Sucedió un 25 de octubre

Caminaba erguida por la Alameda hacia el oriente. La gente se asomaba a los balcones y la saludaban. De las calles laterales aparecieron personas que comenzaron a seguirla; venían desde todas las comunas de Santiago. Ella se cubría con una túnica blanca; su rostro era el de todos y de cada uno en particular. Cuando llegó a la plaza Baquedano, mas de un millón de marchantes coreaban su nombre: ¡Dignidad! ¡Dignidad!