EL CLIENTE DE LOS MIERCOLES A LAS 11:30 HORAS

La última vez que lo vi, fue un día miércoles de junio que caía sobre Santiago toda la lluvia del invierno. Parado, en la vereda, frente al ventanal que da a la calle República de Cuba, observaba la mesa que recién había abandonado. Me pareció ver que por sus mejillas corrían, lentamente, algunas lágrimas. Después, levantó los hombros con ese movimiento típico que indica, -que pena- y desapareció bajo la lluvia de ese día, como desaparece un terrón de azúcar en una taza de café caliente.

Desde hace un año atrás, venía todos los miércoles a la misma hora. Era tal su costumbre de ocupar siempre la misma mesa, la que se encuentra al lado de la ventana, desde la cual se tiene una completa visión de la esquina de República de Cuba con Pocuro, que en cuanto abríamos el café colocaba sobre la mesa, sin que él me lo hubiera solicitado, el letrero de reservado.

Llegaba a las 11:30 y miraba frecuentemente la hora. A las 11:40 pedía un cortado doble que lo bebía, lentamente, sin dejar de observar la calle. Una vez que terminaba con su café, cancelaba la cuenta, dejaba una propina generosa y antes de salir del local, miraba nuevamente hacia la mesa que ocupaba como para asegurarse que, no había dejado nada olvidado, o que aún no llegaba a quien esperaba.

Ese miércoles de junio, que llovía sobre Santiago, como si el agua la lanzaran con baldes, puntualmente llegó al café. En cuanto se sentó, entró al restaurante una muchacha, la que en forma decidida se dirigió adonde estaba él, algo le dijo y le entregó una carta, abandonando de inmediato el lugar.

Aquel día, mientras leía y volvía a leer la carta que le habían entregado, bebió, además del cortado doble, dos tazas de té. Al momento de pagar la cuenta, me dice, -no es necesario que vuelva a colocar el cartel de reservado- y agrega, -el azar no ha querido que nos juntemos en esta cafetería, gracias-.

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DE TODO UN POCO

LES INFORMO QUE

Anoche, antes de dormirme leí algunos cuentos del noruego, Kjell Askildsen, gran escritor de la narrativa breve. En uno de sus relatos, el personaje central, extrañado se pregunta, no saber por que aún no ha muerto y se responde -“como no tengo razón para vivir, tampoco la tengo para morir”-.

Hoy, al despertarme tuve la convicción de que voy a morir. Son tantos los motivos que tengo para vivir que, les informo, voy a morir.

Eso sí, no sé cuando, además, desconozco si existe una relación entre la cantidad de motivos por los cuales vivir y la fecha de la muerte. En otras palabras a mayor cantidad de motivos para vivir, ¿más pronta será la fecha en que moriré? Si fuera ese el caso, tendría que priorizar. Difícil decisión.

Hablé, por teléfono, con el siquiatra y cuando le plantee el problema me dijo que fuera mañana a primera hora a la consulta y que por ningún motivo dejara de ir.  Además me preguntó si estaba tomando todos los medicamentos. Me extrañó tanta insistencia.

 

MAX, EL NIETO MENOR

De tan sólo cuatro años de edad, le pregunta a su madre -¿quién crees tú que es mi niña preferida?-. Mi nuera, le nombra a varias compañeras del jardín, a las que él, a todas, dice no. Max, le ayuda a su madre: –te voy a decir la primera letra- y agrega, .

 

ALMUERZO FAMILIAR

Por casualidad, todos los nietos estaban en la ciudad. Que emoción -dijo mi esposa. Los invitamos a almorzar a todos, solos, sin sus padres, teníamos que aprovechar esta oportunidad.

Durante el almuerzo ellos se rieron mucho, a pesar que no intercambiaron palabras.

Cada uno estaba en distintos grupos de WhatsApp.

Antes de despedirse, acuerdan crear el grupo Los Primos para estar informados de sus vidas.

 

RASCARSE CON SUS PROPIAS UÑAS

Esa es la consigna actual. Así que he decidido no cortármelas más.  En algún momento podría tener la necesidad de rascarme alguna parte del cuerpo, que con las uñas cortas no alcance a llegar.

 

SOLIDARIDAD

Dijo, -pobre perrito, ¿estará perdido?-, sin prestarle atención al indigente que, en el suelo, dormía al lado de él.

 

LA NUEVA CONSTITUCIÓN

Tuve la oportunidad de participar en uno de los Encuentros Locales para la Constitución. Fue una grata experiencia. Un baño exquisito de democracia, tolerancia y respeto.

Cuando llegamos al tema de los Derechos que, en opinión de cada uno, debía contener la nueva Constitución, la discusión fue extensa. El primer listado contenía muchos conceptos, los que poco a poco, a medida que transcurría la conversación disminuyeron hasta llegar a un consenso.

Cuando se estaba dando por terminado este tema, pido la palabra y manifiesto que, en virtud que el sistema permite incluir otros conceptos no incluidos en la guía de trabajo, respetuosamente solicito que se agregue un derecho adicional, del cual, a mi juicio, no se puede prescindir y que debe estar consagrado en la nueva Constitución, me refiero a:

“El Derecho a Soñar”

 

JOSEFINA

Es una de nuestras nietas. Por sus venas corre a raudales el arte y la imaginación. Lo suyo es la pintura, ahí muestra sus sentimientos, la preocupación por la naturaleza o situaciones de su vida diaria.

También es pilla, pícara, vivaracha. Si hace algo y después se da cuenta que era un acto indebido, por el cual la podrían retar, trata de salir del paso con argucias.

Tenía algo más de dos años, recién comenzaba a hablar y expresarse. Con el ceño fruncido, rostro serio, enojada, molesta va a buscar a mi mujer, la toma de la mano y la conduce hasta el living para mostrarle todo lo rayado, con pasta azul, que estaba en la parte de atrás de uno de los sillones y con balbuceos, gestos, movimientos de sus manos y medias palabras, muestra toda su indignación por tal fechoría.

La pintura en sus manos la delataban.

 

UN ANCIANO EN EL METRO

Iba sentado enfrentando la puerta de acceso al vagón, las manos descansaban sobre sus muslos. En una de las estaciones sube al Metro una muchacha buenamoza, linda figura, bonitas piernas que lucía con generosidad. El anciano la mira y le sonríe. La muchacha se indigna y comienza a gritarle al anciano, -Viejo grosero ¿me estás indicando que me siente en tus piernas?, ¿no te da vergüenza?. Otra señora exclama, -a mi me hizo lo mismo- y otra que estaba más lejos, grita –a mi también-.

El pobre anciano, atemorizado y triste se baja en la siguiente estación. Cuando lo ven caminando por el andén, alguien en voz alta dice ¡parece que sufre del mal de Parkinson!.

 

ME RUBORIZO

 A menudo, especialmente cuando me mira una mujer. Ayer, sin ir más lejos, subo al Metro y la veo, preciosa. Nuestras miradas se cruzan y me hace un gesto para que me acerque a ella, comienzo a sonrojarme. Cuando estoy a su lado, se pone de pie y me dice –abuelo, por favor tome asiento-, ahí sí que me puse colorado.

 

SINCERIDAD

 Acompañado de una nieta de seis años, entro a una tienda de deportes. Necesitaba comprarme un casco para andar en bicicleta. Me pruebo uno, me miro al espejo y le pregunto a mi nieta, –Vic., ¿cómo me veo?-. Ella responde sin titubear, -RIDÍCULO.

 

LA CITA

Tenía 92 años y los llevaba bastante bien. El principal problema era con la memoria, así que tenía su rutina y trataba de no salirse de ella. Mira el reloj, son las 19:50 horas, de un día cualquiera, en alguna de las cuatro estaciones del año. Faltan sólo 10 minutos para la cita diaria. Aumentan las pulsaciones, se levanta de la poltrona que normalmente ocupa en su pieza y comienza a acicalarse, se lava las manos, los dientes, arreglarse los cuatro pelos no le toma mucho tiempo, pero eso sí, hay que ponerse unas gotitas de colonia Monix. El espejo le devuelve una imagen satisfactoria. Va a la cocina, toma una serie de frascos más una cuchara y se encamina al dormitorio de su mujer, la misma de hace 65 años atrás. Amor, ¿eres tú?. Si amor, soy yo. Que bueno que viniste, te extraño mucho, ¿estoy muy fea?. No amor, hermosa como siempre. Adulador como el primer día. Pero a ti te agradaba. Sí, más me gustó el primer beso. ¿Solo el beso?. Bandido, ¿todavía te acuerdas?. De eso sí, pero no de lo que hice ayer, ahora a tomarse los remedios. Bueno, viejo mandón. Ahora dame un beso y nos vemos mañana. Tú me verás, yo tan sólo te escucharé. Buenas noches amor. Adiós amor, hasta mañana, no olvides que tenemos una cita.  Amor, no me olvidaré, la tengo anotada.