Cosas de niños

El vendedor de conchitas

Rovinj, es una ciudad ubicada a orillas del mar Adriático en la provincia de Istria de Croacia, cerca de la frontera con Italia. La ciudad antigua fue construida sobre una colina y en la parte superior, dominando toda la ciudad, se encuentra la iglesia de Santa Eufemia que data de 1736, una de las tantas atracciones que ofrece la ciudad a los miles de turistas que llegan cada año a ese lugar.

La ciudad se desarrolló sin ningún plan regulador. Cada uno construyó su casa, como y donde pudo, formando un sin número de rincones que se van descubriendo al recorrer sus calles de adoquines.

En uno de esos rincones y bajo la sombra, quizás del único árbol que se encuentra en la ladera de la colina, estaba instalado el vendedor de conchitas. Sentado sobre una estera, enfrente de él una bandeja de color morado y sobre ella siete u ocho conchitas de ostión, choritos, estrella de mar. Su actitud relajada, paciente, y la expresión de su rostro indicando que es dura la vida de un vendedor ambulante, llamó mi atención, así que me acerqué a conversar con él.

—Hola.

—Hola.

—¿Estas conchitas son tuyas?

—Sí.

—¿Las vendes?

—Sí.

—¿Cuánto cuestan?

—No sé, lo que me den.

—¿Has vendido muchas hoy?

—No, nada.

—¿Y que vas a hacer con el dinero?

—Voy a ir a Chile.

—Pero Chile está muy lejos.

—Sí sé, yo voy a ir, además yo se ir. Puedo ir solo. Ya fui, con mi mamá, mi papá y mi hermana.

—¿Cómo vas a Chile?

—En un avión hasta un lugar y ahí otro avión para llegar a Chile.

—¿Cómo se llama ese otro lugar donde cambias a otro avión?

—No sé, cuando yo fui estaba durmiendo. Mi papá me dijo que podía preguntarle a esas señoritas que dan comida en el avión.

—¿Quién está en Chile?

—Vicente, es mi primo. Además, yo quiero jugar en la piscina con el monstruo marino.

—¿No le tienes miedo a ese monstruo marino?

—No, es mi amigo. Ahora ya se nadar, así que me voy a hundir y como él es viejito le cuesta mucho moverse en el agua, voy a ir por detrás y me voy a subir por su espalda mientras Vicente lo ataca por delante.

—¿Qué edad tienes?

—Cinco años. Señor, ¿me va a comprar conchitas? Hoy no he vendido nada.

—Claro que si. Toma aquí tienes, y yo te regalo las conchitas. Chao nos vemos.

Al regresar de mi visita a la iglesia, pasé a ver si aún estaba el vendedor de conchitas. Se encontraba en el mismo lugar, pero además de las conchitas ahora tenía unos dulces y nuevamente conversé con él.

—Hola, ¿los dulces están a la venta?

—No, son para mi.

—Vaya, yo había entendido que estabas juntando dinero para ir a Chile a reencontrarte con tu primo y jugar con el monstruo marino.

—Sí, pero mi papá me dijo que el monstruo marino viene a Rovinj. Lo vamos a atacar los dos con mi hermana, pero él no sabe eso. Nosotros conocemos bien este mar.

—Me alegro, chao nos vemos

—Señor, ¿me va a comprar conchitas? Hoy no he vendido nada.


 

Primero bailemos y después vemos

Cuando su madre lo fue a despertar, él ya se estaba vistiendo. En esa oportunidad había cambiado, el pantalón deportivo por su mejor pantalón de cotelé, ese que viste cuando tiene que ir a un cumpleaños o a otras situaciones formales, y una camisa blanca de manga larga que tiene anudado una corbata del tipo “humita”, en reemplazo de su polera favorita de star wars. Completaba su vestimenta con una chaqueta negra corta, como los chalecos que usaban nuestros abuelos y como calzado, zapatillas azules, recientemente compradas. Se miró al espejo y se pasó la mano por su pelo liso para tener un peinado natural, su partidura al medio hacía que su pelo cayera sobre ambos extremos de su frente. Los ojos le brillaban y había algo de nerviosismo en todo su cuerpo. Estaba listo para enfrentar el día.

Camino a la escuela, sus padres, le preguntaron a que se debía esa tenida.

—Es que hoy me voy a casar con Nika, respondió …

En la tarde, cuando lo fueron a buscar al jardín infantil, la mayor curiosidad de sus padres era saber como le había ido con Nika.

Su respuesta los sorprendió, —no me voy a enamorar de ella, porque me dijo que yo soy un bebé, —y agregó—así que le pedí a Carla que nos casemos mañana.

—¿Y ella que te dijo?

—Que mañana primero bailemos y después vemos.

—¿Y tú que vas a hacer?

—Pshhhh, bailar y después ver.

—¿Y que vas a ver?

—No sé, lo que haya que ver.

Cuando al día siguiente en la tarde lo fueron a buscar, la cuestión era saber que había pasado entre Carla y él, así que después de las conversaciones normales le preguntaron derechamente por ella.

—Nada, solo bla, bla, bla, así que mañana me pongo mi pantalón de buzo, la polera de star wars y las zapatillas viejas para jugar al fútbol con mis amigos.

6 comentarios

  1. Avatar de Maricarmen
    Maricarmen · marzo 1, 2017

    Que lindas ambas historias basadas en tu nieto, gracias!

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  2. Avatar de Mafalda Migliaro
    Mafalda Migliaro · marzo 1, 2017

    Bueno, este chiquito sí que se las trae! Y tiene, razón, es mejor jugar a la pelota con los amigos que andar tan vestido para casarse!.
    Excelente historia y felicitaciones a la/lA «fuente/s de inspiración» Los niños son geniales y los mayores deben aprender de ellos.
    Un abrazo

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    • Avatar de alfonsopino
      alfonsopino · marzo 1, 2017

      Gracias Mafita. Los niños son sorprendentes y claro que debemos aprender de ellos. Un abrazo

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  3. Avatar de Paula Donoso
    Paula Donoso · marzo 21, 2017

    Deliciosos.

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