Quién…

Si algo bueno ha tenido la pandemia, es que la necesidad de generar ingresos ha impulsado la creatividad, principalmente apoyado por la tecnología.

Uno de estos casos es la aparición de TALLERES DE BOLSILLO, que en sus propias palabras tuvieron como objetivo: “encontrar una forma de hacer que referentes de nuestra cultura tengan una ventana para llegar a más audiencias, y que a la vez, esas audiencias puedan acceder a estas experiencias en un formato amigable.

Y,… lo lograron. Diferentes personajes, como: Cristian Warken, María José Viera-Gallo, Agustín Squella, Héctor Noguera y muchos otros exponen —en dos o tres sesiones de dos horas cada una—, sobre temas que dominan a cabalidad utilizando Zoom, reduciendo a cero las distancias geográficas.

Hasta la fecha he asistido a tres talleres, todos muy, muy buenos. El último con Francisco Mouat, periodista, dueño de Librería Lolita, escritor, cronista; orador entretenido, carismático, que contagia su entusiasmo. Las sesiones programadas eran tres de dos horas cada una, pero todas se extendieron como mínimo en una hora más, por la generosidad de Mouat de seguir compartiendo la conversación. El tema era sobre la crónica como género literario y el título: “La crónica en tres miradas, Joseph Mitchell (estadounidense), Roberto Merino (chileno) y Clarice Lispector (que si bien nació en Ucrania, se le considera escritora brasileña)”.

A través de los textos de estos tres escritores, fuimos analizando los estilos, temas que trataban y que hacen de la crónica un género tan especial y entretenido.

Pienso que al final del taller cada participante se formó su propia idea sobre este género literario. En mi caso, me llamó mucho la atencíón una crónica breve de Lispector, titulada: ¿CÓMO SE ESCRIBE? Lispector entrega la siguiente solución: “Sé que la respuesta, por más que intrigue, es esta única: escribiendo”.

Así que apoyado en este consejo, me senté frente al computador y coloqué como título: “Incertidumbre”, y me largé a escribir; pero todo se me fue hacia la pandemia. Que llegamos de estar en la playa un 14 de marzo del 2020 y dos días después, cuando todavía no terminábamos de sacarnos la arena de los zapatos estábamos encerrados. Que no podíamos abrazarnos y menos darnos un beso, a riesgo de contagiarnos. Que mirábamos a otros con desconfianza ¿y si es asintomático? Que había que desinfectar todo, hasta los pensamientos. Que nunca había tenido una chasca tan larga. Que ya había pasado Navidad, y estábamos en el 2021. Que son ya diez meses y escribo mucho, mucho más. Cuando pensé que ya estaba listo, revisé el texto; sentí que el título no era el adecuado, y recuerdo una canción de Sabina. Borro el título y lo cambio por: “Quién puta nos robó el 2020”.

Alfonso Pino P.

Febrero 2021, Santiago, Chile