Only you
I
Había llegado dos semana atrás —a mediados de octubre cuando la primavera invitaba a usar menos ropa—, a la casa vecina de las cuatro hermanas Cepeda, cuyos padres se sentían más tranquilos prestando —los sábados al atardecer— la sala de estar y comedor para los malones que armábamos en aquellos años de los 50 y 60.
De piel morena clara, pelo negro y ojos cafés almendrados podría decirse que era una muchacha bonita. No, era muy bonita, preciosa a mis ojos.
Isolda me dijo que se llamaba cuando iniciamos nuestra primera conversación, mientras las parejas se movían —mostrando sus habilidades, coordinación, las risas al perder el ritmo— a los sones alegres y en la voz de Bill Haley de “Rock around the clock”.
—Que lindo tu nombre, apuesto que tu mamá se llama igual.
—Mi padre, es profesor de Castellano fanático de Óscar Castro. El tema de su tesis de grado fue sobre ese poeta. Así que perdiste.
—Aaaah, ¿Y? ¿Cuál es la relación?
—Isolda es el seudónimo que usaba la esposa de Óscar Castro para publicar sus poemas. Por eso mi nombre. ¿Te gusta leer poesía?
—No mucho, me cuesta entender tanta metáfora, voy más por el lado de las matemáticas, la física. Quiero estudiar ingeniería, si es que me da el cuero.
—Yo también —y agregó— no pongas esa cara de extrañeza. Para que sepas, además me gusta jugar ajedrez, mi mamá es profesora de matemáticas y ella me enseñó este juego; tengo la suerte de contar con la influencia de ellos. De ti depende tu futuro.
—No siempre, a veces…
Comensaban a sonar los acordes… Only you, can make all this world seem right/ Only you, can make the darkness bright.
—¿Bailemos? Me dijo
No solo me sorprendió, también comenzaron a temblarme las cañuelas. No podía creer lo que me estaba pasando. Yo que siempre pensaba que era transparente, que nadie se fijaba en mi, me estaba pidiendo ella que bailáramos, siendo que debería haberlo hecho yo.
La tomé de la cintura, tratando de cubrirla por completo. Only you, and you alone, can thrill me like you do. Poco a poco nos fuimos acercando. And fill my heart with love for only you/ A-ha. Sentí sus pechos, y junto a su perfume no sabía donde estaba. Only you, can make all this change in me. Alguien apagó la luz. For it’s true, you are my destiny. Me estás apretando mucho, suéltame un poco. When you hold my hand, I understand. Besé su mejilla, sus labios y en mi cuerpo comenzaron a pasar cosas especiales que no controlaba. The magic that you do. Sentí que me desmayaba, por suerte logré apoyar mi espalda contra la pared. Detuvimos nuestro baile y yo escuchaba solo su respiración y sentía su cuerpo pegado al mío. You’re my dream come true/ … / My one and only you/ One and only you. Cuando encendieron la luz, nos miramos y sonreimos. Para los dos había sido un momento mágico.
El lunes a primera hora teníamos Castellano —no había peor manera de iniciar la semana—. Cuando Ibarra, el profesor, dijo que hablaría de Óscar Castro retrocedí en el tiempo, y no volví hasta que percibí su presencia y escuché que me decía:
—Muñoz ¿en que universo está usted? Le he preguntado tres veces quién es Isolda y no dice nada —he hizo la pregunta fatal—, ¿está enamorado?
—Sí señor, no,no señor —y las carcajadas estallaron en mis oídos—.
—¿Puedo saber en que o quien estaba usted pensando?
—En Isolda señor —y las carcajadas, el zapateo y golpeteo en los pupitres de mis compañeros era tan fuerte, que hasta la Inspectora General, —que tenía su oficina contigua a nuestra sala—, se apareció para averiguar la causa del bullicio.
Me expulsaron de la clase por burlarme del profesor, y constaté, en mi propia esencia, lo que es la injusticia del poder irracional.
Los progenitores de Isolda eran miembros activos del Partido Comunista y ella sabía mucho de política —y no podía ser de otra forma—; era el tema principal de conversación en esa casa. Las pocas veces que conversé con don Sergio, su padre, de lo único que hablé, mejor dicho escuché, fue de política y me pareció una forma de evangelización, similar a la que años antes habían intentado conmigo los curas.
Fueron meses especiales en mi vida. A menudo nos juntábamos con Isolda a “jugar ajedrez”, por lo general en aquellos días y horas que sus padres estaban en las reuniones del Partido. Lo normal era que antes de la décima jugada, las piezas y el tablero estaban repartidas por el suelo y nosotros, bueno nosotros, disfrutando y expresando nuestros sentimientos.
El amor juvenil y los estudios no siempre son compatibles. Afortunadamente tuve el apoyo incondicional y generoso de Afrodita, Venus y otras diosas como la azteca Xochiquetzal que se unieron para ayudarme y con lo justo entré a estudiar a la Universidad Técnica del Estado, UTE.
Mi padre quedó cesante, nos mudarnos a un barrio más humilde. La Universidad estaba a distancia de bicicleta, lo que me permitía ahorrar tiempo, gastos de locomoción y alimentación.
II
Hermosa la vida universitaria. Todos éramos iguales. Sobresalía el más capaz, cierto que algunos tenían la vida más fácil que otros. Existía el compañerismo. En los grupos de estudio no se preguntaba de donde uno venía, la democracia era real. A pesar de las diferencias, teníamos luchas comunes demandando que el gobierno aumentara los recursos para mejorar los sueldos de los profesores, las becas y otras necesidades. Íbamos a la Peña de los Parra a escuchar cantar a Víctor Jara, Patricio Manns, ocasionalmente se veía a la Violeta cargando, su guitarra, la tristeza, la dignidad y rebeldía de su canto: “Que vivan los estudiantes”, “Arauco tiene una pena”, “Arriba quemando el sol”, “La carta”, nos mostraban la injusticia, la desigualdad y el canto se transformó en protesta social. También íbamos al Estadio, —juntos los de la “U”, del Colo o “UC”— , e igual de vez en cuando no faltaba la pichanga de baby. Pero la prioridad era estudiar y estudiar para no perder las becas que tenía, sin las cuales hubiera tenido que abandonar la Universidad.
Así, me fui alejando de mi antiguo barrio que estaba a horas en micro. Usando palabras de don Atahualpa de su canto “Recuerdos del Portezuelo”: “de vez en cuando me arrinconaba a pensar en Isolda; con quien jugará ajedrez me preguntaba y sentía un dulzor amargo cuando me acordaba”.
El 4 de septiembre de 1964 se eligió presidente a Eduardo Frei Montalba. Lo apoyó la derecha, no por convicción, lo hizo eligiendo el mal menor asustada del eventual triunfo de Salvador Allende que se vislumbró con el llamado “Naranjazo”. Dejaron votado a Durán, su candidato; años después, a otros tanto les pasaría lo mismo, es el pragmatismo del miedo. Frei representaba la opción intermedia, entre capitalismo y socialismo. Se inició la Reforma Agraria de verdad, el gobierno anterior —el de Jorge Alessandri Rodriguez— implementó una tan básica que no cambiaba nada, se decía que era de “macetero”. Ahora se tocaba al latifundista y eso era peligroso; “la tierra es del que la trabaja” era la consigna de la izquierda.
Y así, poco a poco caminábamos hacia una sociedad más justa, también más polarizada.
Nos acercábamos al año 1970 y la efervescencia política iba en aumento. El partido comunista tomaba el control de la Federación de estudiantes de la UTE, terminando con la hegemonía de los demócratas cristianos. Elegíamos, en votación del claustro pleno de la Universidad como rector de la UTE, a Enrique Kirberg, comunista.
Isolda iba quedando cada vez más y más abajo en los recuerdos, pero nunca pasó al olvido. Imposible.
III
“Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores”, fueron las primeras palabras que dijo Salvador Allende Gossens, en la madrugada del 5 de septiembre de 1970, desde los balcones de la Federación de Estudiantes de la Unversidad de Chile. Con el 36,2% de los votos, Allende había logrado la mayoría relativa frente a dos potentes contrictantes. Su nombramiento como presidente quedaba supeditado a lo que —el 24 de octubre— decidiera el Congreso, que debía elegir entre él y Jorge Alessandri Rodriguez. La tradición era que se nombrara al que obtenía más votos y así lo había afirmado Alessandri durante la campaña.
Ahí estaba, seguro que era ella. Con dificultad me fui moviendo entre la masa de gente que se había juntado para aplaudir, escuchar y demostrarle a Allende su cariño. Gritos, aplausos, y yo sin perderla de vista me acercaba a ella. La veía alegre, saltando, levantando su brazo izquierdo, cantando, bailando; es que la alegría de todos era inmensa, por tantos años esperando un momento como este.
Era ella, el mismo físico, la misma melena negra. Se da vuelta para disculparse por el golpe que me había dado y queda quieta, ya no salta y exclama ¡Hugo! Y abrazados escuchamos el resto del discurso de Allende.
“Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos…”.
—Vámonos al departamento, que comparto con una amiga, a escuchar “Only you” y jugar ajedrez —me dijo al oído, después me contó que sus padres se habían trasladado a trabajar al colegio de Chuquicamata—.
Con los años he llegado a la conclusión que el 22 de octubre, —fecha en que la extrema derecha le dispara al general Schneider, Comandante en Jefe del Ejército de Chile—, fue el día que se pudrió todo en Chile. El todo vale en la consecución de los objetivos políticos se hizo carne en nuestra sociedad. La derecha no permitiría que Allende implantara su programa; tampoco Estados Unidos que solapadamente estaba detrás de esta, aportando ingentes cantidades de dólares para apoyar todo acto contra el gobierno.
La guerra política estaba declarada. Así, entre tomas de fábricas, paro de camioneros, mercado negro por desabastecimiento de artículos esenciales, provocado por los comerciantes, transcurría el año 1972.
En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, los partidos de derecha junto a la democracia cristiana pretendía obtener 2/3 de los Senadores para destituir al Presidente. La coalición de gobierno obtuvo mas votos de los que había logrado Allende, y la oposicíón vio frustrada la posibilidad democrática para hacerlo. Solo les quedaba la fuerza; la razón la habían perdido en las urnas. “No veo porque tenemos que quedarnos sentados a esperar viendo cómo un país se vuelve comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo” fueron palabras dichas por Henry Kissinger en la Casa Blanca.
La relación con Isolda ya no era igual. La magia había quedado por ahí, nunca supimos donde la habíamos perdido, a lo mejor en la lucha y marchas callejeras a las que solo a veces yo asistía. A lo mejor porque sus convicciones eran más fuerte que las mías… ya no importa. Decidimos que cada uno siguiera su ruta; la de ella el partido, la defensa del gobierno, asistir a las clases de ingeniería en la Chile cuando podía; el mío: terminar mis estudios, la tesis, encontrar trabajo y tratar de irme a estudiar al extranjero.
Vi por televisión lo que nunca imaginé que podía ocurrir en Chile: el bombardeo y destrucción de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. ¡Que horror! A ese horror le siguieron otros, y otros durante 17 años.
El nombre del padre de Isolda apareció en uno de los bandos, que una voz terrorífica leía por radio. Ella fue detenida, torturada y vejada, —al igual que muchos y cuantos más que fueron asesinados o que aún no se sabe donde están—. Salió exiliada, eso o la cárcel, sin cargos, sin un juicio con jueces independientes y abogado defensor. Su pasaporte fue marcado con la fatídica letra L. Nunca supe que país la recibió y no hice nada por encontrarla. Tal vez está en Chile. A lo mejor…
Terminé mis estudios, hice la tesis, encontré trabajo y nunca me fui a estudiar al extranjero.
De vez en cuando aún me arrincono a pensar en Isolda y, al escuchar “Only you”, siento un sabor amargo porque estoy en deuda con ella.