Los 10K

El inicio

Una amiga muy querida me contaba que acostumbraba ir con su abuelo todos los domingos a misa de doce a la Catedral de Santiago. Ella se tomaba del brazo de él y caminaban a paso lento el kilómetro y medio entre su hogar y la iglesia. La rutina se terminó cuando mi amiga se casó. A sus ochenta años lo recuerda con cariño, nostalgia y alegría.

Desde hace cinco años con mi hija Maricarmen, tenemos la costumbre de juntarnos los domingos.

Al principio salíamos en bicicleta y lo cambiamos por caminatas, que nos permite conversar durante sesenta, setenta o noventa minutos cada vez. Terminamos nuestro encuentro compartiendo otra hora, mientras consumimos un café cortado sin lactosa y dos medias lunas, normalmente en el mismo negocio. Caminar por caminar, eso es lo nuestro, recorrer las calles que los domingos están cerradas para vehículos y ver a las personas, familias, niños y niñas circulando alegres, escuchar sus comentarios, fotografiar un mural o algo escrito en una pared es vivir la ciudad. Es nuestro ritual, nuestra ida a misa. Es, el regalo que nos hacemos y para mi, un privilegio el contar con ese tiempo en compañía de mi hija

En la navidad del año 2019, Maricarmen me regaló la inscripción para participar, junto a ella, en los 10K de la Maratón de Santiago 2020 a realizarse el 19 de abril de ese año.

—¿Corriendo?, le pregunté

—No, caminando fue su respuesta y respiré aliviado, porque correr no es lo mío.

Entonces, mientras todos van trotando nosotros iríamos caminando rápido, tan rápido que lleguemos a la meta antes que se cierre la carrera. Lo más probable es que seamos los últimos en cruzarla, eso no nos preocupa, igual seremos felices de haber realizado juntos lo que nos propusimos.

Un virus, COVID 19, trastocó todos los planes en el planeta y lamentablemente millones de personas han fallecidos a causa de esta pandemia. Que se postergara indefinidamente el Maratón de Santiago era lo de menos. Con Maricarmen aprovechamos todas las oportunidades y resquicios que tuvimos, durante los largos y agotadores periodos de enclaustramiento, en estos dos años, para juntarnos y caminar aunque mas no fuera treinta minutos. En cuanto se normalizó algo la situación sanitaria, volvimos a nuestras caminatas dominicales para hablar de la vida; política; familia; trabajo; libros; del infaltable café sin lactosa con medias lunas y especialmente de la alegría del encuentro, más la esperanza del reencuentro del siguiente domingo.

El 24 de mayo del 2021, el Maratón de Santiago 2020 anunció que el evento sería el 8 de mayo del 2022; teníamos un año para prepararnos, así que lo tomamos con calma, cualquier cosa podía pasar, mal que mal el nivel de incertidumbre ha ido en aumento y hacer planes a tan largo plazo no tenía sentido. El 6 de abril del presente, las redes sociales explotaron señalando que: “Después de dos años vuelve el Maratón de Santiago, que tendrá partida y meta en el Parque O’Higgins, confirmado para el próximo 8 de mayo”. Que buena noticia. El hecho trae consigo que finalmente estamos dejando atrás, ojalá, la pesadilla del COVID.

Treinta mil personas participarán en este evento. Todos se están preparando para estar en el punto de partida y recorrer en el menor tiempo la distancia en la que están inscritos. Diez mil trescientas de ellas, más mujeres que varones, recorrerán los 10K. Junto a mi hija,  caminaremos esta distancia y seremos parte de una fiesta popular y democrática.

Objetivo y preparación

Buena caminata, buen cansancio. Así que poco a poco comenzamos a extender los recorridos y apurar el paso para lograr nuestro objetivo: hacer nuestros 10K a un promedio de 9,5 min/km, idealmente a 9,0 min/km. Serán noventa y cinco minutos de caminata sin parar. No tendremos el semáforo en rojo que nos dará algunas segundos de descanso.

En nuestra preparación hemos inventado recorridos y descubierto nuevos senderos en el San Cristóbal —que los domingos se llena de gente caminando, trotando o en bicicleta—, donde se escuchan los distintos acentos que hoy pueblan nuestro país.

Durante la semana, cada uno a lo suyo, tratando de agregarle kilómetros a las piernas: caminando, usando la trotadora, la bicicleta estática, todo ayuda.

El viernes 15 de abril haremos los 10K que contempla la maratón. Ahí veremos nuestra realidad. Y la conclusión es que podemos cumplir con nuestro objetivo, siempre que logremos compaginar dos cosas: concentración en no perder el ritmo, —especialmente en los últimos dos kilómetros—, y disfrutar el ambiente que se vive y sorprende en eventos multitudinarios.

La previa

El jueves 5 de mayo retiramos los kit correspondiente en la Expo Runner. La fiesta fue en la estación Mapocho. Se sentía la alegría, ansiedad y el deseo de que el tiempo pasara rápido para que fuera domingo.

Para alegría de Maricarmen, la primera ola de largada —en la cual estábamos inscritos— de los 10K sería a las 10 a.m. En cambio la de los 21K era a las 7:40.

Planificamos lo que pensábamos eran todos los detalles: la hora a la que mi hija me pasaría a buscar, el lugar de encuentro y donde dejaríamos estacionado el auto para seguir en el Metro y llegar al Parque O’Higgins a las 9:00 a.m.  

La principal duda era el clima. El pronóstico indicaba frío. Ponerse dos o tres capas delgadas de ropa. Que tipo de pantalones. Mal que mal debíamos esperar una hora para el momento de partida.

Y antes de irse a dormir dejar lista la ropa que se usará el día tan esperado. Colocar la alarma del despertador a las 6:45 y no sé para que si igual me voy a despertar temprano.

Y al fin llegó el día

Y todo lo planificado no sirvió. Hacía más frío de lo que indicaban los distintos pronósticos. Pero lo peor fue que la congestión vehicular y la cantidad de calles, por las cuales no podían transitar vehículos era de tal magnitud que toda nuestra programación de encuentro no sirvió de nada, y sobre la marcha tuvimos que rehacer todo. Finalmente logramos llegar al Parque O’Higgins, con el tiempo suficiente para instalarnos en el encajonamiento que nos correspondía y comenzar a disfrutar la alegría de un encuentro ciudadano exento de violencia.

A las 10:00 en punto se dio la largada y comenzamos a caminar y disfrutar el apoyo de la gente que nos animaba a orillas del recorrido. Ver a las parejas corriendo y empujando un coche en el que los acompañaba su hijo/a. Caminar y animar a los que iban más lento que nosotros.

—¿Cómo vas hija?

—Bien

—¿Puedes apurar un poco más?

—Sí

Uno a uno fueron pasando los kilómetros y después de 1hora:28minutos:47segundos recorrimos los 10 Km, a un ritmo de 8:53 min/km.

¡Lo logramos con creces! Pero sobre todo, guardamos este recuerdo de haber recorrido juntos  la Maratón de Santiago 2022.

Y esperamos ir por más.

El próximo domingo nos juntaremos para caminar, compartir un café cortado sin lactosa y dos medias lunas.

Only you

I

Había llegado dos semana atrás —a mediados de octubre cuando la primavera invitaba a usar menos ropa—, a la casa vecina de las cuatro hermanas Cepeda, cuyos padres se sentían más tranquilos prestando —los sábados al atardecer— la sala de estar y comedor para los malones que armábamos en aquellos años de los 50 y 60.

De piel morena clara, pelo negro y ojos cafés almendrados podría decirse que era una muchacha bonita. No, era muy bonita, preciosa a mis ojos.

Isolda me dijo que se llamaba cuando iniciamos nuestra primera conversación, mientras las parejas se movían —mostrando sus habilidades, coordinación, las risas al perder el ritmo— a los sones alegres y en la voz de Bill Haley de “Rock around the clock”.

—Que lindo tu nombre, apuesto que tu mamá se llama igual.

—Mi padre, es profesor de Castellano fanático de Óscar Castro. El tema de su tesis de grado fue sobre ese poeta. Así que perdiste.

—Aaaah, ¿Y? ¿Cuál es la relación?

—Isolda es el seudónimo que usaba la esposa de Óscar Castro para publicar sus poemas. Por eso mi nombre. ¿Te gusta leer poesía?

—No mucho, me cuesta entender tanta metáfora, voy más por el lado de las matemáticas, la física. Quiero estudiar ingeniería, si es que me da el cuero.

—Yo también —y agregó— no pongas esa cara de extrañeza. Para que sepas, además me gusta jugar ajedrez, mi mamá es profesora de matemáticas y ella me enseñó este juego; tengo la suerte de contar con la influencia de ellos. De ti depende tu futuro.

—No siempre, a veces…

Comensaban a sonar los acordes… Only you, can make all this world seem right/ Only you, can make the darkness bright.

¿Bailemos? Me dijo

No solo me sorprendió, también comenzaron a temblarme las cañuelas. No podía creer lo que me estaba pasando. Yo que siempre pensaba que era transparente, que nadie se fijaba en mi, me estaba pidiendo ella que bailáramos, siendo que debería haberlo hecho yo.

La tomé de la cintura, tratando de cubrirla por completo. Only you, and you alone, can thrill me like you do. Poco a poco nos fuimos acercando. And fill my heart with love for only you/ A-ha. Sentí sus pechos, y junto a su perfume no sabía donde estaba. Only you, can make all this change in me. Alguien apagó la luz. For it’s true, you are my destiny. Me estás apretando mucho, suéltame un poco.  When you hold my hand, I understand. Besé su mejilla, sus labios y en mi cuerpo comenzaron a pasar cosas especiales que no controlaba. The magic that you do. Sentí que me desmayaba, por suerte logré apoyar mi espalda contra la pared. Detuvimos nuestro baile y yo escuchaba solo su respiración y sentía su cuerpo pegado al mío. You’re my dream come true/ … / My one and only you/ One and only you. Cuando encendieron la luz, nos miramos y sonreimos. Para los dos había sido un momento mágico.

El lunes a primera hora teníamos Castellano —no había peor manera de iniciar la semana—. Cuando Ibarra, el profesor, dijo que hablaría de Óscar Castro retrocedí en el tiempo, y no volví hasta que percibí su presencia y escuché que me decía:

 —Muñoz ¿en que universo está usted? Le he preguntado tres veces quién es Isolda y no dice nada —he hizo la pregunta fatal—, ¿está enamorado?

—Sí señor, no,no señor —y las carcajadas estallaron en mis oídos—.  

—¿Puedo saber en que o quien estaba usted pensando?

—En Isolda señor —y las carcajadas, el zapateo y golpeteo en los pupitres de mis compañeros era tan fuerte, que hasta la Inspectora General, —que tenía su oficina contigua a nuestra sala—, se apareció para averiguar la causa  del bullicio.

Me expulsaron de la clase por burlarme del profesor, y constaté, en mi propia esencia, lo que es la injusticia del poder irracional.

Los progenitores de Isolda eran miembros activos del Partido Comunista y ella sabía mucho de política —y no podía ser de otra forma—; era el tema principal de conversación en esa casa. Las pocas veces que conversé con don Sergio, su padre, de lo único que hablé, mejor dicho escuché, fue de política y me pareció una forma de evangelización, similar a la que años antes habían intentado conmigo los curas.

Fueron meses especiales en mi vida. A menudo nos juntábamos con Isolda a “jugar ajedrez”, por lo general en aquellos días y horas que sus padres estaban en las reuniones del Partido. Lo normal era que antes de la décima jugada, las piezas y el tablero estaban repartidas por el suelo y nosotros, bueno nosotros, disfrutando y expresando nuestros sentimientos.  

El amor juvenil y los estudios no siempre son compatibles. Afortunadamente tuve el apoyo incondicional y generoso de Afrodita, Venus y otras diosas como la azteca Xochiquetzal que se unieron para ayudarme y con lo justo entré a estudiar a la Universidad Técnica del Estado, UTE.

Mi padre quedó cesante, nos mudarnos a un barrio más humilde. La Universidad estaba a distancia de bicicleta, lo que me permitía ahorrar tiempo, gastos de locomoción y alimentación.

 

II

Hermosa la vida universitaria. Todos éramos iguales. Sobresalía el más capaz, cierto que algunos tenían la vida más fácil que otros. Existía el compañerismo. En los grupos de estudio no se preguntaba de donde uno venía, la democracia era real. A pesar de las diferencias, teníamos luchas comunes demandando que el gobierno aumentara los recursos para mejorar los sueldos de los profesores, las becas y otras necesidades. Íbamos a la Peña de los Parra a escuchar cantar a Víctor Jara, Patricio Manns, ocasionalmente se veía a la Violeta cargando, su guitarra, la tristeza, la dignidad y rebeldía de su canto: “Que vivan los estudiantes”, “Arauco tiene una pena”, “Arriba quemando el sol”, “La carta”, nos mostraban la injusticia, la desigualdad y el canto se transformó en protesta social. También íbamos al Estadio, —juntos los de la “U”, del Colo o “UC”— , e igual de vez en cuando no faltaba la pichanga de baby. Pero la prioridad era estudiar y estudiar para no perder las becas que tenía, sin las cuales hubiera tenido que abandonar la Universidad.

Así, me fui alejando de mi antiguo barrio que estaba a horas en micro. Usando palabras de don Atahualpa de su canto “Recuerdos del Portezuelo”: “de vez en cuando me arrinconaba a pensar en Isolda; con quien jugará ajedrez me preguntaba y sentía un dulzor amargo cuando me acordaba”.

El 4 de septiembre de 1964 se eligió presidente a Eduardo Frei Montalba. Lo apoyó la derecha, no por convicción, lo hizo eligiendo el mal menor asustada del eventual triunfo de Salvador Allende que se vislumbró con el llamado “Naranjazo”. Dejaron votado a Durán, su candidato; años después, a otros tanto les pasaría lo mismo, es el pragmatismo del miedo. Frei representaba la opción intermedia, entre capitalismo y socialismo. Se inició la Reforma Agraria de verdad, el gobierno anterior —el de Jorge Alessandri Rodriguez— implementó una tan básica que no cambiaba nada, se decía que era de “macetero”. Ahora se tocaba al latifundista y eso era peligroso; “la tierra es del que la trabaja” era la consigna de la izquierda.

Y así, poco a poco caminábamos hacia una sociedad más justa, también más polarizada.

Nos acercábamos al año 1970 y la efervescencia política iba en aumento. El partido comunista tomaba el control de la Federación de estudiantes de la UTE, terminando con la hegemonía de los demócratas cristianos. Elegíamos, en votación del claustro pleno de la Universidad como rector de la UTE, a Enrique Kirberg, comunista.

Isolda iba quedando cada vez más y más abajo en los recuerdos, pero nunca pasó al olvido. Imposible.

 

III

“Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores”, fueron las primeras palabras que dijo Salvador Allende Gossens, en la madrugada del 5 de septiembre de 1970, desde los balcones de la Federación de Estudiantes de la Unversidad de Chile. Con el 36,2% de los votos, Allende había logrado la mayoría relativa frente a dos potentes contrictantes. Su nombramiento como presidente quedaba supeditado a lo que —el 24 de octubre— decidiera el Congreso, que debía elegir entre él y Jorge Alessandri Rodriguez. La tradición era que se nombrara al que obtenía más votos y así lo había afirmado Alessandri durante la campaña.

Ahí estaba, seguro que era ella. Con dificultad me fui moviendo entre la masa de gente que se había juntado para aplaudir, escuchar y demostrarle a Allende su cariño. Gritos, aplausos, y yo sin perderla de vista me acercaba a ella. La veía alegre, saltando, levantando su brazo izquierdo, cantando, bailando; es que la alegría de todos era inmensa, por tantos años esperando un momento como este.

Era ella, el mismo físico, la misma melena negra. Se da vuelta para disculparse por el golpe que me había dado y queda quieta, ya no salta y exclama ¡Hugo! Y abrazados escuchamos el resto del discurso de Allende.

Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos…”.

Vámonos al departamento, que comparto con una amiga, a escuchar “Only you” y jugar ajedrez —me dijo al oído, después me contó que sus padres se habían trasladado a  trabajar al colegio de Chuquicamata—.

Con los años he llegado a la conclusión que el 22 de octubre, —fecha en que la extrema derecha le dispara al general Schneider, Comandante en Jefe del Ejército de Chile—, fue el día que se pudrió todo en Chile. El todo vale en la consecución de los objetivos políticos se hizo carne en nuestra sociedad. La derecha no permitiría que Allende implantara su programa; tampoco Estados Unidos que solapadamente estaba detrás de esta, aportando ingentes cantidades de dólares para apoyar todo acto contra el gobierno.

La guerra política estaba declarada. Así, entre tomas de fábricas, paro de camioneros, mercado negro por desabastecimiento de artículos esenciales, provocado por los comerciantes, transcurría el año 1972.

En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, los partidos de derecha junto a la democracia cristiana pretendía obtener 2/3 de los Senadores para destituir al Presidente. La coalición de gobierno obtuvo mas votos de los que había logrado Allende, y la oposicíón vio frustrada la posibilidad democrática para hacerlo. Solo les quedaba la fuerza; la razón la habían perdido en las urnas. “No veo porque tenemos que quedarnos sentados a esperar viendo cómo un país se vuelve comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo” fueron palabras dichas por Henry Kissinger en la Casa Blanca.

La relación con Isolda ya no era igual. La magia había quedado por ahí, nunca supimos donde la habíamos perdido, a lo mejor en la lucha y marchas callejeras a las que solo a veces yo asistía. A lo mejor porque sus convicciones eran más fuerte que las mías… ya no importa. Decidimos que cada uno siguiera su ruta; la de ella el partido, la defensa del gobierno, asistir a las clases de ingeniería en la Chile cuando podía; el mío: terminar mis estudios, la tesis, encontrar trabajo y tratar de irme a estudiar al extranjero.

Vi por televisión lo que nunca imaginé que podía ocurrir en Chile: el bombardeo y destrucción de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. ¡Que horror! A ese horror le siguieron otros, y otros durante 17 años.

El nombre del padre de Isolda apareció en uno de los bandos, que una voz terrorífica leía por radio. Ella fue detenida, torturada y vejada, —al igual que muchos y cuantos más que fueron asesinados o que aún no se sabe donde están—. Salió exiliada, eso o la cárcel, sin cargos, sin un juicio con jueces independientes y abogado defensor. Su pasaporte fue marcado con la fatídica letra L.  Nunca supe que país la recibió y no hice nada por encontrarla. Tal vez está en Chile. A lo mejor…

Terminé mis estudios, hice la tesis, encontré trabajo y nunca me fui a estudiar al extranjero.

De vez en cuando aún me arrincono a pensar en Isolda y, al escuchar “Only you”, siento un sabor amargo porque estoy en deuda con ella.

DECLARACIÓN DE PROFESIONALES DE LA INGENIERÍA POR EL APRUEBO

Nosotras y nosotros, más de 500 profesionales de las distintas áreas de la ingeniería, de diferentes Universidades y generaciones, que aspiramos a un Chile más justo y solidario, comprometidos con su desarrollo sostenible medioambientalmente, y con igualdad de oportunidad para todas y todos sus habitantes, expresamos nuestra posición respecto a la propuesta de texto de nueva constitución que será plebiscitado democráticamente el próximo 4 de septiembre de 2022.

Este nuevo texto constitucional nos interpreta en lo esencial al declarar que: “Chile es un Estado social y democrático de derecho, es plurinacional, intercultural regional y ecológico” que “Se constituye como una república solidaria, con una democracia inclusiva y paritaria, en que se reconoce como valores intrínsecos e irrenunciables la dignidad, la libertad, la igualdad sustantiva de los seres humanos y de su relación indisoluble con la naturaleza”.

Asimismo, como profesionales de la Ingeniería, hacemos nuestro el texto constitucional en su artículo N.o 97 de los Derechos Fundamentales que expresa: “Es deber del Estado estimular, promover y fortalecer el desarrollo de la investigación científica y tecnológica en todas las áreas del conocimiento, contribuyendo así al enriquecimiento sociocultural del país y al mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes”.

Tenemos la convicción que el contenido esencial del nuevo texto constitucional recoge los anhelos más sentidos de chilenas y chilenos y que interpreta lo que la inmensa mayoría expresó el 25 de octubre de 2020, al pronunciarse por disponer de una nueva Constitución surgida en democracia y elaborada en su totalidad por convencionales elegidos en forma directa y democrática con este propósito.

Destacamos el hecho de que el nuevo texto constitucional, cambia el eje desde un Estado subsidiario que es la esencia de la Constitución del 80 que ha exacerbado la desigualdad favoreciendo a una minoría y que se mantendría con el Rechazo, hacia un Estado donde se reconocen y garantizan derechos sociales fundamentales y la protección del medioambiente. Su descripción y alcances generan una nueva visión y orientación para el desarrollo de nuestro país, en que el acceso a la educación, la salud y la seguridad social estarán garantizados para todos, sin importar su condición social y económica, además de un conjunto amplio de nuevos derechos y garantías que se deberán ir implementando en forma progresiva y que serán el norte que guíe el accionar de futuros gobiernos, tanto a nivel nacional, regional y comunal.

Estamos conscientes que, como toda obra humana, el texto de la propuesta de nueva Constitución no es perfecta y que, en el proceso democrático de implementación, se podrá ir incorporando mejoras que el mismo texto constitucional permite, no solo por decisión de las autoridades y representantes electos, sino por iniciativas de la propia ciudadanía que tendrá un rol preponderante en los cambios que son posibles a través de una nueva Constitución.

Para lograr estos cambios y ante la coyuntura histórica de transformación social, expresamos nuestra profunda convicción de votar APRUEBO, y hacemos un llamado a todo el pueblo de Chile a votar por el Apruebo sin miedo, con claridad y convicción, para tener nueva Constitución nacida en democracia, moderna, inclusiva, equilibrante, humana y digna. Consideramos que es la mejor alternativa para el futuro del país, para las niñas y niños, para la juventud, para los adultos mayores, por un Chile inclusivo, paritario y respetuoso con el medio ambiente y que permitirá un desarrollo armónico del extenso territorio del país en toda su rica diversidad.

 

APROBAMOS POR CHILE Y SU FUTURO

Hoy, 2 de agosto ya somos más de 600 y creciendo.

 

Nota: Debido a su extensión, omito el listado de profesionales que han firmado esta declaración.

La casa de todos o la casa común

De lo que leído, entiendo por una Constitución a la norma fundamental de carácter estructural que permite organizar un Estado, siendo la guía que orienta su gobernación. Su importancia y utilidad deriva del hecho que ella da cuenta de un conjunto de principios, valores y reglas sobre el modo de ser y de querer ser de una sociedad.


Considerando lo anterior, ¿será posible contar con una que represente a todas y todos los habitantes de una nación?


El Artículo 1, Capítulo I del texto de la nueva Constitución indica lo siguiente:

“Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural y ecológico.

Se constituye como una república solidaria; su democracia es paritaria y reconoce como valores intrínsecos e irrenunciables la dignidad, la libertad, la igualdad sustantiva de los seres humanos y su relación indisoluble con la naturaleza…”.

El Artículo 4, del mismo Capítulo señala: “En Chile, las personas nacen y permanecen libres, interdependientes e iguales en dignidad y derechos”


De los 154 constituyentes, al menos, 114 aprobaron los textos transcritos. En estos acápites que definen el modo de ser y querer ser de Chile, no hubo unanimidad.


El 28 de junio recién pasado se realizó el plenario 110 de la Convención, el último antes de la entrega del texto final al presidente de la república. El objetivo de este plenario era aprobar —por al menos 2/3 de los constituyentes— cada una de las propuestas de la Comisión de Armonización al borrador de Constitución.


Previo a la votación de los temas de fondo, la Comisión presentó dos propuestas de forma al texto del borrador. La primera corresponde al orden de los capítulos que conforman la Constitución; cual primero, segundo, etc. Más de 30 constituyentes rechazaron o se abstuvieron de esta propuesta. La segunda se refiere a la forma de enumerar los artículos que conforman cada capítulo, y los incisos de estos en el caso que hubiera más de uno; la votación en este caso fue similar a la anterior. Ni siquiera en estos temas de forma hubo unanimidad.


En la revista Mensaje de mayo de este año aparece una crónica que se titula: “En el cuidado de la «Casa Común»: La Tierra como un Pobre” el cual se refiere a una encíclica —de hace siete años atrás—, del papa Francisco en que este manifiesta su preocupación por la “crisis socio – ambiental” que atraviesa el planeta. Según el autor de este artículo el Pontífice afirma: “Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y desgastada Tierra, que gime y sufre dolores de parto”.


El texto de la nueva Constitución incluye, al menos, tres temas que hoy no se pueden soslayar: paridad de género, pueblos originarios y naturaleza. En relación a este último, el texto contiene varios artículos comenzando por el primero que define a Chile como un estado ecológico y, a sus habitantes en una relación indisoluble con la naturaleza. En el artículo 103 —el cual se puede asociar al concepto de la encíclica “la Tierra como un Pobre”—, se indica: “La Naturaleza tiene derecho a que se respete y proteja su existencia, a la regeneración, a la mantención y a la restauración de sus funciones y equilibrios dinámicos, que comprenden los ciclos naturales, los ecosistemas y la biodiversidad…”. Este artículo fue aprobado por 110 constituyentes.


Los constituyentes que se opusieron o abstuvieron fueron prácticamente los mismos en todos estos casos.


En lo personal considero que tan solo tenemos una sola “casa de todos o común”: la naturaleza. Nos guste o no somos parte de ella. Cuidar su equilibrio inestable es responsabilidad de todas y todos.


El 4 de septiembre próximo deberemos votar si aprobamos o rechazamos el texto de la Constitución 2022, redactado por 154 personas elegidas por primera vez para estos fines en un proceso democrático, con paridad de género y representantes de los pueblos originarios reconocidos por ley. Agreguemos a lo anterior, que más del 53% de los incisos fueron aprobados por, al menos, 110 constituyentes, superando con creces la barrera de los 2/3, que algunos expertos en derecho denominan: “supremacía de los acuerdos”.


¿Es perfecto este texto? Poco probable ya que fue redactado por seres humanos, que el escritor ucraniano Yuri Andrujovich los define como “criatura bípeda sin plumas, capaz de tener esperanzas”.


Sí, tengo la esperanza de que esta nueva Constitución nos guíe por una senda de igualdad de oportunidades para el desarrollo de todas y todos; un camino que será largo de recorrer, que requerirá de paciencia y mucho trabajo pero que redundará en la paz que tanto necesitamos y en el cuidado de la ruca de todos: la naturaleza.

Alfonso Pino Pizarro
5 de julio, 2022

Trinos, cantos y llantos del bosque nativo chileno

¿Qué es un bosque nativo chileno?
No es un bosque —por más que algunos con fines comerciales quieran asimilarlo a él—, una plantación mono cultivo de pinos o eucaliptos.
“El bosque precede al hombre/ pero lo sigue el desierto/ abrió la puerta al desierto/ y el desierto a la sequía…”. Tema: El Hacha. Letra de Patricio Manns y música de Horacio Salinas del Inti Illimani, compuesta hace treinta años. Las plantaciones de eucaliptos y de pinos en el país, dan cuenta de esta sequía. El eucaliptus, originario de Australia es una bomba de extracción de agua. Los efectos de estas plantaciones se pueden ver en distintas partes del territorio nacional. Recorrer la zona del lago Lanalhue; ir de Purén a Capitán Pastene son kilómetros de kilómetros donde alguna vez hubo bosque nativo; hoy, solo tierra estéril de la que se extrajo la vida y asoman, mudos testigos del extractivismo, los tocones de eucaliptos que quedan después de la “cosecha”. Es un paisaje desolador.
“Entre 1920 y 1940 el territorio de Coihayque y Aysén sufrió el peor embate de su historia al quedar a merced de los incendios, intencionales, de bosques. Hasta mediados del siglo XX se habían quemado un total de 2 millones 800 mil hectáreas, que corresponden a más del 50% de los bosques de lenga, que originalmente cubrían esa zona. Como resultado de esta depredación cuencas completas como las del río Baker por ejemplo, Cisnes, Simpson, Erasmo y Emperador Guillermo, se convirtieron en zonas de desertificación, arrastrando la erosión miles de toneladas de suelos, embancando ríos y lagos y generando una actividad agropecuaria pobre y marginal, denominada de subsistencia” (información extraída de retrucopatagon.com). Hoy, aún se pueden encontrar a orillas, por ejemplo del lago Elizalde, troncos de color blanco y otros en pie que se asoman, por sobre la vegetación que después de casi un siglo vuelve a encontrarse en la zona, como mudos testigos del desastre ecológico y también diciéndonos: ¡nunca más!
En el año 1968, el gobierno de Chile declara Reserva Nacional a un conjunto de terrenos en la comuna de Cunco, y la denomina China Muerta. Esta Reserva Nacional se caracteriza por una rica biodiversidad en la que destacan antiguos bosques de araucaria, en asociación con matorrales de ñirre, bosques de coigüe, lenga y roble. Hábitat de el zorro chilla y culpeo y también del puma, entre otras especies. La Reserva Nacional China Muerta forma parte de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera de la UNESCO desde el año 1983, momento en que se crea la Reserva de la Biosfera Araucarias. La araucaria es el árbol sagrado del pueblo originario mapuche-pehuenche que habita esta zona. En 1990 se estableció el monumento natural araucaria araucana, y por tanto, la prohibición de su tala.
A mediados de marzo del 2015 se declaró un incendio en la Reserva Nacional China Muerta. Treinta días pasaron hasta que hubo control del fuego. El 12 de abril, desde la cumbre del Sollipulli éramos testigos de ese incendio, y de la inmensa columna de humo que el viento llevaba a territorio argentino. Pasarán trescientos años para recuperar las araucarias milenarias perdidas en ese desastre ecológico, ocasionado por el ser humano.
Lo esencial es invisible a los ojos, se lee en “El Principito”.
A orillas del canal Beagle, en la isla Navarino, cerca de Puerto Williams, Región de Magallanes, se encuentra el Parque Etnobotánico Omora. Al observar, con anteojos de larga vista, el lado norte del canal se pueden ver las laderas cubiertas de vegetación, hendiduras del terreno, surcos de agua y seguramente se puedan encontrar diversidad de animales dispuestos a la caza de su alimento. En lengua yagán, Omora significa colibrí, siendo este un importante héroe de la cosmología yamana. El parque posee unas mil hectáreas en las cuales existen minúsculos bosques capaces de albergar micro ecosistemas. En ellos se encuentran líquenes, variedad de musgos y extrañas especies de pequeñas flores. Para apreciar estas maravillas naturales a pequeña escala, es necesario recorrer con lupa en mano los diversos rincones que el Parque Omora ofrece para descubrir y descifrar. Al observar con la lupa un tronco de árbol que yace sobre el suelo, cubierto de musgo y líquen, descubrimos, ¡oh sorpresa!, el mismo paisaje que se encuentra en la orilla norte del canal, la diferencia es que ahora si podemos ver gran variedad de insectos que recorren el tronco que con la imagen aumentada parecen inmensos animales.
En la página de Ladera Sur —laderasur.com— se encuentra un artículo escrito por Verónica Droppelman, que se titula “Musgos, picaflores y bosque nativo del sur: una inadvertida interacción clave para mantener la biodiversidad”. En este se indica que: “Un pequeño picaflor chico (Sephanoides sephaniodes) mueve sus alas rápidamente en el bosque nativo del sur de Chile. Ahí, entre coigües, arrayanes y olivillos, junto a muchas otras especies de esta zona, recolecta musgos para poder construir su nido. Esta actividad, que para muchos puede pasar inadvertida, resulta ser clave para mantener la biodiversidad de este ecosistema”.
En la página explora.cl se puede leer un reportaje que se titula: “Bosque en miniatura para salvar el planeta”. De este artículo hemos extraído algunos párrafos:
“En Chile, un total de 14,5 millones de hectáreas están destinadas a la preservación, formando parte del sistema de Áreas Silvestres Protegidas. De este total, un tercio se alberga únicamente en la región de Aysén, lo que corresponde a un 50% del territorio regional, con una de las reservas más grandes de agua dulce del mundo y la mayor superficie de bosque nativo del país.
“Entre los tupidos y húmedos bosques, adheridos a un tronco, una hoja, una roca o cubriendo grandes superficies del suelo encontramos un bosque escondido en miniatura, un bosque que muchas veces es tan pequeño que sólo se puede apreciar a través de una lupa.
“El microbosque, homólogo al bosque en miniatura, es una metáfora utilizada para reconocer y valorar los pequeños organismos que en su co-existencia y co-habitar dan lugar a complejos ecosistemas que muchas veces no alcanzan el centímetro de altura. Estos ecosistemas milenarios se caracterizan por ser tremendamente resilientes, es decir, han evolucionado a través de los años adaptándose al cambio climático y adoptando estrategias de cooperación entre especies que le han permitido sobrevivir en distintos espacios, principalmente en climas húmedos. Está compuesto de briófitos (musgos, hepáticas y antocerotes), líquenes, hongos e invertebrados que se extienden sobre coberturas de bosques, troncos de árboles o las piedras de un estero y hacen posible la continuidad de la vida a través de la interacción entre sus funciones ecosistémicas”.
En un lugar de la Carretera Austral, ubicado a los 44º37´18,5´´ sur, 72º27´48´´ oeste, se encuentra el “Bosque Encantado”. Ingresar y caminar sin prisa por el estrecho sendero de acceso —sin salirse de él para no dañar el bosque—, mirando y viendo; oyendo y escuchando; oliendo el olor húmedo de la tierra, aparece el bosque que no dejaban ver los árboles. Por aquí una telaraña y por allá otra, diferente en forma y tamaño. Pegado a las cortezas de los árboles, infinita variedad de musgos, líquenes, hongos. Barbas de viejo cuelgan de las ramas. Hojas de las que está a punto de descolgarse una gota de agua —anoche llovió—. El sonido de un escarabajo que corre, entre las hojas que cayeron de los árboles para fertilizar la tierra y alimento de infinidad de seres. Ahí va un caracol, habitante endémico del bosque sureño. Silencio, para escuchar el gorjeo potente del chucao. Un picaflor introduciendo su pico para absorber el elixir de esa flor. Enredaderas que entregan su maravillosa floración, estrellitas; botellitas; campanitas, todas de color rojo. Desde lo alto, esquivando las copas de los árboles que fueron a buscar la luz del sol, se filtran sus rayos. El sotobosque generoso, repleto de organismos, devuelve la humedad que no necesita. El bosque nativo es vida, para todos. Es en toda su magnitud —y al mismo instante pequeñez—, el equilibrio inestable de la naturaleza, de la que somos parte, nos guste o no.
Pablo Neruda le canta así:
“… Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno… Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe… Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo…
“…Un tronco podrido: qué tesoro!… Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma… Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes… Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos…”
Ahí está todo. ¿Nooo ciertooo? Diría Nicanor Parra.

Mi amigo Perico de los Palotes

Nuestras madres vivían casa por medio y eran muy amigas, se habían criado juntas. Tenían tres meses de diferencia; la mía había nacido un veintidós de marzo y la de mi amigo —Ernestina de nombre— el mismo día pero de junio.
Físicamente eran muy parecidas, tanto así que mucha gente pensaba que eran hermanas. Ellas no hacían mucho para disipar esa duda, por el contrario, la fomentaban y lo que le pasaba a una le sucedía a la otra. Así que a nadie le extrañó que se embarazaran en la misma época y, que ambas, comenzaran al mismo tiempo con los síntomas de parto.
Fue mi padre el que llevó a las dos mujeres al hospital —el progenitor de mi amigo desapareció en cuanto la tía Ernestina le dijo que se había embarazado y después de ver su reacción, lo mandó a un lugar bien preciso.
—No te imaginas lo que fue entrar juntas a Urgencia del hospital, cada una tomada del brazo de tu padre —me lo contó muchas veces mi madre.
—Este embarazó a las dos hermanas y al mismo tiempo, era lo menos que pensaban —agregaba casi siempre la tía Ernestina y ambas se miraban con algo de complicidad.
Así que con mi amigo nos criamos juntos hasta que cumplimos veinte años. De ahí en más, la vida nos llevó por caminos distintos. Claro que de vez en cuando me llamaba por teléfono.
—¿Otra vez Perico? —le preguntaba en cuanto escuchaba su voz.
—Sí hermano, solo unos días —y se alojaba en mi casa, a veces largas temporadas. Es que mi amigo tiene un carácter complejo, por decir lo menos, y sus parejas, al igual que a su padre, terminan por mandarlo a un lugar bien preciso.
Llevaba bastante tiempo sin saber de él, de hecho ya estaba por llamarlo asumiendo que aún seguía en España, cuando en mi celular apareció su nombre.
—¿Otra vez Perico?
—Hermanito lindo, esta vez no. Al fin encontré el lugar para vivir, de aquí no me muevo más y de seguro está también mi padre —hablaba exitadísimo mi hermano putativo.
—Cuéntame ahora ya: dónde, cuando y como, pero trata de calmarte.
—Primero el cuando: hoy en la mañana. Al llegar a este lugar y confírmar todo, esperé a una hora prudente para llamarte. Eres el primero y a lo mejor el único al que le interesa esta historia.
«Ahora el cómo: por casualidad. Resulta que ya llevo bastante tiempo recorriendo España, trabajando de marinero. Pues bien, joder coño, que anclamos en el puerto de Carchuna en Granada y mientras hacíamos el papeleo correspondiente veo un mapa de las distintas zonas costeras, y ahí estaba el lugar al que realmente mi vieja mandó a mi padre y tantas veces me han mandado también a mi: playa “LA CHUCHA”. Este es mi lugar, ya sabes donde encontrarme.

El cuidador de los recuerdos

Polvo de estrella hundida en tierra oscura,

nieve de soledades abrasada,

cuchillo de nevada empuñadura,

 rosa blanca de sangre salpicada…

Salitre (Pablo Neruda)

Junto a lo que quedaba de una gruesa muralla de costra y adobe, como única muestra de que alguna vez ahí vivió gente, se encontraba el anciano que ese día no estaría solo. A través del aire, que el sol del mediodía hacía reverberar en el desierto, divisó al caminante que a paso lento se acercaba hasta él.

¿De adonde me dice que viene uste’ compañero?

No le entendí, hábleme más fuerte, mire que estoy un poco sordo.

¿Desde la capital iñor y qué ha recorrido cuanto? ¿Mil ochocientos kilómetros y que es la primera vez por estas soledades? ¿Y solo pa’ saber algo de lo qué pasó hace tantitos años atrás? Mire uste’.

Como no hay naiden más por aquí, y pa’ que no pierda el viaje, yo le contaré lo que escuché varias veces y de buena fuente iñor. Le advierto que a lo mejor me sale la cosa yendo de un lado pa’ otro, como ese remolino de waira que ve ahí. Es que hace mucho tiempo no hablo estos recuerdos; pero están en mi cabeza y también aquí, donde se quedan las penas y alegrías hasta que deja de latir.

Póngase cómodo, y mire que hay harto donde elegir; que ahorita partimos.

Ese día…

La camanchaca comenzaba a huir de los rayos del sol cuando la Hildita se despertó. A lo más tres horas es lo que había dormido. Si uste’ quiere mi amor, yo también, le había dicho a mi paire la noche anterior y antes que cerraran los ojos pa’ tratar de dormir, con gran ternura, sin apuro hicieron el amor; en silencio como siempre, pa’ que no se enteraran los vecinos.

Suavemente, la Hildita levantó el brazo de Eliberto que rodeaba su cintura o lo que quedaba de ella y puso los pies en el suelo que estaba frío, como el amanecer mesmo.

Era de tierra compañero, todavía no les cumplían con ponerles los tablones que les habían prometido. Tampoco con otros acuerdos ya firmados con los patrones; con decirle que en la pulpería seguían vendiendo porotos con gorgojo y harina sucia para hacer el pan. Aún compraban con fichas entregadas por los patrones, y que cada día valían menos; pa’ que decir de trabajar solo ocho horas diarias, que se habían acordado hace tiempo. Por eso fue que los pampinos cansados de solo, bla, bla, bla, se levantaron en huelga, y tomaron el control de la pulpería y de toitita la salitrera.

Es que uste’ ha de saber que pesan mucho más las piedras cuando no hay esperanzas y el viento de la pampa solo trae amarguras. Pero queda la dignidad y esa compañero, nunca se debe perder. Ve, ya me fui pa’ otro lado, ahora mesmo me enderezo.

Deme unos minutitos, mientras busco algo. Aquí está, tome esta botellita. Es solo agua, cuídela, mire que por aquí vale oro. ¿Qué usted tiene vinacho? No iñor, eso si que no puedo aceptarlo, mire que esta es zona seca y naiden ha levantado eso, así que con agüita no ma’. ¿Pa’ ahogar las penas? No compañero, las penas flotan, ellas saben flotar. Mejor retomo el camino.

La Hildita echó agua en la jofaina y se lavó, primero la cara y después sus intimidades. Cuando abrió la puerta pa’ botarla a la calle, una corriente helada le recorrió el cuerpo. Nunca antes había visto carroñeros que a esa hora volaran en torno a la Oficina. Era como si les hubieran pasado el dato que pronto tendrían tanta comida, que no podrían arrancar el vuelo.

Es que el día anterior no hubo acuerdo. Los pampinos querían que les cumplieran la palabra empeñada, como corresponde a los hombres. Para la Autoridad, lo primero, restablecer el orden y por eso que La Oficina amaneció sitiada; podían salir niños, mujeres y los pampinos que renunciaban a la huelga. De los hombres, ninguno se fue. Ahora, como me dijo mi viejita, iba a actuar la sin razón, de lao’ y lao’.

Todo eso me lo contó la Hildita, mi mamita, aquí mesmo donde estamos parados hoy.

¿Qué si vengo todos los años me pregunta uste’?

Si compañero, toititos, no he faltado a ni uno. Cuando era niño me traía la Hildita. Aquí nací un día como hoy, hace ya noventa lentos años atrás.

Ese día de junio mi paire, antes de irse, le tocó la barriga a mi maire con sus manos de pampino, duras, ásperas, cuarteadas por el sol y el salitre y le dijo: viejita linda, esta criatura va a venir al mundo en dos meses más, ándate ahora pa’ Pozo Almonte. No viejo, te espero aquí, me dijo que le respondió mi mamita linda.

Quinientos, ochocientos, dos mil seres humanos. Nunca se supo cuantos pampinos, mujeres y niños fueron asesinados ese día. Me lo contó la Hildita, y cada vez que lo hacía, lloraba y lloraba. Se le caían los mocos, despotricaba contra todos, milicos; políticos; patrones y también contra los curas que nunca trajeron a Dios pa’ que conociera esta vida.

Están toítos enterrados en este mismo lugar donde estamos parados hoy, me decía don Celerino, el viejo que me adoptó como si fuera su hijo y que se enamoró de los ojos de mi mamita linda. Aquí no hay monumentos ni mausoleos, como en las ciudades, solo esa cruz de hojalata que uste’ ve ahí y la rosa, hecha de papel, que hasta el viento la respeta.

La Hildita me contó que mi viejo era de oficio cachorrero, de los que reducían los grandes bolones a punta de dinamita, así que en cuanto comenzaron los milicos a disparar fusiles y ametralladoras, se imaginó a su Eliberto en primera fila, encendiendo las mechas y lanzando los cartuchos.

¿Uste’ quiere saber como fue que yo nací ese día, que no debía haber nacido?

Es que el ruido era terrible y la Hildita se puso muy nerviosa. Le comenzaron los dolores y supo que ahí mesmito iba a ser madre; sola compañero, como mujer de pampino.

Usted me mira con cara de incredulidad, piensa que estoy inventando o que con tanto sol se me achicharraron los sesos y que estoy loco. No iñor, nada de eso. A mi me lo contó la Hildita y si no léalo ¿No le enseñaron en la escuela sobre la matanza, del cinco de junio de mil novecientos veinticinco, en la Oficina salitrera de La Coruña y en las otras del cantón de San Antonio? No, ya sé que no. No ve que les da vergüenza o, a lo mejor miedo. Disculpe estas lágrimas de un viejo pampino; pensaba que el tiempo ya las había secado. Es que son recuerdos y con algunos uno sonríe y con otros lloriquea no ma’.

La Hildita me contó que de repente todo se hizo silencio, ella pujaba y pujaba, hasta que yo salí y me aparecí en este mundo. Así me lo contó ella. Se abrió la puerta del cuarto y apareció un milico, con carabina en la mano y bayoneta calá’. Era un muchacho iñor, que al verla en la cama con un recién nacido la miraba con cara de asustao y la Hildita que le grita: ¡Saca esa bayoneta y corta el cordón que pa’ algo bueno que sirva esa tontera! Más que un llanto fue un grito de guerra el que lancé, me dijo la Hildita.

Yo no hice nada señora, disparé siempre pa’ arriba. Nos obligaron, hay muchos muertos afuera, los primeros en caer fueron los que lanzaban la dinamita. A mi me engancharon en el sur pal’ servicio militar, eso fue lo que él le dijo, con lágrimas en los ojos, es un niño señora, un hombrecito. Pero yo no los dejo aquí, hay carretas que se llevan pa’ Pozo Almonte a las mujeres y niños que se salvaron. Así que levántese que yo le ayudo poh.

Sí, eso me lo dijo la Hildita y antes de subirse a la carreta, conmigo envuelto en un saco de harina, le pregunta el nombre. Por ese milico con cara de cauro chico yo me llamo Estanislao.

¿Uste’ me dice que eso mesmo se lo contó su abuelo, al que le prometió venir algún día por estos lados?

¿Qué uste’ se llama igualito que yo?

Deme un abrazo compañero que ya puedo morir tranquilo.

Ahora váyase, está bajando la camanchaca. Mire que en un rato más no va a encontrar el camino de vuelta, ni las manos se las va a ver. ¿Yo?… Seguiré hasta la Oficina Santa Ana. Ahí tengo mi covacha y una payasa pa’ echar mis huesos en estas soledades y cuidar los recuerdos, que ahora son suyos también compañero.

Mariposas negras

En México, la mariposa negra —desde antes que llegaran los españoles ha tenido mala prensa— se asocia con la muerte y el mal agüero. En inglés la llaman black witch (bruja negra). En Chile: «Polilla de la muerte», y se considera un visitante ocasional en el país —cómo sería si fuera uno normal—.

Los habitantes de Sarajevo, con pena; llanto; asombro; incredulidad; rabia, decían que el cielo se había cubierto de mariposas negras. Eran los restos de los libros que, el domingo 25 de agosto de 1992, se quemaron a raíz del intenso bombardeo con bombas incendiarias, intencional y dirigidas a la biblioteca de esa ciudad —por las fuerzas serbias que, desde abril, sitiaban la ciudad—. La biblioteca albergaba unos dos millones de libros; miles de manuscritos y documentos de valor incalculable, conservados a lo largo de los siglos por musulmanes, serbios ortodoxos, croatas católicos y judíos.

Un visitante asiduo de ella era el profesor Nicola Koljevic que dictaba, en la Universidad de Sarajevo, un curso de “Poesía y crítica”. Su alumno Alexsandar Hemon, escritor de origen bosnio, en la nota titulada “El libro de mi vida” lo recuerda así: “el maestro que desenvolvía poemas como si fueran regalos de Navidad y la solidaridad creada por aquellos descubrimientos grupales invadía la caldeada atmósfera del aula en el ático de la facultad de filosofía”. Según Hemon, el profesor Koljevic era una persona increíblemente culta, que citaba de memoria tramos enteros de Shakespeare.

Koljevic terminó sus días dedicado al alcohol, y en 1997 se suicidó en Belgrado. Seguramente no soportó el cargo de conciencia de haber sido él quien dirigió el bombardeo de la biblioteca. Alexsandar Hemon —que como alumno admiraba al profesor Koljevic—, señala: “su maldad tuvo una influencia mucho más profunda en mí que sus enseñanzas literarias”.

Detrás de la poesía se ocultaba un fanático nacionalista.

El médico croata Mirko Grmek, a raíz de lo que estaba ocurriendo en los Balcanes acuñó, en el año 1991, el término “memoricidio” para referirse a la destrucción intencionada de libros o del tesoro cultural del adversario, ya que este acto lo que pretende es matar la memoria de un pueblo, raza, cultura, religión.

En todas las épocas se han destruidos libros en forma intencional. En la guerra civil española se quemaban los libros escritos por adeptos a la República, y, en la Alemania nazi, los escritos por judíos.

En el artículo “Cuando la memoria se convierte en cenizas… (Memoricidios durante el siglo XX), escrito por el Lic. Edgardo Civallero, se detallan distintos actos abominables de quemas y destrucción de millones de libros provocados por: talibanes en Afganistán; serbios en Bosnia-Herzegovina y Croacia; mujaidines en Kabul; israelíes en Ramallah (Palestina).

Durante la Revolución Cultural organizada por Mao Zedong, los libros políticamente “incorrectos” fueron sacados de las bibliotecas y quemados en actos públicos. Soldados de ocupación, principalmente de Estados Unidos, hicieron la vista gorda, miraron hacia el cielo mientras la turba entraba al Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional, los Archivos Nacionales y la Biblioteca Coránica de Irak, en Bagdad, quemando, destruyendo y robando cuanto había en su interior.

La iglesia católica quemó miles de libros durante la inquisición; y en el siglo XX todavía prohibía la lectura de ciertos ejemplares que atentaban contra su doctrina y ejercieron presión para su publicación y distribución.

Cuando la memoria se convierte en cenizas —como dice Civallero—, el cielo se cubre con mariposas negras o con polillas de la muerte como ocurrió en Santiago el 23 de septiembre de 1973, durante la quema de libros realizadas por los militares —frente a las torres San Borja, en Santiago—, después de un allanamiento.

Este proceder, nos llevó a muchos —en un acto de auto censura lectora— a quemar, romper o esconder nuestros propios libros por el temor de su tenencia.

Sin libros, no tendríamos memoria, leyes, conocimiento…, cada día deberíamos inventar la rueda y no hubiéramos contado con este silencioso compañero, por medio del cual hemos vivido tantas vidas; aventuras, y que nos ha ayudado a sobrellevar esta pandemia.

23 de abril, declarado por la UNESCO, día Mundial del Libro y del derecho de autor

23, abril, 2021

Quién…

Si algo bueno ha tenido la pandemia, es que la necesidad de generar ingresos ha impulsado la creatividad, principalmente apoyado por la tecnología.

Uno de estos casos es la aparición de TALLERES DE BOLSILLO, que en sus propias palabras tuvieron como objetivo: “encontrar una forma de hacer que referentes de nuestra cultura tengan una ventana para llegar a más audiencias, y que a la vez, esas audiencias puedan acceder a estas experiencias en un formato amigable.

Y,… lo lograron. Diferentes personajes, como: Cristian Warken, María José Viera-Gallo, Agustín Squella, Héctor Noguera y muchos otros exponen —en dos o tres sesiones de dos horas cada una—, sobre temas que dominan a cabalidad utilizando Zoom, reduciendo a cero las distancias geográficas.

Hasta la fecha he asistido a tres talleres, todos muy, muy buenos. El último con Francisco Mouat, periodista, dueño de Librería Lolita, escritor, cronista; orador entretenido, carismático, que contagia su entusiasmo. Las sesiones programadas eran tres de dos horas cada una, pero todas se extendieron como mínimo en una hora más, por la generosidad de Mouat de seguir compartiendo la conversación. El tema era sobre la crónica como género literario y el título: “La crónica en tres miradas, Joseph Mitchell (estadounidense), Roberto Merino (chileno) y Clarice Lispector (que si bien nació en Ucrania, se le considera escritora brasileña)”.

A través de los textos de estos tres escritores, fuimos analizando los estilos, temas que trataban y que hacen de la crónica un género tan especial y entretenido.

Pienso que al final del taller cada participante se formó su propia idea sobre este género literario. En mi caso, me llamó mucho la atencíón una crónica breve de Lispector, titulada: ¿CÓMO SE ESCRIBE? Lispector entrega la siguiente solución: “Sé que la respuesta, por más que intrigue, es esta única: escribiendo”.

Así que apoyado en este consejo, me senté frente al computador y coloqué como título: “Incertidumbre”, y me largé a escribir; pero todo se me fue hacia la pandemia. Que llegamos de estar en la playa un 14 de marzo del 2020 y dos días después, cuando todavía no terminábamos de sacarnos la arena de los zapatos estábamos encerrados. Que no podíamos abrazarnos y menos darnos un beso, a riesgo de contagiarnos. Que mirábamos a otros con desconfianza ¿y si es asintomático? Que había que desinfectar todo, hasta los pensamientos. Que nunca había tenido una chasca tan larga. Que ya había pasado Navidad, y estábamos en el 2021. Que son ya diez meses y escribo mucho, mucho más. Cuando pensé que ya estaba listo, revisé el texto; sentí que el título no era el adecuado, y recuerdo una canción de Sabina. Borro el título y lo cambio por: “Quién puta nos robó el 2020”.

Alfonso Pino P.

Febrero 2021, Santiago, Chile

Otoño

La primera vez que la vi fue un día de otoño y de eso ya han pasado seis años.

Es una anciana que por su forma de caminar, el pelo totalmente blanco, las arrugas en su rostro y la curvatura de su espalda, calculo debe tener más de noventa años.

Vive en el cuarto piso del edificio de enfrente —al otro lado de una calle secundaria—, aparentemente sola o a lo más con alguien que —a veces diviso a través de los ventanales de su departamento como si fuera un fantasma—, le ayuda en los quehaceres del hogar.

Lo único que sé de ella es que cada mañana y en las tardes, sale a caminar por el balcón. Sí, ese es su ejercicio.

Son no más de doce pasos en un sentido, y otros tanto de vuelta, que recorre una y otra vez. Lo hace rápido, con energía, afirmada de la baranda; una vez que llega a un extremo se detiene, observa con curiosidad hacia abajo y a su alrededor e inicia el retorno. Quince o veinte minutos de ejercicio y desaparece en el interior de su hogar, hasta que, con sol o lluvia, vuelve a hacer su rutina.

En los días fríos, especialmente en su caminata mañanera, se le puede ver arropada con una bata gruesa y bufanda; seguramente calzando zapatillas forradas y a lo mejor con calcetas gruesas para mantener los pies calentitos.

Imagino que es una  mujer con cientos de historias entretenidas y por la forma como fuma, —claro, porque todas las mañanas durante su paseo inhala el humo con fruición, de forma que le llena por completo sus pulmones y después, lentamente, lo deja escapar observando su libertad—, debe ser una mujer gozadora, con vitalidad, que se empecina en ser autosuficiente y defiende su libertad; decidida a darse los gustos que, por muchos años, más de alguien se los prohibió. Lo más probable es que todas las noches, mientras lee alguna novela o juega un solitario, se acompañe con un vaso de vino blanco y, en invierno, con uno caliente de tinto con naranja, ahorrándose así las pastillas para dormir.

Quisiera saber detalles de su vida, de sus amores y desamores. Averiguar si tuvo un amante secreto cuyo nombre aún no revela, y que, a pesar del tiempo, de vez en cuando lo rescata del olvido. Me veo que estoy sentado junto a ella y mientras compartimos un té, acompañado de un trozo de torta de chocolate, dejarla que hable, hable y siga hablando…

A medida que avanza la primavera, el arce negundo plantado frente al balcón de la anciana y que alcanza hasta el piso seis, comienza a llenarse de hojas cubriendo la vista del balcón. Ya no la vuelvo a ver hasta el próximo otoño y —debo reconocer— me da gusto verla de nuevo. Mentalmente le envío un saludo y un beso.

Hoy, según el calendario comienza un nuevo otoño. Claro que la naturaleza no es tan exacta, tiene su propio ritmo —hace y deshace de acuerdo a sus propias leyes, aún desconocidas— y desde varios días atrás han comenzado a caer las hojas que dificultaban mi vista del balcón de la anciana. He estado expectante y ansioso por verla nuevamente. Hace un año que no la veo…

El arce está preparado para recibir el frío y las lluvias del invierno. Desnudo. No tiene más hojas que botar. En vez de verla a ella, sólo diviso un letrero que dice: SE VENDE. 

Nota: Este relato quedó calificado finalista entre más de 300 que se presentaron al  I CONCURSO LITERARIO DE RELATOS BREVES BIBLIOTECA PÚBLICA DE NETANYA (Israel), sección español, año 2019.