Cuando era un niño, 10 a 12 años de edad, me encantaban los domingos por el ambiente que había en la casa. Todo era relajado, se escuchaba música, con ese sonido tan típico de las canciones antiguas. Las melodías de Agustín Lara y la voz de Gardel eran las que predominaban.
Pero habían algunos domingos, esos en que a mi madre se le ocurría que debía limpiar toda la casa, eran un loquerío. Pero no sólo había que limpiar, también se debía ordenar y esa era para mi, lo es hasta ahora, la tarea más tediosa.
Debo reconocer, que también me gustaba como quedaba la casa. Mi madre, una vez que terminaba con esta tarea la recorría entera, satisfecha con el resultado. Como no podría estar contenta, si la casa parecía como nueva, aunque el papel mural siguiera manchado y en uno de los rincones superiores de la sala de estar, despegado, a lo mejor más que antes.
Siguiendo el ejemplo de mi madre, decidí ordenar mis ideas. Eran muchas y estaban repartidas por todas partes, así que me propuse un plan.
Primero las ordené por fecha, porque a todas les puse, no sólo la del día en que apareció la idea, también la hora. Hay algunas bastante antiguas, por ejemplo:
- 02.1953, 11 horas. Con el fin que los dardos lanzados con las cerbatanas produzcan un mayor daño a nuestros enemigos del barrio vecino, en vez de pegar la punta con saliva se debe hacer con cola fría o engrudo. Si se estima que el enemigo será muy numeroso, colocar además en la punta, un alfiler.
Para confeccionar los dardos se recomienda utilizar las hojas de los cuadernos del año escolar que recién termina, comenzando con el que tiene el ramo o la materia de la peor nota. Las hojas que sobren de ese cuaderno se pueden quemar y así olvidar lo antes posible temas desagradables, sin antes hacerse el propósito, sincero y a firme, de dedicarle el año que viene más atención a esta materia para mejorar los resultados.
En principio tuve la intención de botar esta idea, pero después la guardé por si algún día la necesitara alguno de mis nietos.
Así como esta, encontré otra y esa si que la tiré a la papelera y tenía que ver con el juego de las bolitas o canicas. En cuanto terminen de leer esta idea sabrán porque no la guardé.
- 01.1954, 16 horas. Para ganar en el juego de las bolitas es indispensable contar con un tirito ganador. El tirito ganador es aquella bolita que el jugador utiliza, por ejemplo para jugar a la “hachita y cuarta”, a “los tres hoyitos” o a “la troya”. Se caracteriza por ser casi una esfera perfecta. Rebota muy poco cuando se juega en partes duras y permite al jugador calcular muy bien la fuerza que requiere imprimirle a la bolita para lograr su objetivo. El tirito ganador jamás se juega, se cuida, es difícil de encontrar. El mejor tirito que se conoce hasta ahora, es una bolita de bronce rellena con plomo para darle peso.
Las bolitas de bronce se pueden encontrar como adornos del catre donde duermen las abuelas y abuelos. Si quieres tener una de esas bolitas, como primera acción, debes visitar a la abuela que tenga uno de esos catres. Tratar de ver cual de los adornos, en forma de esfera, de los verticales del catre están sueltos de manera que sea fácil sacarlos. En el caso que no haya ninguno suelto, se deberá utilizar un alicate para tratar de soltar alguno. Recuerda, sólo soltar, por ningún motivo extraer.
Una vez que ya sabes cual es la esfera que debes sacar, procede a hacer una con migas de pan los más parecido en tamaño a la que tú quieres. El siguiente paso es secar esta esfera de miga de pan y endurecerla lo más posible. Una vez que la tienes lista puedes ir a sacar tu futura bolita de bronce y reemplazarla con la esfera hecha de miga. De esta forma, la abuela se demorará un tiempo en darse cuenta que falta una bolita y no sabrá quien se la sacó. Claro que si eres nieto único y como en ese caso serías el regalón, lo mejor es pedirle uno de los adornos de su catre, con seguridad te lo dará.
Cuando tengas la bolita de bronce en tus manos la debes llevar a un lugar para que le coloquen plomo en su interior. Por ningún motivo hagas tú esa parte sin la compañía de un adulto, es muy peligroso.
Asumo que ustedes, todas personas inteligentes porque si no lo fueran no estarían leyendo este relato, ya se habrán dado cuenta de los motivos por los cuales no guardé esta idea. En caso que no fuera así, lo entendería en los lectores más jóvenes y por supuesto en las damas, que salvo excepciones, no jugaban a las bolitas. Las razones básicamente son: i) actualmente los niños no juegan a las bolitas y ii) ya no existen catres como los que usaban las abuelas de los nacidos en la década de los años 40 o con anterioridad.
En este momento nace una nueva idea. Desarrollar un software para que los niños de ahora puedan jugar en el computador a las bolitas, emboque o trompo. Además se puede usar internet para que puedan compartir con otros niños de cualquier parte del mundo. A lo mejor ayuda a disminuir los conflictos bélicos. Propongo no incluir el juego de encumbrar volantines, porque aparecerán los volantines que representarán a los países, el chilenito, el charrúa, cuyano, gaucho, guaraní, cholo, y entablarán una lucha entre ellos para tratar de mandar cortado unos a otros, lo cual en algunas zonas del planeta se hace utilizando otros tipos de implementos que no son precisamente volantines.
Después de ordenar las ideas por fecha, procedí a leerlas todas, separándolas en distintos montones. Por ejemplo, un grupo eran las ideas de cualquier tipo que estaban obsoletas, ya sea porque la tecnología había evolucionado o bien las leyes fueron modificadas y no era posible llevarlas a cabo sin correr un alto riesgo de ir a la cárcel. Otro montón contenía las que yo pensaba que tendrían algún grado de interés.
De esta última ordenación, hay dos grupos, que por sus características considero necesario compartir.
Un grupo es el que he denominado, “EL CONJUNTO VACÍO”, contiene alrededor de 20 ideas, cada una con su fecha de días correlativos, pero no tenían la hora y lo más importante, ninguna tenía una idea descrita. Parece que quise adelantar trabajo y esperaba que fuera un mes fecundo en ideas y sin embargo no tuve ninguna.
Ahora con los años que han pasado, tengo la certeza que se puede vivir sin tener nuevas “ideas”. Eso si, ese tiempo debe ser lo más breve posible.
Otro de los montones, es el relacionado con los viajes que se deben hacer y que se consideran imperdibles, ya sea en el país o al extranjero. La verdad que el listado no es muy extenso, ha quedado largamente superado por el que tiene mi mujer, así que el mío no sirve de mucho, salvo por un viaje que lo titulé, “VIAJAR EN UN TREN”.
En síntesis, esta idea es construir una línea férrea circular, con solo cuatro estaciones. Una de las estaciones sería la de Partida o inicio del viaje, otra La Locura, la tercera sería la de los Cuerdos o Sanos de Juicio y la última la de la Muerte. He soñado muchas veces con este tren, el sueño es recurrente y me veo llegando a la estación de la Partida, donde escucho por los parlantes, –¡Vamos, vamos todos arriba, aquí todos caben, nadie sobra, negros, blancos, amarillos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, enfermos y sanos, niños y niñas!. ¡Son solo cuatro estaciones, el viaje vale la pena!-.
En una oportunidad soñé que iba en el tren sentado al lado de una señora que me contaba sus achaques y sus penas, tenía más de 90 años. Nadie la visitaba, vivía sola, lo único que quería era morirse para juntarse con los suyos. Cuando nos acercábamos a la estación de la Muerte, entró al carro, no se si una mujer u hombre. Debido al ropaje que llevaba no se distinguían sus formas y con una voz rara, pastosa dijo. –Se revisan todos los boletos, los pasajeros a los que les retenga el pasaje deben descender del tren-. La señora a mi lado se puso muy nerviosa. Cuando nos devolvieron los boletos ella me miró, una sonrisa iluminaba su rostro y me dijo, -nos salvamos, podemos dar otra vueltecita-.
Una vez también soñé que sentada al frente mío había una mujer, conversamos de distintos temas, poco a poco fuimos encontrando muchas afinidades. El tiempo pasaba volando. No nos dábamos cuenta de nuestro entorno. Sólo existíamos los dos, habían momentos que sobraban las palabras, nos bastaba una mirada para entendernos. El conductor del tren entra al vagón, con voz fuerte, potente, grita -¡Próxima estación La Locura, aquí descienden los enamorados!-. Nos miramos y sin decirnos palabra nos bajamos del tren. Me despierto. Extiendo mi brazo. Toco su cuerpo. Siento su respiración y me alegra que, a pesar de todos mis defectos, aún esté a mi lado.
He terminado de ordenar mis ideas. Al igual que mi madre reviso mi propia casa. La veo limpia, ordenada, quieta, serena, como si fuera nueva, a pesar que tengo menos cabello, más arrugas, las ojeras más pronunciadas, una sonrisa a veces de satisfacción y en otras oportunidades de tristeza.
Buen ejercicio de ordenar las ideas, Alfonso ! aunque creo que te faltó la de juntar las mejores piedritas para jugar a la payaya… o ustedes no jugaban a la payaya??
Buen final, lo mejor! La Estación La Locura es la que envuelve todo y hace genial que los viajes en tren sigan y sigan.
Un abrazo grande
Maffi
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Gracias Maffita por tus comentarios. El juego de la payaya, así como el del luche lo considerábamos como de niñitas. Teníamos otros juegos mixtos entretenidos como el corre el anillo y el saltar la cuerda. Concuerdo contigo con el comentario relativo a la Estación de la Locura.
Un abrazo
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Me encanto tu ordenamiento de ideas..tan tiernas y divertidas claro que con un humor un poco triste como cuando se evoca el pasado. Me trajo preciosos recuerdos!!! Un beso.
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Gracias Paula por tus comentarios y puedo decir que he recibido el mejor premio, que es sacar aunque sea a un lector una sonrisa o que evoquen un recuerdo grato. Un beso
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