RECUERDOS DE UNA CONVERSACIÓN

Los alados dedos del artista, acariciaban las cuerdas del arpa tal como se recorre el cuerpo de la mujer que se ama.

La voz ronca y profunda del cantor, llenaba el espacio de la vieja casona con melodías que narran amores perdidos.

La mirada del cantor, que tiene sabor y color a miel, se desparramaba sobre la figura de la mujer, enredándose al final en los ojos celeste agua, gastados de llanto y dolor por ese amor que un día se marchó.

La niña escucha atenta, su madre se sonroja.

La niña se hace madre y la madre es madre y ambas abuelas, y en las dos aún perdura la mirada del cantor.

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