Mariposas negras

En México, la mariposa negra —desde antes que llegaran los españoles ha tenido mala prensa— se asocia con la muerte y el mal agüero. En inglés la llaman black witch (bruja negra). En Chile: «Polilla de la muerte», y se considera un visitante ocasional en el país —cómo sería si fuera uno normal—.

Los habitantes de Sarajevo, con pena; llanto; asombro; incredulidad; rabia, decían que el cielo se había cubierto de mariposas negras. Eran los restos de los libros que, el domingo 25 de agosto de 1992, se quemaron a raíz del intenso bombardeo con bombas incendiarias, intencional y dirigidas a la biblioteca de esa ciudad —por las fuerzas serbias que, desde abril, sitiaban la ciudad—. La biblioteca albergaba unos dos millones de libros; miles de manuscritos y documentos de valor incalculable, conservados a lo largo de los siglos por musulmanes, serbios ortodoxos, croatas católicos y judíos.

Un visitante asiduo de ella era el profesor Nicola Koljevic que dictaba, en la Universidad de Sarajevo, un curso de “Poesía y crítica”. Su alumno Alexsandar Hemon, escritor de origen bosnio, en la nota titulada “El libro de mi vida” lo recuerda así: “el maestro que desenvolvía poemas como si fueran regalos de Navidad y la solidaridad creada por aquellos descubrimientos grupales invadía la caldeada atmósfera del aula en el ático de la facultad de filosofía”. Según Hemon, el profesor Koljevic era una persona increíblemente culta, que citaba de memoria tramos enteros de Shakespeare.

Koljevic terminó sus días dedicado al alcohol, y en 1997 se suicidó en Belgrado. Seguramente no soportó el cargo de conciencia de haber sido él quien dirigió el bombardeo de la biblioteca. Alexsandar Hemon —que como alumno admiraba al profesor Koljevic—, señala: “su maldad tuvo una influencia mucho más profunda en mí que sus enseñanzas literarias”.

Detrás de la poesía se ocultaba un fanático nacionalista.

El médico croata Mirko Grmek, a raíz de lo que estaba ocurriendo en los Balcanes acuñó, en el año 1991, el término “memoricidio” para referirse a la destrucción intencionada de libros o del tesoro cultural del adversario, ya que este acto lo que pretende es matar la memoria de un pueblo, raza, cultura, religión.

En todas las épocas se han destruidos libros en forma intencional. En la guerra civil española se quemaban los libros escritos por adeptos a la República, y, en la Alemania nazi, los escritos por judíos.

En el artículo “Cuando la memoria se convierte en cenizas… (Memoricidios durante el siglo XX), escrito por el Lic. Edgardo Civallero, se detallan distintos actos abominables de quemas y destrucción de millones de libros provocados por: talibanes en Afganistán; serbios en Bosnia-Herzegovina y Croacia; mujaidines en Kabul; israelíes en Ramallah (Palestina).

Durante la Revolución Cultural organizada por Mao Zedong, los libros políticamente “incorrectos” fueron sacados de las bibliotecas y quemados en actos públicos. Soldados de ocupación, principalmente de Estados Unidos, hicieron la vista gorda, miraron hacia el cielo mientras la turba entraba al Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional, los Archivos Nacionales y la Biblioteca Coránica de Irak, en Bagdad, quemando, destruyendo y robando cuanto había en su interior.

La iglesia católica quemó miles de libros durante la inquisición; y en el siglo XX todavía prohibía la lectura de ciertos ejemplares que atentaban contra su doctrina y ejercieron presión para su publicación y distribución.

Cuando la memoria se convierte en cenizas —como dice Civallero—, el cielo se cubre con mariposas negras o con polillas de la muerte como ocurrió en Santiago el 23 de septiembre de 1973, durante la quema de libros realizadas por los militares —frente a las torres San Borja, en Santiago—, después de un allanamiento.

Este proceder, nos llevó a muchos —en un acto de auto censura lectora— a quemar, romper o esconder nuestros propios libros por el temor de su tenencia.

Sin libros, no tendríamos memoria, leyes, conocimiento…, cada día deberíamos inventar la rueda y no hubiéramos contado con este silencioso compañero, por medio del cual hemos vivido tantas vidas; aventuras, y que nos ha ayudado a sobrellevar esta pandemia.

23 de abril, declarado por la UNESCO, día Mundial del Libro y del derecho de autor

23, abril, 2021

2 comentarios

  1. Avatar de maricarmen
    maricarmen · mayo 1, 2021

    Qué gran relato para conmemorar los libros, gracias!

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