendo al caballo Huaso, había batido el récord nacional con 2,20 metros.

Pero la vida es así, todos somos, actores y espectadores de la misma tragedia, cualquier hecho, por pequeño o insignificante que sea, cambia el curso de las cosas. Un impulso, un deseo no contenido, una mirada equivocada, desata una tragedia y modifica por completo el rumbo tranquilo en las aguas quietas por las cuales deseamos que transcurra nuestra vida.

Lisandro Latorre Zúñiga, nació en Antofagasta el 18 de febrero de 1899, el mayor de cuatro hermanos, tres hombres y una mujer. Su padre, Lisandro Latorre Arancibia, oficial del ejército de Chile, prestó servicios durante la guerra del Pacífico.

La familia Latorre Zúñiga se afinca en Chillán, ciudad donde los jóvenes estudian y posteriormente se trasladarán a Santiago para realizar sus estudios universitarios. Lisandro Latorre, estudia Farmacia en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y recibe el título de Farmacéutico y es en esta calidad que ingresa al Ejército, siguiendo de alguna forma los pasos de su padre, tal vez buscando en esa institución los valores de compañerismo, justicia, compromiso, lealtad que fueron durante su vida, tanto estudiantil como profesional, lo que llevaron a Lisandro Latorre a involucrarse en distintas causas y actividades, desde reclamar como dirigente estudiantil por la designación de un profesor que no cumplía a cabalidad con los conocimientos y calidad pedagógica que los alumnos requerían, hasta luchar por los derechos de los “Boticarios” en Chile, o involucrarse como dirigente de la Federación de Fútbol.

Probablemente, Lisandro Latorre encontró en algunos compañeros del Ejército lo que para él era importante, en cuanto a ese valor supremo que es la justicia, esa que una vez que las cosas se han trastocado por actos irracionales, permite encauzar y dar la tranquilidad que se ha cumplido con el deber, tal vez no la encontró, y esa lucha, seguramente, fue la que paulatinamente debilitó su sistema inmunológico, permitiendo que se propagaran por su cuerpo las células cancerígenas.

Un año después de los acontecimientos de octubre del 47, publica, en el diario La Nación, la invitación a una misa en recuerdo de su hijo con el siguiente texto:

Mañana, 20 de octubre se cumple un año de la trágica y misteriosa muerte del subalférez de la Escuela militar, Hernán Latorre González.

Se confía en que la justicia no dejará sin castigo al culpable, cuya mano criminal tronchó despiadadamente esta vida joven, llena de entusiasmo, en quien sus compañeros de la Escuela Militar, sus jefes y familiares cifraban todas sus esperanzas.

Aquel lunes, 20 de octubre de 1947, el entonces mayor del Ejército, parte a desarrollar sus actividades profesionales. Quizás caminó hasta su trabajo, para él, hombre activo, las 12 o 15 cuadras que distaban de su oficina, más la primavera, invitaban al ejercicio. Su vida personal entraba en ese remanso de aguas tranquilas que invitan a la meditación.  Se había vuelto a casar, tenía dos hijos, la mayor, una pequeña que a sus tres años le robaba el corazón y tenía con ella esa complicidad única que se logra entre padre e hija. También, debe haber tenido curiosidad por saber como le había ido a su hijo Hernán, en la Olimpíada Militar que terminaban ese fin de semana, en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar.

En cuanto llega a su oficina le informan de los hechos ocurridos en Viña del Mar, viaja en avión y regresa en la noche a Santiago acompañando, hasta la Escuela Militar, los restos mortales de su hijo. En el camino de regreso, entre el llanto, la pena y pensar en todos las cosas que se venían encima, debe haberse hecho cientos de veces la pregunta ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?. Las explicaciones que había recibido ese día no lo tranquilizaron, excepto el que hubieran denominado a un Fiscal Militar para que investigara los hechos ocurridos en el dormitorio del teniente Pizarro.

Hernán Latorre González, nació en Santiago el 20 de mayo de 1929. Sus padres, Lisandro y Amanda se separaron cuando él tenía como 12 años. Tal vez no entendió muy bien lo que estaba pasando y porque su padre ya no viviría junto a él y a su hermana, pero en esos años, los niños no hacían preguntas complicadas a los padres.

El año 1943 debe haber sido importante para él. En medio de la segunda guerra mundial, el país no era ajeno a lo que sucedía en el resto del mundo, las noticias de la guerra, y los sones de las bandas militares que a menudo se escuchaban en la radio, impregnaban y contaminaban todo el ambiente. Si a lo anterior se suma, un abuelo y un padre militar, a nadie extrañó cuando anunció que deseaba ingresar a la Escuela Militar.

“Así, el año 1944, después de rendir brillantemente las pruebas de reglamento para el ingreso a la Escuela Militar, trasponía sus puertas un muchachito alegre, optimista y valiente; un alumno distinguido y premiado con el premio del Compañerismo en el Internado Barros Arana. La Escuela Militar adquiría en esos instantes, una joya de positivo valor”. Extracto de lo que expresó el Comandante de la Compañía de Subalférez, Capitán Eduardo Carrasco, al despedir los restos de Hernán. Además, debe haber tenido ante sus ojos las evaluaciones anuales de Hernán, que lo definían como una persona de excelente carácter, enérgico, querido por sus compañeros, sobresalientes condiciones morales, inteligente, activo, respetado por sus subalternos y que contaba con la confianza de sus superiores.

Al Subalférez Hernán Latorre González le solicitan que ponga por escrito las razones o motivos por las cuales quiere ser oficial del ejército, y escritas de su puño y letra se encuentra lo siguiente:

  • Satisfacer un lejano ideal, concebido en mí a causa del conocimiento, algo pequeño sí, que del Ejército tenía, sabía que en él había un lugar para todo aquel que, honrada y decentemente, quiere triunfar; sabía que desde el momento en que me introducía a sus filas sería más esforzado, más constante, moldearía mi carácter y, especialmente, sobre mis hombros llevaría con orgullo las tradiciones honrosas de la Patria y la responsabilidad de su defensa o integridad.
  • No tomando en cuenta la subordinación, que en nada afecta a la personalidad, deseaba libertarme económicamente de mis padres y libertarlos a ellos de la carga de un hijo.
  • En mí, es mayor el aspecto idealista que el realista … Gracias a esto he logrado sobrellevar muchos contratiempos, que sé los encontraré mayores en el transcurso de la carrera.

En el discurso de despedida, leído por el Capitán Eduardo Carrasco existe la siguiente frase, “Como verán señores un idealista como Latorre, en esta época de crudo materialismo casi no tiene cabida y es por eso que la única explicación que encuentro …, sea que Dios no quiso depararle decepciones posteriores que lo amargaran y entristecieran …”.

Carlos Pizarro Gutiérrez, lo que sabemos de él, corresponde a la información que apareció en la prensa por los acontecimientos del día 20 de octubre de 1947. No se cuenta con información sobre su vida militar, excepto que, tenía el grado de teniente, pertenecía al Regimiento Coraceros de Viña del Mar y que era considerado un eximio jinete.

La trágica y misteriosa muerte del Brigadier Subalférez Hernán Latorre González. Sin duda la muerte de Hernán Latorre González y los hechos que rodearon este suceso, causaron gran impacto en Viña del Mar, más aún porque estos habían ocurrido en el Regimiento Coraceros, orgullo de la ciudad.

Las Olimpiadas Militares que se llevaron a cabo en el Regimiento Coraceros, congregaron a militares de las Escuelas de las tres ramas, Aviación, Marina y Ejército. Dadas las dificultades de alojamiento los representantes de la Escuela Militar habían sido distribuidos en los regimientos, Maipo, Coraceros y en algunos domicilios particulares.

El teniente Carlos Pizarro, cede su habitación a su hermano, el cadete Pizarro quien la comparte con el alférez Latorre, según información extraída del diario La Unión, en su edición del 23 de octubre de 1947. Información similar aparece en el diario La Primera de ese mismo día. Esta información, es contradictoria con la publicada en el mismo diario La Primera, el 27 de octubre, en la cual se indica que el teniente Pizarro, cedió y compartió la habitación con el alférez Latorre. No se menciona a ningún hermano del teniente Pizarro.

La Unión de Valparaíso, 21 de octubre de 1947 consigna lo siguiente: “Información entregada por el coronel don Abelardo Villarroel, jefe de la Guarnición de Valparaíso y por el capitán ayudante señor Enrique Cruzat Letelier, indican que el fatal accidente se produjo a las cinco de la madrugada del lunes 20, en la pieza que ocupaba el alférez Latorre en el Regimiento Coraceros. A esa hora el joven Latorre se sintió indispuesto. Abandonó el lecho y al registrar el cajón del velador en la obscuridad tomó por el gatillo una pistola que se le disparó. La bala le perforó la frente y se alojó en la parte posterior del cráneo. Herido de muerte el joven Latorre fue trasladado a la Asistencia Pública de Viña del Mar y posteriormente al Hospital Naval de Valparaíso, donde sin recobrar el conocimiento y pese a todos los esfuerzos realizados fallece a las 17:45 horas de ese día”.

Esta era la versión oficial, esta era con seguridad la explicación que le entregaron al mayor Lisandro Latorre al momento de su arribo a Valparaíso. Esta descripción de los hechos no es plausible, carece de lógica, y debe tener una explicación.

El diario El Mercurio, en su edición del 21 de octubre, entrega más detalles que hacen aún más inverosímil la versión oficial, ya que indica que “al encontrarse indispuesto, el cadete Latorre trató de buscar un remedio en el velador, tomando una pistola del oficial a cargo de habitación, con tan mala suerte que se descargó, penetrándole un proyectil por encima del ojo izquierdo”.

En la investigación del Fiscal Militar, tres son las hipótesis que se manejan:

  • La teoría del accidente. Corresponde a la versión inicial, que no explica como un alférez de la Escuela Militar, por muy indispuesto que se encuentre, abre el cajón de un velador que no es de él, ¿a buscar un remedio?, no es capaz de reconocer una pistola y accidentalmente jala el gatillo. Tampoco explica como una bala, disparada en esas condiciones puede atravesar la frente.

Esta versión oficial inicial, no dice nada de la presencia en el dormitorio, a esa temprana hora de la mañana, del teniente Pizarro. ¿Por qué estaba él en el dormitorio que había cedido? ¿Dónde se alojó durante esos días el teniente Pizarro?. Lo más probable es que el teniente Pizarro y el subalférez Latorre compartieran la habitación, y que no había nadie más en ella, de lo contrario, esa tercera persona sería testigo de los hechos y no se menciona en ningún periódico esta situación.

Tanto los diarios La Primera, como La Nación, ambas en su edición del 27 de octubre de 1947, indican que ha sido reabierto el sumario por la muerte del alférez Hernán Latorre. El diario La Primera señala lo siguiente:

“Detenido e incomunicado en el regimiento Maipo se halla el Teniente Carlos Pizarro, del Regimiento Coraceros …” y continúa: “El detenido examen del cadáver realizado por personal competente ha permitido establecer que el disparo no penetró por la frente como al principio se creyó sino por la sien. La causa es llevada por el Fiscal Militar don Tomás Slauchder …”.

En el diario La Nación del 28 de octubre, se lee que, “el Teniente Carlos Pizarro Gutiérrez fue puesto en libertad por el Fiscal Militar, luego de prestar declaraciones en el sumario que se instruye por la muerte del alférez Hernán Latorre G”.

  • La teoría del suicidio. Esta opción podría tener cierto grado de validez. De la lectura de una agenda privada de Hernán Latorre, se podría pensar en cierta melancolía, dudas y contradicciones, sin embargo sus calificaciones ese año fueron las mejores. Fue uno de los 42 cadetes que conformaron el cuadro de honor de la Escuela Militar el año 1946, siendo la segunda antigüedad de su compañía. Era el capitán del equipo de esgrima, recién había participado en una competencia. Pero esto no basta para descartar esta posibilidad.

Las Noticias Gráficas, en su edición del viernes 5 de diciembre de 1947 indica que “el alférez Hernán Latorre, era uno de los mejores esgrimistas que tenía el ejército, siempre capaz de poner los impactos que dirigía su mano derecha donde el quisiese. No era zurdo. Pero el tiro que le quemó las sienes hizo blanco precisamente sobre su sien izquierda”.

  • La teoría del homicidio/homosexualidad. Esta es la alternativa que más se debe haber discutido y que tuvo graves consecuencia para Carlos Pizarro Gutiérrez.

Esta es la tesis que sustenta la familia Latorre González, y que ha sido traspasada hasta los nietos y probablemente éstos se lo contarán a sus hijos.

19 de noviembre, edición Nº 1,391 Santiago, Ultima Hora. Después de un titular FUE DETENIDO UN EX OFICIAL, informa: “Ha conmovido a todos los círculos de Valparaíso y Viña del Mar en esta capital la detención del ex Tte. Carlos Pizarro del Coraceros, quien habría sido degradado y separado del Ejército hace algunos días por habérsele comprobado repetidas y habituales prácticas de homosexualismo según se desprende del sumario que se abrió con motivo de la muerte, en su habitación del Coraceros, del subalférez Hernán Latorre”. Más adelante agrega, “que existen graves presunciones de que no se hubiera producido el deceso por un accidente casual, sino a consecuencia de una lucha entablada entre el muerto y el detenido de hoy quien habría sido impulsado por su vicio a atacar a su compañero de pieza”.

21 de noviembre, Las Ultimas Noticias: “Detuvieron al presunto asesino del Alférez Latorre González: se investigará a fondo extraño caso”. Además, en el desarrollo de la noticia indica que “Carlos Pizarro fue acusado de homosexual, habiéndosele comprobado repetidas prácticas de que hizo víctima a personal de ese Regimiento”. Posteriormente agrega “Sin lugar a dudas la noche del 20 de octubre hubo lucha en el interior de la pieza que ocupaban Latorre y Pizarro, y que se llegaría a establecer que el primero de los nombrados, al ser atacado por el sátiro, impulsado por su vicio presentó seria resistencia, entablándose luego la lucha que motivó el disparo que produjo el deceso del joven oficial…”.

26 de noviembre, La Hora. DEGRADADO EL Tte. PIZARRO EN EL CORACEROS, Valparaíso, 26 – (Corresponsal) – “Por su actuación en relación con la extraña muerte del Brigadier de la Escuela Militar, señor Latorre, en el patio del cuartel y estando reunida la tropa y oficialidad del Coraceros, en Viña del Mar, fue degradado el Teniente Carlos Pizarro, conocido en las justas hípicas militares como uno de los mejores campeones de salto.

La justicia militar sigue ahora un sumario contra el aludido ex oficial de nuestro Ejército”.

Este artículo de un diario, es el documento oficial con el que cuenta Lisandro Latorre Zúñiga, de lo que ha ocurrido con el asesino de su hijo.

¿Cuál fue la actuación de Pizarro que llevó a su degradación?, ¿actos homosexuales?, ¿por haber dado muerte a Hernán? ¿por ambos hechos?.

2 de diciembre. Extracto de carta de Lisandro Latorre a su amigo Hidalgo Ceballos.

“He leído tu carta con verdadera devoción …

Son los golpes traidores que nos depara el Destino y ojalá nunca lleguen en forma tan cruel y dolorosa a herir en esa forma a un padre, que mira su existencia un tanto cansada a través de las pupilas alegres y juguetonas del hijo que se levanta alegre y confiado como una prolongación generosa de nuestra propia sangre …

Mi mente atormentada por este sufrimiento demasiado fuerte, no me permite decirte todo lo que yo quisiera en señal de agradecimiento …”

2 de diciembre, carta de Lisandro Latorre a su primo Jorge Ewing

Responde la carta del 24 de noviembre y añade: “También recibí carta del tío Julio (Delaveau) por la cual manifiesta que aún es prematuro hacerse parte del Sumario por no haber hechos concretos sobre el particular” y termina pidiendo que “le confirmen la noticia que aparece en la prensa, en cuanto a que Pizarro fue degradado en presencia de todo el Regimiento”.

En la carpeta, no hay respuesta a esta carta.

2 de diciembre, carta de Lisandro Latorre a Julio Delaveau

Lisandro Latorre “agradece a Delaveau, por la preocupación en la desgracia que lo aflige”. Además tiene dudas de lo que pasó, ya que está consciente que “la prensa como cada persona con la que habla, amolda los hechos a lo que ha oído o a su imaginación”.

Él, ha continuado tratando de conocer detalles de lo que pasó. Se entrevista con el Comandante en Jefe del Ejército, quien le informa que Pizarro había designado como abogado a un ex oficial del Ejército y que él debiera hacer “lo que estime conveniente para sancionar en la forma más severa al delincuente”.

La carta termina indicando que, “ninguna autoridad militar ha desmentido que Pizarro fue degradado a Regimiento formado”.

En la carpeta, no hay respuesta a esta carta.

En la carpeta no hay ningún documento que indique que Lisandro Latorre Zúñiga se hiciera parte del sumario. ¿No se hizo parte?, ¿por qué?, ¿le aseguraron que se iba a hacer justicia?, ¿lo mal aconsejaron?, ¿lo coaccionaron?.

5 de diciembre, Las Noticias Gráficas. Este día aparecen tres noticias relacionadas con los hechos del 20 de octubre:

– 3 congrios acusan de corruptor al Teniente Pizarro, del Coraceros

El artículo detalla que tres conscriptos declararon ante el Fiscal Militar y que según el periodista, Raúl Morales Alvarez, “las declaraciones de estas personas son substanciales y convincentes. Dijeron sin ambages que el teniente Pizarro era muy raro, se le ocurrían estas cosas y también las otras, nosotros estábamos acostumbrados y le hacíamos caso”. Más adelante el periodista comenta que “el teniente Pizarro era un homosexual con uniforme, alguien que se aprovechaba de su mando militar para ejercer su verdadera personalidad de invertido, lo cual lo hacía de noche”.

¿Es creíble esta versión?. El siguiente artículo da más luces sobre este tema.

– El examen psiquiatra reveló que Pizarro no es invertido

En este artículo se señala que “el Tribunal Militar contrató al médico psiquiatra peruano, que hace 17 años está viviendo en Valparaíso, Sebastián Llorente, para que junto con el doctor Arce Molina, le efectuaran a Pizarro un examen clínico con el fin de determinar si Pizarro era o no homosexual, según habían declarado tres de sus soldados”.

“El psiquiatra, entrevistado por LNG, entrega una detallada explicación del procedimiento que siguió para determinar la inclinación sexual de Pizarro. Según Llorente le inyectó a Pizarro una dosis de “pentotal sódico”, quien bajo los efectos de este barbitúrico, se pudo comprobar que Pizarro solo mostró perfiles varoniles”.

En algunos artículos de prensa se destaca el celo del Fiscal Militar en cuanto a mantener el secreto del sumario. Un primo de Lisandro Latorre, le indica que es muy difícil obtener información en la fiscalía y que los civiles no son bien vistos y que ni siquiera los altos oficiales del ejército tienen acceso al sumario. ¿Por qué un siquiatra entrega información tan detallada a un periodista?. Lo más probable es que este médico haya sido contratado por la defensa de Pizarro y no por el Fiscal. ¿Cuál fue la opinión del otro médico?.

– Pizarro fue como Dreyfus

En la página 16 se puede encontrar el siguiente artículo:

“La sensacional revelación hecha por el doctor Llorente, demostrando que el ex teniente Pizarro “no era homosexual” … No sólo establece que el ex oficial fue víctima de una monstruosa calumnia, por cuya causa, como Dreyfus, el de la Isla del Diablo, perdió su carrera, sino que también coloca nuevas sombras de misterio sobre la muerte del Alférez Latorre, ¿Cómo murió? ¿Se suicidó, lo mataron o qué? …”

Tres artículos, el mismo día y en el mismo periódico. Uno con declaraciones de soldados que acusan a Pizarro de homosexual y abusador y otros dos que tratan de demostrar lo contrario y desmentirlos. ¿Por qué declararon los soldados?, ¿fueron obligados y por quién?.¿Quién podría tener interés de inventar esa calumnia?

En general, los jueces no aceptan las declaraciones de personas que están bajo la influencia del pentotal sódico.

¿Cuánto pesó en la decisión final de los jueces militares el informe del siquiatra Llorente?. Aparentemente fue muy importante.

21 de diciembre. A pesar de haber sido dado de baja por haber fallecido, el Ejército emite el siguiente documento.

EJERCITO DE CHILE

ESCUELA MILITAR

Por cuanto, el Subalférez Hernán Latorre G. durante el año 1947, por sus condiciones, se distinguió como “Deportista Escogido” en la rama de Esgrima de sable vengo en conferirle el presente Diploma.

Santiago, 21 de Diciembre de 1947

Firmado por: Julio Moreno J., Subdirector y Carlos Meirelles G., Director

Algún día de fines de mayo o inicio de junio de 1948. Carlos Pizarro Gutiérrez, Ex Teniente del Ejército, publica el siguiente texto.

“A MIS AMIGOS CIVILES Y MILITARES

La I. Corte marcial, el más alto Tribunal Militar, dictó el 20 de mayo de 1948, en el proceso 3277/47 seguido en mi contra, escrito a fs 279, el auto siguiente:

“Vistos: Sustituyendo la cita del art. 409 Nº 1 del C.P. penal, por la del art. 408 nº 1 del mismo cuerpo de leyes. Y teniendo presente, además, QUE EN EL PROCESO NO APARECEN PRESUNCIONES DE QUE SE HAYAN VERIFICADO LOS HECHOS QUE DIERON MOTIVO A LA FORMACION DE CAUSA, se aprueba la resolución consultada de 30 de marzo último, escrita a fs. 254, con declaración de que el sobreseimiento que se decreta en esta causa es DEFINITIVO. Anótese y devuélvase. Firmados: J. M. Castro – Miguel Barros de la Barra – Raúl Magallanes B. – Manuel Ugarte M. – Proveído por la Iltma. Corte. – Firmado: Renato Astroza, Secretario”.

La sentencia insertada precedentemente se encuentra firme y está ejecutoriada. Tiene el mérito de cosa juzgada. Hoy la exhibo públicamente a mis amigos civiles y militares, a quienes, en las amargas circunstancias a que fui arrastrado por la calumnia soez, pedí tuvieran la paciencia necesaria y se abstuvieran de prejuzgar en tanto los Tribunales no fallaran la causa. La justicia ha llegado: SOY INOCENTE.

Víctima de una vil calumnia, fui procesado por el II Juzgado Militar, encarcelado como vulgar delincuente, y luego separado del Ejército, bajo el peso de la más infame acusación y de la cual se hizo escarnio. Sufrí toda clase de humillaciones y se barrió el suelo con el honor de un Oficial…

Ha quedado salvado el honor del Ejército, cuyo prestigio para mi valía más que mi honra mancillada; igualmente el del … Regimiento “Coraceros”, a cuyo cuerpo de oficiales pertenecía.

Se ha administrado justicia con independencia y probidad ejemplarizadora. Honor para los Tribunales de Militares, prestigio para sus Magistrados, que se debe reconocer para bien de Chile.

Llegue a todos la expresión sincera de mi profunda gratitud muy en especial para mis amigos y compañeros para los distinguidos facultativos psiquiatras que conocieron del caso, para la Prensa, y para mis abogados que asesoraron mi defensa, sin escatimar esfuerzos hasta hacer brillar el sol esplendoroso de la justicia definitiva”.

La lectura de este inserto presenta una serie de dudas:

¿A qué calumnia se refiere por la que fue procesado y degradado?

¿Quién inventó la calumnia a que se refiere Pizarro?.

Dice que ha quedado saldado el honor del Ejército, ¿por qué demostró que no era homosexual y en esos años esa inclinación sexual no era permitida en la sociedad y menos aún en el Ejército?

¿Demostró que no tuvo participación en la muerte de Hernán Latorre, cualquiera que hayan sido las causas?

Agradece a sus siquiatras, ¿a Llorente? ¿por qué?, ¿por haber entregado un informe indicando que no era homosexual, mediante un método de dudosa aplicabilidad?

Esta Resolución No reintegra a Pizarro al Ejército.

¿Qué pasó con los soldados que declararon en contra de Pizarro?

20 de octubre de 1951, en el diario La Nación, el Teniente Coronel del Ejército de Chile, Lisandro Latorre Zúñiga, invita a una misa, en recuerdo del sensible fallecimiento del Subalférez Hernán Latorre González, a los que fueron sus compañeros, amigos y familiares, a celebrarse en la capilla del Cementerio General,

En esta invitación, don Lisandro no pide justicia, él ya sabe que no lo logrará, pero nombra a su hijo con el rango militar que tenía a la fecha de su muerte.

4 de julio de 1952, fallece, afectado por una grave dolencia el director del Instituto de Biología y Farmacia del Ejército, teniente coronel don Lisandro Latorre Zúñiga.

Seis batidores montados escoltan la carroza. En el pórtico de la necrópolis una batería del Regimiento Tacna le rindió los honores correspondientes.

LAS ULTIMA NOTICIAS, Lunes 7 de julio de 1952, extracto

Los que estuvieron en las directivas del fútbol nacional hace diez años, saben lo que valía Lisandro Latorre, teniente coronel de Ejército y deportista de alta y sana vocación, que acaba de fallecer.

Durante varios lustros prestó valiosa cooperación, especialmente para los problemas de fondo, donde eran más necesarios el criterio recto y la ecuanimidad. Presidió la Comisión de Asuntos Internacionales y estuvo en toda tarea importante, trabajando con capacidad y sobriedad.

Era de esos dirigentes que no buscan estar en el primer plano, enemigo del “bombo y del platillo”. Bondadoso, sencillo y cordial no tuvo enemigos, y ahora que se ha sabido de su muerte, se han recordado todas sus virtudes que lo hicieron un gran dirigente y un mejor amigo. En el fútbol se le recordará como un varón íntegro. Como siempre fue.

EPILOGO

La mayor parte de los hechos relatados y que guardan relación con Hernán Latorre González, han sido extraídos de una carpeta que contiene todos los antecedentes relacionados con su muerte que fue guardando su padre, Lisandro Latorre. Información de la más variada índole. Certificado de bautismo de su hijo, fotos de cuando era pequeño y adolescente, sus notas finales de segundo año básico, que lo cursó en el Colegio O’Higgins, libreta de notas y evaluaciones de su paso por la Escuela Militar, listado de las condolencias recibidas y copia de las correspondientes respuestas de agradecimientos enviadas por Lisandro Latorre .

No sé si Lisandro Latorre, logró la paz y tranquilidad en relación a la muerte de su hijo. Pienso que no. Cinco meses después que la Justicia Militar cerrara el caso, declarando inocente a Pizarro, a pesar que debe haber sabido que no había más que hacer, él, seguía clamando por justicia.

Acaso, ni los cariños, cuidados y atenciones que amorosamente le debe haber brindado su esposa, ni el disfrute que significa ver crecer a sus dos hijos, fueron suficientes para paliar el dolor, la pena por la muerte de su hijo y al hecho que no hubiera habido la justicia, que él siempre buscó en sus actos.

Para toda su familia, lo que ocurrió ese fatídico 20 de octubre de 1947 fue un homicidio, lo mató Pizarro y así fue ayer, hoy y mañana.

La teoría del accidente no tiene visos de realidad, tampoco la del suicidio. ¿Cuáles fueron las circunstancias de la muerte de Hernán Latorre González?. Lo más cierto es que hubo una pelea al interior de la habitación que compartía con Pizarro. ¿Qué motivó esta lucha?. La alternativa de la homosexualidad de Pizarro es una opción.

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LA SEÑORA

Vivía, en uno de los tantos cerros del puerto. Desde la ventana de su dormitorio divisaba un pedacito de mar. Ahí estaban sus sueños, conocer otros lugares, recorrer el mundo.

A fines del siglo 19, Valparaíso era el puerto más importante del Pacífico sur, muchos de los marinos que desembarcaron ahí, olvidaron por un momento de donde venían. Se quedaron en tierra para siempre. Uno de ellos fue John, de origen inglés, se casó dos veces.

Con su segunda esposa, la que soñaba con aventuras, tuvieron cinco hijos, dos hombres y tres mujeres.

En los inicios del siglo XX, se iniciaba la explotación de una gran mina de cobre. Necesitaban gente trabajadora, John, ingeniero de profesión, entendía y conocía de máquinas. La paga era buena, incluyendo casa.

Para ella, los sueños de aventuras se iban quedando enredados entre pañales que lavar, mamaderas que preparar, cuidar cinco niños, además de atender al marido, así que conocer nuevos lugares era motivante.

Salieron un día de Valparaíso, con sus cinco hijos, algunas maletas y una canasta con comida, hacia un destino desconocido. Llegaron a Santiago, otro tren a Rancagua, finalmente un tercero, este, de trocha angosta, que iba lentamente encaramándose por el cerro, cruzando un sin número de puentes. Ellos, arriba de un carro de madera, que se quejaba por el esfuerzo de recorrer los 70 kilómetros y subir hasta los 2.100 metros de altitud para llegar a Sewell.

John, atento al sonido acompasado de la locomotora, observaba ese paisaje distinto al de Inglaterra, su tierra natal. Calculaba, cuantos kilos de dinamita fueron necesarios para transformar, lo que fue una huella de mulas en línea férrea, cuantos hombres trabajaron en esa obra, y el número de ellos que murieron en esa tarea, sin imaginarse que años más tarde él sería, uno de tantos que perdieron la vida en las faenas de la Braden Copper Company.

Ella, miraba el paisaje fascinada. Era primavera, la montaña tenía bordada en sus laderas flores de variados colores.

Llegaron al anochecer a Sewell, la ciudad de las escaleras, construida en la ladera del Cerro Negro, y que a esa fecha vivían ahí más de 14.000 personas.

John, trabajaba más de 14 horas diarias, salía muy temprano a la faena minera, volvía cansado, hambriento, sólo con deseos de comer y dormir.

Ella, desde la ventana de su dormitorio no veía el mar, pero sus sueños de aventura no habían cesado.

No era fácil salir de Sewell, el tren que bajaba a Rancagua, se utilizaba para llevar el mineral, el último carro era para pasajeros. Al regreso traía los víveres para alimentar a toda la población y también entretenerla.

Un día, se anuncia en Sewell, a viva voz con megáfonos, la presencia de Ciro el boxeador, que desafiaba a quien quisiera a enfrentarse con él. También se invitaba al público en general a presenciar el combate. No se admitían niños, así que mientras John cuidaba de los cinco hijos, su esposa fue a presenciar la lucha.

No se sabe en que circunstancia, Ciro y la esposa de John entablaron una relación de amistad, que se transformó en algo más profundo.

Mientras John trabajaba, Ciro le contaba a ella los lugares que conocía y hacia donde se dirigiría una vez que se fuera de Sewell. Fue en una de esas conversaciones en que ella le pide que la lleve, que está cansada de la vida en el campamento, cansada de subir y bajar escaleras, cansada del invierno con la ciudad cubierta de nieve, pero más aún, cansada de ver un cañadón que se perdía ahí, a sólo unos pocos kilómetros más allá.

Un día, John parte temprano al trabajo. Su esposa prepara una maleta con un poco de ropa, levanta a sus tres hijas y parte con ellas a la estación para seguir a Ciro en su vida aventurera.

En la estación, Ciro le dice que no pueden llevar a las niñas. Ella decide dejarlas ahí. Al momento de partir el tren, sólo una de las niñas corre detrás de su madre. Unos metros antes que termine el andén logra subirse al tren. Las dos hermanas de 8 y 6 años gritan, lloran y ven como su madre las ha abandonado en la estación.

En los siguientes 80 años, ninguna de las dos hermanas volvió a pronunciar su nombre ni referirse a ella como mamá. La llamaban La Señora, mordiendo con rabia y pena cada letra que pronunciaban.