Lo del Puse Bar

Hace muchos, muchos años atrás, recorriendo la loca geografía urbanística y arquitectónica de los cerros de Valparaíso, encontré el Puse Bar cuyo nombre nunca he olvidado porque afuera tenía un letrero que decía:

SE DAN BESOS GRATIS

OFERTA POR TIEMPO INDEFINIDO

Y yo, que pertenezco a la religión que tiene por dogma que por cada beso bien recibido la vida se extiende un mes, me vi impelido a traspasar muchas veces el umbral de ese bar.

El recuerdo viene a mi memoria porque me llegó una carta dirigida a todos los afiliados de las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP), mediante la cual informaban una nueva disposición de la Superintendencia de Pensiones, que en resumen consiste en que las personas que, de aquí en adelante, opten por una pensión de renta vitalicia, deberán presentar para acogerse a esa modalidad de retiro una declaración jurada ante notario que señale que, jamás han entrado a un lugar  que ofrezca besos gratis —explícitamente se debe mencionar el Puse Bar—, o que no han sido diagnosticadas de filemamanía.

La carta además incluye que esta instrucción, se basa en estudios realizados por científicos que han determinado que los besos provocan una prolongación de la vida, —como si yo no lo supiera—. Además señala que esta situación está plenamente comprobada por la longevidad de varios pensionados afilados al sistema de pensiones, —parece que hubiera un error en esta última palabra para referirse a los cotizantes o bien una expresión proveniente del sub consciente del alto ejecutivo que firma la carta—.

También se indica en la misiva, que ésta situación pone en riesgo la viabilidad del sistema de pensiones, —increíble, a lo mejor ahora incluyen la felicidad en el cálculo del PIB , pero no es todo, y continúa—, las personas que sufran de esa enfermedad, o que hayan ingresado a algún establecimiento que ofrezca besos gratis y que deseen acogerse a una pensión de renta vitalicia, serán tratadas como casos especiales en el cálculo del monto mensual de su pensión, —¿qué tal? —.

La parte más grave para mi es la que se refiere a los actuales pensionados bajo esta modalidad de renta vitalicia, —en la que estoy yo— que deben presentar la misma declaración jurada y dan un plazo de seis meses para hacerlo y de no presentarlo asumirán que uno sufre de esa enfermedad rara o que han asistido al tipo de bares como el Puse Bar y se procederá a un recálculo de su pensión, —hijos de la gran… —

A pesar de las dificultades que tengo para caminar me fui a dar una vuelta al Puse Bar, y me encontré con la agradable sorpresa que gran cantidad de personas se habían congregado frente al local, la mayoría jóvenes, y todos se estaban besando. Desde un escenario improvisado los dueños del bar, pareja descendientes de croatas, los animaban a continuar con este acto espontáneo, mientras de fondo se escuchaba la adaptación de la canción del Quilapayún:

“El pueblo besuqueándose, jamás será vencido,

el pueblo besuqueándose, jamás será vencido…”

Hice abandono del lugar, alegre y con la grata sensación de comprobar que aún habían jóvenes dispuestos a luchar por la felicidad. Eso si que antes de llegar a mi residencia pasé por una notaría.

En todo caso, un par de besitos más no me vendrían nada de mal.

Cosas de niños

El vendedor de conchitas

Rovinj, es una ciudad ubicada a orillas del mar Adriático en la provincia de Istria de Croacia, cerca de la frontera con Italia. La ciudad antigua fue construida sobre una colina y en la parte superior, dominando toda la ciudad, se encuentra la iglesia de Santa Eufemia que data de 1736, una de las tantas atracciones que ofrece la ciudad a los miles de turistas que llegan cada año a ese lugar.

La ciudad se desarrolló sin ningún plan regulador. Cada uno construyó su casa, como y donde pudo, formando un sin número de rincones que se van descubriendo al recorrer sus calles de adoquines.

En uno de esos rincones y bajo la sombra, quizás del único árbol que se encuentra en la ladera de la colina, estaba instalado el vendedor de conchitas. Sentado sobre una estera, enfrente de él una bandeja de color morado y sobre ella siete u ocho conchitas de ostión, choritos, estrella de mar. Su actitud relajada, paciente, y la expresión de su rostro indicando que es dura la vida de un vendedor ambulante, llamó mi atención, así que me acerqué a conversar con él.

—Hola.

—Hola.

—¿Estas conchitas son tuyas?

—Sí.

—¿Las vendes?

—Sí.

—¿Cuánto cuestan?

—No sé, lo que me den.

—¿Has vendido muchas hoy?

—No, nada.

—¿Y que vas a hacer con el dinero?

—Voy a ir a Chile.

—Pero Chile está muy lejos.

—Sí sé, yo voy a ir, además yo se ir. Puedo ir solo. Ya fui, con mi mamá, mi papá y mi hermana.

—¿Cómo vas a Chile?

—En un avión hasta un lugar y ahí otro avión para llegar a Chile.

—¿Cómo se llama ese otro lugar donde cambias a otro avión?

—No sé, cuando yo fui estaba durmiendo. Mi papá me dijo que podía preguntarle a esas señoritas que dan comida en el avión.

—¿Quién está en Chile?

—Vicente, es mi primo. Además, yo quiero jugar en la piscina con el monstruo marino.

—¿No le tienes miedo a ese monstruo marino?

—No, es mi amigo. Ahora ya se nadar, así que me voy a hundir y como él es viejito le cuesta mucho moverse en el agua, voy a ir por detrás y me voy a subir por su espalda mientras Vicente lo ataca por delante.

—¿Qué edad tienes?

—Cinco años. Señor, ¿me va a comprar conchitas? Hoy no he vendido nada.

—Claro que si. Toma aquí tienes, y yo te regalo las conchitas. Chao nos vemos.

Al regresar de mi visita a la iglesia, pasé a ver si aún estaba el vendedor de conchitas. Se encontraba en el mismo lugar, pero además de las conchitas ahora tenía unos dulces y nuevamente conversé con él.

—Hola, ¿los dulces están a la venta?

—No, son para mi.

—Vaya, yo había entendido que estabas juntando dinero para ir a Chile a reencontrarte con tu primo y jugar con el monstruo marino.

—Sí, pero mi papá me dijo que el monstruo marino viene a Rovinj. Lo vamos a atacar los dos con mi hermana, pero él no sabe eso. Nosotros conocemos bien este mar.

—Me alegro, chao nos vemos

—Señor, ¿me va a comprar conchitas? Hoy no he vendido nada.


 

Primero bailemos y después vemos

Cuando su madre lo fue a despertar, él ya se estaba vistiendo. En esa oportunidad había cambiado, el pantalón deportivo por su mejor pantalón de cotelé, ese que viste cuando tiene que ir a un cumpleaños o a otras situaciones formales, y una camisa blanca de manga larga que tiene anudado una corbata del tipo “humita”, en reemplazo de su polera favorita de star wars. Completaba su vestimenta con una chaqueta negra corta, como los chalecos que usaban nuestros abuelos y como calzado, zapatillas azules, recientemente compradas. Se miró al espejo y se pasó la mano por su pelo liso para tener un peinado natural, su partidura al medio hacía que su pelo cayera sobre ambos extremos de su frente. Los ojos le brillaban y había algo de nerviosismo en todo su cuerpo. Estaba listo para enfrentar el día.

Camino a la escuela, sus padres, le preguntaron a que se debía esa tenida.

—Es que hoy me voy a casar con Nika, respondió …

En la tarde, cuando lo fueron a buscar al jardín infantil, la mayor curiosidad de sus padres era saber como le había ido con Nika.

Su respuesta los sorprendió, —no me voy a enamorar de ella, porque me dijo que yo soy un bebé, —y agregó—así que le pedí a Carla que nos casemos mañana.

—¿Y ella que te dijo?

—Que mañana primero bailemos y después vemos.

—¿Y tú que vas a hacer?

—Pshhhh, bailar y después ver.

—¿Y que vas a ver?

—No sé, lo que haya que ver.

Cuando al día siguiente en la tarde lo fueron a buscar, la cuestión era saber que había pasado entre Carla y él, así que después de las conversaciones normales le preguntaron derechamente por ella.

—Nada, solo bla, bla, bla, así que mañana me pongo mi pantalón de buzo, la polera de star wars y las zapatillas viejas para jugar al fútbol con mis amigos.

2016 – 2017

Estimadas/os amigas/os, en enero del  año pasado, comencé a publicar y compartir con ustedes lo que he escrito.

A la fecha he ingresado 29 temas distintos, sin ningún hilo conductor, espero con ellos haber sacado una sonrisa o traer algún recuerdo a la mente de ustedes que es finalmente mi objetivo.

Agradezco los comentarios que me han hecho, ya sea en el mismo blog o en forma personal, han sido motivadores para seguir escribiendo y tratando de mejorar.

De más está decirles que para mi escribir ha sido altamente gratificante, lo he disfrutado mucho y espero seguir haciéndolo.

Tres microcuentos, de los incluidos en el blog han sido publicados en la sección de Microcuentos del diario digital El Definido (www:eldefinido.cl) que cada día presenta uno distinto.

Les anuncio que el blog permanecerá cerrado durante enero y febrero.  Si ustedes necesitan de mi porque están aburridos o insomnes les recomiendo, al igual que el verano pasado, que vuelvan a leer lo que ya está en el blog, no falla, receta infalible para el insomnio, no tan efectiva para la cura del aburrimiento.

A todos ustedes les deseo un excelente año 2017, familiar y personal.

Descansen y disfruten del verano, carguen las pilas que se viene un año especial.

Nos vemos en marzo

POR UN BESO

En cuanto llegué del colegio tomé la bici y me fui a dar vueltas por el barrio. De pronto la vi, estaba en la esquina de Gamero con Independencia. Mi corazón se aceleró y apuré las pedaleadas. Le ofrecí llevarla a casa. Me miró con esos ojos grandes color café y sonrió, quise besarla pero me contuve.

—¿Damos una vuelta?

—Ok, pero una larga.

—Buena idea —respondí, más contento que un perro con dos colas.

Partimos, ella se sentó de lado, en el marco de la bici, en ese espacio entre el sillín y el manubrio. Yo, feliz

De repente, giró su cara hacia mí. Sus labios me parecían el más maduro y jugoso de los duraznos.  Ella entreabrió la boca y sin pensarlo la besé…

 

Desperté en el hospital. A mi lado ella me miraba preocupada y divertida. Le pregunté como estaba.

—Bien —contestó, a pesar de que tenía el antebrazo izquierdo enyesado, las rodillas parchadas y el uniforme del liceo roto.

—¿Y la bici? —pregunté.

—Mejor que tú.

—¿En qué estábamos?

Acercó su boca y disfruté de sus labios tibios. Los porrazos pasan, los besos quedan en el recuerdo y en un relato.

DE BICICLETAS (I)

EL GIRO DE ITALIA

 Soy el primer chileno en correr el Giro de Italia. Día marcado desde el año anterior  al inicio del entrenamiento. Esta es mi etapa. 180 kilómetros, 5.500 metros de desnivel. Cimas famosas por delante, Campolongo, Pordoi, Sella, Gardena, Falzarego más el mítico Giau. La estrategia clara y el equipo está conmigo. Anoche no dormí bien, nadie duerme bien en las Dolomitas.

Partimos. Acelera el vehículo del comisario, todos a máximo para estar adelante y evitar las caídas. Ninguno de los competidores conversa, todos serios, concentrados. Es de esos días en que cualquier cosa puede pasar. Son muchos descensos, todos técnicos, peligrosos, a alta velocidad, un descuido, adiós Giro y probablemente el resto de la temporada.

Van quedando atrás todos los puertos. La meta, en la cumbre del Falzarego, previo el Giau, con sus 10 Km, 14% pendiente promedio y rampas sobre el 20%. Con mi equipo, los nueve, somos los primeros en iniciar el ascenso. El pelotón es una larga culebra multicolor. Faltan 4 Km. para la meta. Mis rivales sufren, yo siento que mis piernas están bien. Entramos a una curva cerrada, en U (un tornanti), y acelero. Abro una brecha, varios tratan de alcanzar mi rueda, no lo logran.

Voy pedaleando al máximo, la meta está cerca a sólo 600 metros. Los fanáticos me van abriendo la ruta, gritan, aplauden y me alientan. Cruzo la meta, alzo los brazos y grito.

Mi mujer me zamarrea, -despierta tienes pesadillas-. No, le digo, es que gané una etapa del Giro d’Italia.

Me dice, -¡huevón!-. Se da vuelta y sigue durmiendo.  Yo, sonrío.

 

PERSEVERANCIA

 Gamero con Maruri, lugar habitual de los encuentros del grupo del barrio, ahí llegábamos a pie, en bici o en patines. Martín, al llegar siempre hacía lo mismo, con la bici aún en movimiento se paraba sobre los pedales, tomaba con la mano el sillín y saltaba hacia atrás, cayendo de pie y sin soltar la bici, quedaba detenido en medio del grupo recibiendo los aplausos de todos, especialmente de las chicas. Era el campeón, arrogante, con aire de superioridad. Honestamente, le tenía envidia y su actitud triunfalista me molestaba. Un día se me acerca Ximena, me dice al oído, -inténtalo tú- y me da un beso en la mejilla.

Temprano al día siguiente partí a un lugar apropiado y me puse a practicar. Después de tres sacadas de cresta, suspendí por ese día el entrenamiento, pero volví al siguiente más varios otros. Tras diecisiete porrazos más dos pantalones rotos, logré dominar la técnica. Estaba listo.

Un día, cuando el grupo estaba reunido, Martín y Ximena incluidos, hice mi entrada triunfal. Pelotudo que soy, terminé despanzurrado en el suelo.  La bici estrellada contra una pared. El grupo entero riéndose de mi, machucones por todos lados, pero mi mayor dolor fue ver a Ximena, alejándose tomada de la mano de Martín.

GABRIELA

Estaba sentada en la sala de embarque del aeropuerto de Santiago, esperando la salida de su vuelo con destino a París. Era una mujer de aspecto interesante, pelo crespo, color negro azabache, ojos color café, nariz levemente aguileña que, junto a pómulos salientes y un mentón cuadrado le daban carácter a su rostro, atenuado por cierta tristeza en la mirada. Vestía pantalones grises, sueltos, cómodos para viajar, camisa blanca, chaleco sin mangas color burdeos, chaquetón 3/4 azul, zapatos de taco bajo. Completaban su indumentaria una cartera, no muy grande, de esas que se cuelgan al hombro, porta documentos sencillo y un típico impermeable color crema. No se había vuelto a casar. Amores, algunos, sin mayor trascendencia que no habían dejado huellas.

Gabriela, interrumpió la lectura de “El general en su laberinto” y miró su reloj. Faltaban aún, al menos, diez minutos para que anunciaran el embarque.

Observó a su alrededor y en ese momento lo vio. Sus miradas se cruzaron, tal vez, por una décima de segundo. No supo porqué, pero un escalofrío recorrió su espalda.

Recordó su primer viaje a París. Había ocurrido, veinticinco años atrás, a fines de 1.974 con sólo 23 años recién cumplidos.

En esa oportunidad viajó con su hija Amalia que, a esa fecha, tenía un año y algo más de vida. Hacía tres meses que no la veía, desde que la secuestraron junto a su marido Gonzalo. Sus padres, que durante su detención habían quedado a cargo de ella, se la entregaron poco antes de pasar por policía internacional junto al decreto de expulsión de ambas.

De su marido, no sabía nada. La última vez que estuvo con él, debe haber sido unos 15 días después del secuestro. Los pusieron frente a frente y les dijeron que se despidieran. –Espérame- le dijo él y agregó -perdóname por haberte metido en esto-.

Ahora viajaba a un congreso en Ginebra, invitada a exponer sobre el impacto del libre mercado en las sociedades latinoamericanas.

Antes estaría algunos días con Amalia en París. Su hija, nunca quiso regresar a Chile, se sentía más francesa que chilena, además, quiso estudiar filosofía igual que su padre y para eso nada mejor que La Sorbona. En cambio ella, había vuelto al país en 1.993, con su título académico de doctorado en Sociología y se desempañaba, desde entonces, en un organismo internacional.

En cuanto anuncian el embarque, Gabriela se pone de pie, quiere ser de las primeras en abordar el avión, sentarse en su puesto y dejar que tranquilamente transcurran las horas que dura el vuelo hasta su destino. Una vez más mira su tarjeta de embarque. Confirma su asiento, 17-B, pasillo, sector de sólo dos asientos. Se pregunta, -¿Quién será mi acompañante?-, -ojalá que nadie-, se responde, y en cualquier caso da lo mismo ya que, inmediatamente, después de la cena se tomará una pastilla para dormir y despertará poco antes de aterrizar en Charles de Gaulle.

Están por cerrar las puertas del avión, nadie ocupa el 17-A, parece que es su día de suerte.

De pronto lo ve, es el mismo hombre con el que cruzó una mirada en la sala de embarque. Él, camina lentamente por el pasillo, mirando la numeración de las filas en busca de su lugar. Se detiene al lado de ella y caballerosamente le dice, –buenas tarde, ¿me da permiso por favor?-. Al escuchar ese timbre de voz, se pone nerviosa. Se levanta para darle la pasada. Cuando él se mueve para pasar a su asiento, ella siente ese olor del perfume que lo tiene impregnado en todo su cuerpo. Comienza a temblar. Él estira los brazos y dice, -señora, ¿la puedo ayudar?-. Gabriela grita desesperada -¡¡No me toque!!, ¡¡no me toque!!, ¡¡no vuelva a tocarme nunca jamás!!-. Las convulsiones aumentan y comienza a vomitar, vomita y sigue vomitando encima del hombre que se protege la cara y se revuelca para evitar el vómito. Gabriela hace un esfuerzo para controlar sus esfínteres y todo, todo el dolor, la angustia, el vejamen, las violaciones sufridas, y en el nombre de sus compañeras y compañeros que pasaron por lo mismo que ella y también en el de su marido que nunca apareció, sigue vomitando sobre el cuerpo del hombre que los torturó en Londres 38, sanando un poco, tan sólo un poco, porque hay dolores y penas que quedan para siempre.

Gabriela, seguirá esperando … ya no a su marido, sino que a la señora de los ojos vendados, que tiene en su mano derecha una espada y en la izquierda una balanza, que se llama Justicia. Ahí están puestas sus energías.

 

 

RELATOS BREVES (más breves que relatos)

ANUNCIO

Esta noche mi amor me entregaré a ti. Todo mi cuerpo será tuyo para tu goce y mi disfrute. Espero con ansias tus caricias. Por favor no te atrases. Recuerda que llevo un año esperándote. Al cambiarse de compañía, en busca de un mejor plan, él o ella, tenía otro número telefónico y el mensaje de Whatsapp, una vez más, no llegaría a su destino. Qué lamentable. Para que a usted no le pase lo mismo, desde ahora puede hacer uso de la portabilidad numérica y así no perderá oportunidades como ésta u otras. Es un consejo del Ministerio de Telecomunicaciones.

RIVALES

 Eran dos niños, uno moreno, vestía camiseta blanca, pantalón negro y medias blancas. El otro rubio de tez blanca, llevaba puesto camiseta, pantalón y medias azules. Delante de ellos una pelota de fútbol. El moreno, con el codo de su brazo izquierdo hundido en las costillas de su adversario, intentaba llegar primero al balón, mientras que el de azul, con su brazo derecho extendido a la altura del pecho de su contrincante, pretendía lo mismo que su rival. Sus rostros mostraban el esfuerzo que, cada uno, estaba haciendo para doblegar al otro. Un día, se me cayó de las manos la figura de porcelana, que adornaba la sala de estar de nuestra casa. El partido terminó en empate a cero.

LA COMPAÑERA SILENCIOSA

 Acostumbraba salir a caminar todas las noches. Le gustaba hacerlo solo, pero no sabía que siempre iba acompañado. Si él se detenía, ella se quedaba quieta. A veces iba un poco delante de él, otras a su lado, también atrás. En algunas oportunidades, se alargaba y en otras se encogía. También desaparecía o se multiplicaba. Lo mejor de todo era que no hablaba, iba siempre en silencio, lo cual a él le permitía escuchar el toc, toc de su bastón.

MEJOR CALLADO

 Ayer, dije algo que me pareció inteligente y me dijeron que era una tontería. Hoy, al expresar una tontera, me aplaudieron por el inteligente pensamiento. Mañana, para no equivocarme permaneceré en silencio.

MÁS VALE TARDE

 Estaba solo. Había perdido todo, su fortuna, su esposa, sus hijos, a todos sus amigos e incluso su vida, así que, cuando el cura esparcía agua bendita sobre su féretro, decidió suicidarse, y dejó de respirar por el resto de su vida.

PESADILLA

 Anoche tuve un sueño terrible, que bajo todos los estándares podría ser calificado como una pesadilla. Soñé que me asesinaban. Nunca me imaginé tanto odio. No sé cuantas veces enterró un cuchillo en mi cuerpo, no estaba en condiciones de contarlas, pero me mató bien muerto. Temprano en la mañana, todos los diarios digitales traían como noticia destacada, con grandes titulares, que había sido detenido y estaba confeso mi asesino. De inmediato envié una carta a los diarios, felicitando a la policía por haber resuelto ese crimen tan alevoso, antes que yo despertara.

 COMUNICADO

 En nombre de toda la nación y en el del gobierno que dirijo, lamentamos profundamente, el error involuntario cometido por nuestros agentes, que provocó el fallecimiento de 1.387 personas no involucradas en el conflicto. Enviamos nuestras más sinceras condolencias a los familiares de los fallecidos.

Nuestros aliados pueden estar tranquilos que estamos tomando todas las medidas y revisando nuestros procedimientos, para que errores de esta magnitud no vuelvan a ocurrir. El agente que confundió los valores de las coordenadas que, permitían dirigir el misil lanzado desde uno de nuestros navíos ubicados en el mar Mediterráneo, en contra de los enemigos de la humanidad que han ocasionado tantas muertes inocentes, ha sido dado de baja y estos antecedentes se incluirán en su hoja de servicio y formarán parte del respectivo sumario que se está realizando.

EL CANARIO Y EL GATO

 Habíamos preparado minuciosamente el viaje a Europa. Cuando estábamos en el aeropuerto pronto a embarcarnos, le dije a mi esposa, -dejé la puerta de la jaula abierta y el gato se puede comer al canario-. Ella, con la racionalidad que la caracteriza me responde, -no te preocupes, el canario y el gato saben convivir-. Cuando llegamos, después de haber estado 20 días fuera de nuestro hogar, el gato estaba dentro de la jaula, con la puerta abierta, comiendo alpiste, mientras el canario maullaba feliz por toda la casa.

 LA DIVINA COMEDIA

 Caminando con mi mujer, entrada ya la noche, de regreso a nuestro hotel después de haber cenado en una trattoria de Florencia un solomillo de ternera adobado a la Toscana,  acompañado de una generosa cantidad de vino Chianti, nos dimos de bruces con la casa de Dante Alighieri, cuya puerta de acceso estaba entreabierta. Decidimos entrar y nos encontramos con una escala, hecha de mármol, angosta, larga y escalones de altura irregular. No sin cierto temor y dificultad comenzamos a subir. Al llegar al segundo piso estaba, en una habitación no muy amplia, minimalista, el mismísimo Dante, sentado en un taburete frente a su escritorio escribiendo alumbrado, tan solo, por la luz de una vela. Sin desviar la mirada de lo que estaba haciendo, nos preguntó de que lugar veníamos, -de Chile-, le dijo mi mujer. -Que casualidad-, respondió él y añadió, -considerando que la obra por la cual soy conocido, la escribí hace tanto tiempo atrás, estoy rehaciendo el primer canto, y he tenido que incluir a varios, “ilustres personajes” (las comillas las puso él al hacer un gesto con sus dedos), con la misma nacionalidad de ustedes-. Si bien nosotros sospechábamos de ciertos nombres, de la historia reciente de Chile, el listado que él tenía era bastante más extenso que el nuestro, así que nos propusimos, una vez que regresáramos, estudiar la historia de nuestro país desde otra perspectiva y asumir los dolores que produce la pérdida de la inocencia. Como era 18 de septiembre, seguimos nuestro camino al hotel cantando: Ayúdeme usted compadre/Pa’ gritar un viva Chile!/ …No hay otra que se le iguale/Aunque la busquen con vela. La ropa sucia, y parece que había más de la que pensábamos, se lava en casa, y a falta de chicha, bueno es el chianti. ¡¡Salud!!

 CONVOCATORIA A MARCHA

 Por allá en el año 1984, tuve la osadía de enviar a una revista de circulación nacional la propuesta, que fue publicada como parte de su editorial, de cambiar el lema del escudo nacional, el que a mi juicio debía ser: “POR LA FUERZA DE LA RAZÓN” . Considerando que a la fecha, transcurridos más de 30 años, ningún gobierno ha hecho nada al respecto, cito para mañana a una gran marcha, por la Alameda, la que se llevará a cabo desde Plaza Italia hasta la Plaza de la Ciudadanía, cuyo eslogan será: “MÁS RAZÓN Y MENOS FUERZA”. Invito a todos los chilenos, independiente de su pensamiento político, religioso, inclinación sexual, también, a los extranjeros residentes, inmigrantes, minorías sociales y étnicas a manifestarse pacíficamente. Las autoridades nos han asegurado, que un contingente de las fuerzas especiales nos acompañará resguardando nuestra marcha y que repelerán, con toda su fuerza, cualquier intento de agresión que suframos.

 WALTER GARIB

 El siguiente texto, ha sido escrito por Walter Garib Chomali, escritor y periodista chileno, nacido el 18 de marzo de 1933, en Requínoa, en su obra, “Historias que caben en un dedal” .

MODESTIA DE AUTOR

Ante el numeroso público que asistía al lanzamiento de cuentos, uno de los incluidos manifestó:

-Impulsado por la modestia que caracteriza a todo creador, debo admitir que mi relato es el más débil de todos. Entre los cuentistas que me acompañan, están Giovanni Bocaccio, Jorge Luis Borges, Antón Chejov, Gabriel García Márquez, Guy de Maupassant, Geoffrey Chaucer, Julio Cortázar, Baldomero Lillo, Edgar Allan Poe y Walter Garib.

Considerando que el papel aguanta todo, he decidido agregarme al final de la lista, aunque más no sea para darme un gustito.

 ENCUENTRO CON WALTER GARIB

 Soñé que me encontraba con él en el café Tavelli del Drugstore. Había pagado su consumo y estaba por irse. No resistí la tentación de saludarlo, decirle que era un admirador suyo, que lamentaba que su obra no fuera más conocida en el país. Además le conté que había leído, “Historias que caben en un dedal” y que había bajado de su página web, “Funeral bajo la lluvia”. Lo felicité por su narrativa breve, en la cual no faltaba ni sobraba ninguna palabra, ningún adjetivo o sustantivo demás, que las descripciones eran precisas, sin excesos, que con dos o tres palabras uno podía imaginarse la escena o la situación particular. Él, me observaba atentamente, con mucha paciencia. Le pedí que, por favor, me relatara una historia que cupiera en una uña. La expresión de su rostro cambió al asombro. Cuando terminé mi perorata, pensó durante algunos segundos, con su mano izquierda acariciando su mentón y el codo apoyado en el antebrazo derecho. Después tomó una servilleta, la extendió sobre el libro que estaba leyendo y suavemente la acarició, como lo debe hacer todo escritor de verdad enfrentado a la página en blanco, pidiéndole, con ese gesto, que le permita, ser su amante y terminar con su virginidad. A continuación, introdujo la mano derecha en el bolsillo interior de su chaqueta y extrajo un bolígrafo, cuya tapa, lentamente, colocó en la parte de atrás del lápiz y con gran solemnidad, sin decirme nunca nada, escribió:

HOLA Y
Chao

Después de lo cual se fue, dejándome a mi pensando en qué habría querido decir.

 NEWTON Y YO

 Estaba sentado, bajo la sombra de un manzano, junto a Isaac Newton. Él me hablaba de temas mundanos, como la naturaleza de la luz y la óptica, cálculo matemático, mecánica clásica, el teorema del binomio, etc. De repente, a él le cae una manzana en su cabeza y al mismo tiempo, un pájaro, que estaba posado en una rama del manzano, dejó caer sus excrementos sobre la mía. Mientras a él, ese incidente, le permitió describir la ley de gravitación universal, yo, lo único que atiné a decir fue, “pájaro maricón”. Si la situación hubiera sido al revés, yo me habría comido la manzana y él hubiera descrito la ley de gravitación universal.

 ENCUENTRO

 Ayer, en la esquina de Providencia con Ricardo Lyon había, como siempre, una multitud de personas. Todas las personas con las que me crucé eran desconocidas. Parece que yo también lo era … Nadie me saludó.

ADÁN Y EVA

 Antes de abandonar el paraíso dejaron escrito en su muro, el siguiente mensaje: –“lo comido y lo bailado no nos lo quita nadie … chao nomás”-. Hasta la fecha, no ha habido otro mensaje con más “Me Gusta”, “Comentarios” y veces que se ha “Compartido”. Si hubiera habido “twitter”, sería el eterno “trending topic”.

 UNA DUDA

 Si El Creador es uno sólo, ¿por que algunos lo llaman Alá, otros Jehová o simplemente Dios?. Por tal confusión, hasta ahora, millones han muerto. ¿Se resolverá con misiles?.

UN AMIGO

 Me dijo que el tiene dos motivos por los cuales no madruga. Uno, porque es ateo y no tiene quien le ayude, y dos, cada vez que lo hizo, había amanecido, prácticamente, a la misma hora que la vez anterior.

 EL QUE A HIERRO MATA

 A hierro muera … en Punta Peuco.

 IGUALES ENTRE SI

 Las verdades y mentiras a medias, no son más que mentiras completas.

 INUTILIDAD

 Se preparó toda su vida para nadar hasta el horizonte y el día que inició su aventura se ahogó a orilla de playa.

AGUA QUE NO HAS DE BEBER

Guarda un poco para cuando tengas sed.

DESPUES DE MISA DE 12

En cuanto salí de la iglesia, una vez terminada la misa de 12 de ese domingo de abril, me llamó la atención. Estaba sentado en el banco de la plaza, que está cerca de la vara donde había atado su caballo, en actitud relajada como si estuviera esperando a alguien.

Pinta de huaso ladino tenía el hombre. Vestía pantalón azul oscuro, zapatos de color negro de media caña, camisa de franela y una chaqueta gruesa para protegerse del frío que ya se hacía presente en el mes de abril, anunciando un duro invierno. Cubría su cabeza con un sombrero de fieltro de ala ancha color negro, como los que usa mi padre cuando llueve.

Para ir a mi casa debía al salir de la iglesia, doblar a la izquierda y encaminarme a la calle que baja en el sentido de la Palma, alejándome de donde estaba él. En lugar de hacer eso, sin pensarlo, crucé la plaza y me dirigí hacia el camino que lleva a la Hacienda Lolol, lo cual me obligaba a pasar por delante del forastero. A medida que me acercaba, aumenté un poquito el normal movimiento cadencioso de mis caderas.

Cuando llegué frente a él, descubre su cabeza, dejando ver su pelo negro levemente rizado, y dice con voz de cantante de boleros, -¿me permitirá esta hermosa flor, que no se de que primavera huyó para alegrar el otoño, que la acompañe en su andar?-

Mi cuerpo entero se estremeció, mis mejillas, que son regordetas, ardían y me las imaginaba rojas cual granada.

Me detuve, y sosteniéndole la mirada, le pregunté,-¿y usted quien es?-

-A mi me llaman El Afuerino-, me contestó.

-¿Y hasta adonde me quiere acompañar?

-A una mujer, que me la imagino dulce y tierna como el primer amor, la acompaño por todo el camino que usted lo desee-, me respondió.

Y yo la tonta le creí. Me invitó a subirme a su caballo. Puse un pie en el estribo y afirmada de su brazo me subí al anca de su yegua baya. Él, la conducía con mano firme y rienda corta. Yo lo abrazaba por la cintura. Buen andar tenía el animal y al trote suave el pueblo de Lolol fue quedando atrás.

Cabalgamos hasta una loma, la del Roble Huacho, terrenos de mi padre.

Desde ahí se tiene una hermosa vista del paisaje típico de esta zona de Colchagua, de Chile central. Abajo, un estero que recorre plácidamente el valle. Terrenos recién arados esperando que caigan las primeras lluvias, para poder plantar las semillas de garbanzos, sandías, melones, choclos. Tanto al norte como al sur del valle, colinas de mediana altura corren paralelas al estero, enmarcándolo con los colores rojizos y amarillentos del otoño. De ahí en más, en ese mismo lugar construimos nuestro hogar…

Cinco años más tarde, al mediodía de un día de julio, sentada en el pescante de la carreta, con mis dos hijos al lado, llevaba a El Afuerino atrás. Las riendas sueltas en mis manos, le indicaban a la yegua baya que nos llevara, sin prisa, con paso lento de vuelta a Lolol.

Al llegar a la plaza, la yegua se detuvo. De la iglesia salieron en ese momento dos beatas vestidas de negro, que en cuanto me vieron se persignaron tres veces como si estuvieran viendo al diablo. Por respeto a mis hijos, solo pensé para mis adentros y no les grité, -viejas de mierda, que se han imaginado-.

Detrás de ellas salió el señor cura, se acercó y sin respetar mi dolor, me dijo, -Magdalena, ¿cuando volverás a misa y a confesarte?-.

Padre, le espeté, no he tenido tiempo para venir a misa. Tampoco lo tuvimos para casarnos por la iglesia y apuraditos lo hicimos por el civil, aprovechando la visita que nos hizo el Oficial del Registro Civil, mi tío, cuando nació el menor que ahora está a mi lado. Ese día, además de unirnos en matrimonio, por la leyes de este país, aprovechamos de inscribir a los dos críos y El Afuerino les dio su apellido. Es cierto que no hemos bautizados a los niños, eso lo decidirán ellos cuando tengan discernimiento, mientras tanto, yo los educaré para que libres puedan elegir su camino como hombres de bien.

En cuanto a los pecados, el único que recuerdo haber cometido, fue el de aquel domingo de abril en que yo, la tonta, a El Afuerino le creí que me iba a acompañar por todo mi camino. Con esto padre me doy por confesada.

Ahora disculpe usted, que en el cementerio me esperan mis parientes y nuestros amigos, porque El Afuerino, en tierras de Lolol, en paz descansará.

Adiós.

A LOLOL LOS BOLETOS

EL NOSTÁLGICO

más que noticias, recuerdos

A LOLOL LOS BOLETOS

EL NOSTÁLGICO, entrega, en exclusiva, el relato de una historia que contó un suscriptor, a quien conocemos desde hace muchos años. Él es un buen tipo, que duda cabe, lo cual no quita que a veces sus comentarios sean poco claros. A menudo se le puede encontrar sentado en una mecedora, con la mirada en el infinito y cuando uno le consulta qué está haciendo responde, –pensando-. Una vez le pregunté en qué estaba pensando, y me contestó, -en nada, esa es la mejor manera de pensar-.

En vista de esto, la veracidad de los hechos de este relato son de exclusiva responsabilidad de mi fuente de información, cuya identidad no puedo, ni debo, ni quiero revelar, aunque ello implique enfrentarme a la justicia. Si este fuera el caso, confío en la benevolencia del juez y que tenga presente la personalidad de este ser, que puede confundir realidad con ficción, especialmente si nos referimos a sucesos que ocurrieron a inicios de la década del 50 del siglo pasado. Además en su defensa, y también en la mía, alegaría que los recuerdos son delicados, frágiles y por más que uno los haya guardado con sumo cuidado en esa caja imaginaria de nuestra conciencia, al extraerlos de ella es fácil que se mezclen involuntariamente unos con otros, creando un caleidoscopio de situaciones, provocando que en la medida que avanzamos en un relato, vayan apareciendo colores de otras historias.

Por Francis Castle

A continuación la transcripción, prácticamente textual, del relato de nuestro lector. Tan sólo tiene pequeñas modificaciones, ya que he privilegiado su contenido en la forma y en el fondo. Aclaro que cualquier coincidencia de los hechos que se relatan con personas verdaderas no es casualidad.

-Niños, -mañana a Lolol los boletos-, nos dijo nuestra madre, aquel día 12 de enero del año 1953, cuando tenía 10 años y algunos meses de edad. Junto a mi hermano, dos y medio años menor que yo, saltamos de alegría y nos colgamos a su cuello, abrazándola y besándola.

-Inmediatamente nos pusimos con mi hermano a la tarea de ordenar nuestro equipaje, lo cual, considerando que la situación económica familiar era de escasos recursos, en concordancia a los de una profesora de educación básica, viuda y con dos hijos pequeños, nos demoramos muy poco tiempo en tener todo listo, sencillamente, no teníamos mucho donde escoger y poca ropa de repuesto. Más tiempo nos tomó decidir qué libros llevaríamos para entretenernos, en el largo viaje que implicaba en esos años ir hasta ese pueblo ubicado, en la provincia de Colchagua, a no más de 215 kilómetros al sur de Santiago.

-Temprano nos fuimos a acostar ese día, mientras nuestra madre se quedaba preparando lo que sería nuestra alimentación hasta llegar a Lolol.

-A las 6:30 de la mañana del día siguiente estábamos en pie para lavarnos y prepararnos para partir. En ese momento nos dimos cuenta que nuestro almuerzo del día sería la gallina castellana, que era la regalona de mi hermano, cuyas plumas estaban en el basurero al lado de la cocina. Una hora después salimos de la casa para tomar la micro hasta la Plaza Almagro, lugar de partida del bus a Santa Cruz.

-Mi madre, cargada con paquetes, bolsos y canasto con comida, parecía árbol de navidad, así que me dice, -hijo, tú responsabilidad es cuidar de tu hermano-. En ese momento lamenté, más que nunca, no ser grande y tener fuerza como para llevar yo todos los bolsos y dejar a mi madre que cuidara de él, siendo que era ella la que, refiriéndose a mi hermano, a menudo decía, -parece que este chiquillo tuviera pidulles, no se queda nunca quieto-.

-Dos boletos había comprado mi mamá, así que nos instalamos en un asiento los tres, peleándonos con mi hermano quien se sentaba al lado de la ventanilla. –Quince minutos cada uno- dijo mi madre. -¿Qué son 15 minutos?-, preguntó mi hermano, y yo le digo, mostrándole mi reloj, -mira, el bus partirá a las 9, en ese momento este puntero grande estará aquí en el 12, eso será dentro de 10 minutos, yo me siento primero al lado de la ventanilla, cuando este puntero grande llegue aquí al número 6, serán 15 minutos, después te toca a ti y cuando este mismo puntero llegue al número nueve, me vuelve a tocar a mi-. Antes que terminara de hablar, estaba recibiendo, de parte de mi vieja, el correspondiente coscorrón en la cabeza, y me dice, -nunca te aproveches de la ignorancia de una persona y menos de la de tu hermano-. Así que nos fuimos turnando cada quince minutos.

-A mediodía llegamos a Santa Cruz, nos instalamos en la plaza a esperar el bus que finalmente nos llevaría a Lolol. Teníamos un par de horas de espera, tiempo suficiente para almorzar, así que sentados en un banco de la plaza, mi madre abre el canasto y nos comienza a pasar las presas de la gallina castellana, media marraqueta y un huevo duro por cabeza. Para beber, leche de una botella de vidrio con tapa de cartón, que esta noble mujer había acarreado desde Santiago. Una vez que terminamos de comer, nos lavamos las manos y la cara en la pileta que estaba al centro de la plaza.

-Cuarenta kilómetros deben separar a Lolol de Santa Cruz. A la salida de esta ciudad comenzaba, en esos años, el camino de tierra, angosto, lleno de calamina, baches y bamboleo del bus.

-Al poco andar, se inicia la cuesta de La Lajuela. Por las noches la cruzaban bandoleros y rufianes, pistola y daga al cinto, llevando ganado robado o para ir a beber y divertirse donde el clandestino, que además de vino, chicha y charqui, tenía unas muchachas que atendían también a la policía.  El bus iba lleno, algunos pasajeros de pie. Lentamente vamos subiendo la cuesta, en cada curva el bus cruje entero y se ladea hacia el abismo. Va perdiendo fuerza, para poner primera prácticamente se debe detener, alguna mujeres gritan, otras rezan. Cacarean las gallinas que van en el techo, como pidiendo que les abran las puertas de los canastos, que saben volar y que este cuento no va con ellas. Mientras tanto, el cobrador recorre el bus cobrando el pasaje y diciendo, -no vaya a ser que nos caigamos al precipicio y alguno no pague y se vaya gratis al cielo o al infierno-. El bus se detiene, debe dejar pasar a una carreta, que tirada por bueyes baja la cuesta. Arriba en la cumbre, los artesanos exhiben los sombreros de teatina hechos a mano, y diviso un bonete parecido al que debería estar esperándome en la casa de los tíos.

-Entramos a Lolol, pasamos por el costado de la plaza y de la iglesia. Al pasar frente al retén de policía, doblamos a la derecha y después de recorrer tres cuadras largas, finalmente llegamos a la casa de nuestros anfitriones, el tío Nibaldo y su esposa, la tía Chela, hermana de mi padre ya fallecido, nos salen a recibir y a dar la bienvenida.

-Adentro mis dos primas, Anita y María Eugenia, nos saludan con abrazos y besos. Anita, que en esos años era mayor que yo, y que ahora me entero es menor (parece que hizo un viaje, a la velocidad de la luz, en una nave espacial a la constelación de Orión, por lo que al regresar a la Tierra llegó más joven que yo), me dice, -qué bueno que llegaste, en la noche nos juntaremos en el altillo, viene Mañungo el contador de historias, es viernes 13 con noche de luna llena, así que afírmate y que no te vaya a pasar lo mismo del año pasado-.

-Lo mío fueron sólo unas gotitas en el pantalón- le dije y agregué, -en cambio tú, saliste corriendo porque te estabas defecando de susto-.

-Bueno ya, no discutamos más y recuerda, nos acostamos vestidos y cuando escuchemos tres golpes bien seguidos en la ventana más dos separados, es la señal de Mañungo, vas tú, María Eugenia y yo, si tú quieres puedes invitar a tu hermano, siempre que confíes en él, aunque pienso que es muy chico, todavía cree en el Viejito Pascuero-.

-Claro que confío en mi hermano, yo le explico-, fue mi respuesta inmediata y enérgica. Lo que nunca le dije a mi prima es que, en ese instante, en forma brutal, me había enterado que el Viejo Pascuero no existía.

-La casa de los tíos era una típica casa de campo. Ubicada en un terreno de una hectárea y algo más de superficie, en el camino que va hacia la Palma, que corre de oriente a poniente. Cuatro escalones construidos sobre piedra, permitían acceder al corredor exterior de la casa. A continuación, hacia el poniente, se encontraba el acceso para los carruajes, las carretas de bueyes y los caballos. Le seguía la chacra que surtía de tomates, choclos, lechugas, ají, tomillo, cilantro, perejil, ajo, menta, poleo, matico, toronjil y otras cosas a la numerosa familia que era recibida en el verano. Más allá venía el sector de añosos, grandes y frondosos perales. Entre los perales y la pirca de adobe que delimitaba la propiedad con la calle, habían construido en madera un altillo, desde el cual se podía ver a las personas que circulaban, ya sea caminando, a caballo o en carruajes, o bien gritarles o lanzarles algún proyectil, que normalmente era una pera, sin que ellos nos vieran. Cuerdas y columpios colgaban de las ramas de los perales, conformando un lugar de entretención en el cual podíamos dar rienda suelta a nuestra imaginación, inventado juegos y aventuras.

-Desde el altillo, mirando hacia el norte y al otro lado de la calle, se encontraba una pirca ancha de piedra, después de la cual había un extenso terreno cubierto con espinos.

-Cerca de medianoche escuchamos los golpes en la ventana. Todos los primos dormíamos en la misma gran pieza en camarotes o camas individuales. En silencio nos levantamos, nos abrigamos y salimos sin hacer ruido.

-Era noche de luna llena, sin ni una nube en el cielo. La luminosidad de la luna provocaba claroscuros y los árboles y arbustos proyectaban sus sombras, las que variaban de formas al moverse sus ramas con la suave brisa que había esa noche de enero.

-Al cruzar la chacra, los tres espantapájaros que habían, nos saludaron e indicaron que iba a ser una noche de terror.

-Mañungo nos esperaba en el altillo, sentado, arropado en su manta de castilla, con un pitillo encendido entre los labios y su gata negra que descansaba sobre la pirca.

-En cuanto llegamos y después de saludarnos, Mañungo nos dice, -a sentarse niños y en silencio escuchen esta historia-.

-Los hermanos Cándido y Faustino, venían de Santa Cruz, tranquilamente montando sus caballos, era una noche como la de hoy, despejada con luna llena. Habían terminado de bajar La Lajuela, cuando, a orilla del camino, vieron a una mujer vestida de blanco que les rogó que la llevaran hasta la Hacienda de Lolol. Cándido la subió al anca de su animal y le preguntó a quien visitaría en ese lugar, a lo que ella contestó -a mi abuela Lastenia-. Cándido, con voz temblorosa, le dice que la tal señora había fallecido ese día y que ellos iban al funeral. La mujer, de un salto, se para sobre el anca del caballo y acercando su boca al cuello de Cándido, dice en voz alta, -para que mi abuela resucite debo llevar sangre caliente de tu corazón- y le entierra en el pecho un cuchillo. Faustino al ver esto, gira su caballo y parte a todo galope de vuelta a Santa Cruz, perdiéndose en la oscuridad de la noche. Poco rato después de este hecho, Luchín, el peón que trabaja en esta casa, la de don Nibaldo, regresaba a la suya con exceso de copas en el cuerpo, después de haber estado bebiendo en la taberna de Labraña, tropieza, a la entrada del cementerio, con el cuerpo de Cándido, destrozado y desmembrado por la acción de los carroñeros. Mira a su alrededor, ve a los muertos salir de sus tumbas y que comienzan a bailar. Se le pasa la borrachera y mientras corre despavorido hacia su hogar, seguido de los dos perros que lo acompañaban, Cabrón y Putamadre, jura y vuelve a jurar por su madre que nunca más volverá a beber. La gata negra que siempre anda conmigo, comenzó a engrifarse, desde el bosquete de espinos, que está ahí enfrente, una bandada de perdices despavoridas alzaron el vuelo. Cruzan la luna llena, extrañas imágenes de mujeres de negro cabalgando sobre unas escobas. Son las brujas de Lolol, que en ese bosquete de espinos, se reúnen para dar inicio a su viaje al aquelarre que todos los viernes se realiza en Vichuquén. Fue en una de esas noches qué Lionso, cuando tenía la edad de este pendejo (señalando a mi hermano que ni saliva podía tragar), al escuchar ruido se acercó para ver que pasaba. Las brujas de Lolol, para castigar la curiosidad de Lionso le arrancaron los ojos y por eso que el pobre hombre vaga por las calles del pueblo pidiendo que lo ayuden y que le den comida.

-A lo lejos, comenzó a cantar un gallo que se había desvelado, anunciando con mucha anticipación el amanecer de un nuevo día y que era hora de ir a dormir. Mañungo, saltó sobre su caballo, que lo había dejado amarrado en la corta vara que había para esos propósitos cerca del altillo, y desapareció en la noche con su gata negra sentada en su hombro izquierdo.

-De regreso a la casa, íbamos los cuatro bien abrazados protegiéndonos unos con otros. Los perros aullaban, enceguecidos por la luz de la luna. Mi hermano, que tiritaba de miedo y tenía los ojos tan abiertos que no se le veía ni la nariz ni la boca, en un susurro me decía, -no vengo nunca más a esta “huea”-. María Eugenia, de puro nervio, seguía comiéndose las uñas que ya no tenía. Por su parte Anita, apretaba con tanta fuerza mi brazo, que impedía la circulación de sangre y se me estaba poniendo morado, mientras que del puro susto, mis testículos, se peleaban con las amígdalas un espacio en mi garganta. Al cruzar la chacra, los tres espantapájaros se estaban riendo de nosotros y nos decían adiós agitando sus sombreros.

EL NOSTÁLGICO, para verificar la verdad de lo relatado por nuestro suscriptor, se reunió con María Eugenia, quien contó que no tenía recuerdos de los sucesos que narra su primo, y agregó que nunca se ha comido las uñas. Por su parte, Anita señaló, -se sabe que una noche Luchín tuvo una experiencia muy fuerte, por lo cual nunca más ingirió licor. La última vez que lo vimos fue para el funeral de la menor de las hermanas de mi mamá, vestía terno, camisa y corbata. Además, había cambiado las ojotas por zapatos negros de buen andar-. Y continúa diciendo que, -Mañungo, al que le gustaba contar historias y don Lionso existieron, éste último era ciego, y de mano suelta. Una vez mi mamá le ayudó a cruzar la calle y don Lionso le pasaba la mano por la espalda y le decía, -debe ser usted muy buenamoza, aunque mucho hueso y poca carne tiene-. Por último agregó, un tanto molesta, que nunca se ha quitado la edad y que está orgullosa de ser la mayor de los primos.

El hermano de mi conocido, aportó más información. Me confirmó que hicieron junto a su madre varios viajes a Lolol. No recordaba nada del tema de la gallina castellana, y en relación a esa noche de cuentos en el altillo, aseguró que nunca estuvo en ella. Lo que sí recuerda, y tiene muy presente, es que hubo una oportunidad en que llegaron a Lolol y al día siguiente su hermano, amaneció empapado en sudor y con 40 grados de temperatura, por lo cual estuvo una semana en cama hasta que se le pasó la fiebre.

Esto es lo que nuestro curioso lector me relató y la información adicional que he recabado. No he podido hablar con él nuevamente, ha vuelto a su estado de meditación profunda.

Juzguen ustedes mismos la veracidad de los hechos narrados y saquen sus propias conclusiones.

En lo que a mi respecta, en este viaje a los recuerdos, una vez más concuerdo con Segismundo (1) cuando dice:

“¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son”.

 (1) Personaje central de la obra “La Vida es Sueño” de Calderón de La Barca

DE TODO UN POCO

LES INFORMO QUE

Anoche, antes de dormirme leí algunos cuentos del noruego, Kjell Askildsen, gran escritor de la narrativa breve. En uno de sus relatos, el personaje central, extrañado se pregunta, no saber por que aún no ha muerto y se responde -“como no tengo razón para vivir, tampoco la tengo para morir”-.

Hoy, al despertarme tuve la convicción de que voy a morir. Son tantos los motivos que tengo para vivir que, les informo, voy a morir.

Eso sí, no sé cuando, además, desconozco si existe una relación entre la cantidad de motivos por los cuales vivir y la fecha de la muerte. En otras palabras a mayor cantidad de motivos para vivir, ¿más pronta será la fecha en que moriré? Si fuera ese el caso, tendría que priorizar. Difícil decisión.

Hablé, por teléfono, con el siquiatra y cuando le plantee el problema me dijo que fuera mañana a primera hora a la consulta y que por ningún motivo dejara de ir.  Además me preguntó si estaba tomando todos los medicamentos. Me extrañó tanta insistencia.

 

MAX, EL NIETO MENOR

De tan sólo cuatro años de edad, le pregunta a su madre -¿quién crees tú que es mi niña preferida?-. Mi nuera, le nombra a varias compañeras del jardín, a las que él, a todas, dice no. Max, le ayuda a su madre: –te voy a decir la primera letra- y agrega, .

 

ALMUERZO FAMILIAR

Por casualidad, todos los nietos estaban en la ciudad. Que emoción -dijo mi esposa. Los invitamos a almorzar a todos, solos, sin sus padres, teníamos que aprovechar esta oportunidad.

Durante el almuerzo ellos se rieron mucho, a pesar que no intercambiaron palabras.

Cada uno estaba en distintos grupos de WhatsApp.

Antes de despedirse, acuerdan crear el grupo Los Primos para estar informados de sus vidas.

 

RASCARSE CON SUS PROPIAS UÑAS

Esa es la consigna actual. Así que he decidido no cortármelas más.  En algún momento podría tener la necesidad de rascarme alguna parte del cuerpo, que con las uñas cortas no alcance a llegar.

 

SOLIDARIDAD

Dijo, -pobre perrito, ¿estará perdido?-, sin prestarle atención al indigente que, en el suelo, dormía al lado de él.

 

LA NUEVA CONSTITUCIÓN

Tuve la oportunidad de participar en uno de los Encuentros Locales para la Constitución. Fue una grata experiencia. Un baño exquisito de democracia, tolerancia y respeto.

Cuando llegamos al tema de los Derechos que, en opinión de cada uno, debía contener la nueva Constitución, la discusión fue extensa. El primer listado contenía muchos conceptos, los que poco a poco, a medida que transcurría la conversación disminuyeron hasta llegar a un consenso.

Cuando se estaba dando por terminado este tema, pido la palabra y manifiesto que, en virtud que el sistema permite incluir otros conceptos no incluidos en la guía de trabajo, respetuosamente solicito que se agregue un derecho adicional, del cual, a mi juicio, no se puede prescindir y que debe estar consagrado en la nueva Constitución, me refiero a:

“El Derecho a Soñar”

 

JOSEFINA

Es una de nuestras nietas. Por sus venas corre a raudales el arte y la imaginación. Lo suyo es la pintura, ahí muestra sus sentimientos, la preocupación por la naturaleza o situaciones de su vida diaria.

También es pilla, pícara, vivaracha. Si hace algo y después se da cuenta que era un acto indebido, por el cual la podrían retar, trata de salir del paso con argucias.

Tenía algo más de dos años, recién comenzaba a hablar y expresarse. Con el ceño fruncido, rostro serio, enojada, molesta va a buscar a mi mujer, la toma de la mano y la conduce hasta el living para mostrarle todo lo rayado, con pasta azul, que estaba en la parte de atrás de uno de los sillones y con balbuceos, gestos, movimientos de sus manos y medias palabras, muestra toda su indignación por tal fechoría.

La pintura en sus manos la delataban.

 

UN ANCIANO EN EL METRO

Iba sentado enfrentando la puerta de acceso al vagón, las manos descansaban sobre sus muslos. En una de las estaciones sube al Metro una muchacha buenamoza, linda figura, bonitas piernas que lucía con generosidad. El anciano la mira y le sonríe. La muchacha se indigna y comienza a gritarle al anciano, -Viejo grosero ¿me estás indicando que me siente en tus piernas?, ¿no te da vergüenza?. Otra señora exclama, -a mi me hizo lo mismo- y otra que estaba más lejos, grita –a mi también-.

El pobre anciano, atemorizado y triste se baja en la siguiente estación. Cuando lo ven caminando por el andén, alguien en voz alta dice ¡parece que sufre del mal de Parkinson!.

 

ME RUBORIZO

 A menudo, especialmente cuando me mira una mujer. Ayer, sin ir más lejos, subo al Metro y la veo, preciosa. Nuestras miradas se cruzan y me hace un gesto para que me acerque a ella, comienzo a sonrojarme. Cuando estoy a su lado, se pone de pie y me dice –abuelo, por favor tome asiento-, ahí sí que me puse colorado.

 

SINCERIDAD

 Acompañado de una nieta de seis años, entro a una tienda de deportes. Necesitaba comprarme un casco para andar en bicicleta. Me pruebo uno, me miro al espejo y le pregunto a mi nieta, –Vic., ¿cómo me veo?-. Ella responde sin titubear, -RIDÍCULO.

 

LA CITA

Tenía 92 años y los llevaba bastante bien. El principal problema era con la memoria, así que tenía su rutina y trataba de no salirse de ella. Mira el reloj, son las 19:50 horas, de un día cualquiera, en alguna de las cuatro estaciones del año. Faltan sólo 10 minutos para la cita diaria. Aumentan las pulsaciones, se levanta de la poltrona que normalmente ocupa en su pieza y comienza a acicalarse, se lava las manos, los dientes, arreglarse los cuatro pelos no le toma mucho tiempo, pero eso sí, hay que ponerse unas gotitas de colonia Monix. El espejo le devuelve una imagen satisfactoria. Va a la cocina, toma una serie de frascos más una cuchara y se encamina al dormitorio de su mujer, la misma de hace 65 años atrás. Amor, ¿eres tú?. Si amor, soy yo. Que bueno que viniste, te extraño mucho, ¿estoy muy fea?. No amor, hermosa como siempre. Adulador como el primer día. Pero a ti te agradaba. Sí, más me gustó el primer beso. ¿Solo el beso?. Bandido, ¿todavía te acuerdas?. De eso sí, pero no de lo que hice ayer, ahora a tomarse los remedios. Bueno, viejo mandón. Ahora dame un beso y nos vemos mañana. Tú me verás, yo tan sólo te escucharé. Buenas noches amor. Adiós amor, hasta mañana, no olvides que tenemos una cita.  Amor, no me olvidaré, la tengo anotada.