Hace un año que llegó a vivir al barrio y desde que supe su nombre me llamó la atención, en realidad fue más que eso, me hizo recordar mi adolescencia. Si, se llama Lolita y me cautivó.
Al igual que el personaje de la novela, de Vladimir Nabokov, me siento atraído por esta Lolita. Cada vez que, por cualquier motivo, paso frente a ella, debo pasar a visitarla, es algo compulsivo. A veces siento un poco de vergüenza porque muchas veces sólo recorro su entorno, la observo con cuidado y con mucho cariño, en otras oportunidades tan solo me detengo a mirar desde afuera y contemplar su vitrina.
He conocido otras Lolitas, pero la verdad es que no hay otra como esta, queda cerca de mi lugar de residencia, me recibe todos los días de lunes a domingo, excepto algunos festivos y debo reconocer, con egoísmo, que no me gusta que descanse. Siento que pertenezco a ella, que soy parte de su vida, que me acepta tal cual soy y tiene la sabiduría para mostrarme sus encantos, me permite, sin ningún tipo de pudor ni prisa conocer sus secretos, que no son tales, porque puedo enseñárselos a otros sin ninguna restricción.
Esta Lolita varias veces me ha invitado a compartir y conocer a algunos de sus amigos o amigas. Así fue como conocí un poco más, es decir en carne y hueso, a Agustín Squella. También escuchar la voz y música de Natalia Contesse, descubrir a Chicoria Sánchez, entre otros.
Con Lolita he vuelto a retomar el entusiasmo de la lectura que tenía años atrás. Ella me permitió, emocionarme con la Nieta del Señor Lihn, La Soledad de los Números Primos y Como si Fuera de la Familia. Disfrutar, 84, Charing Croos Road. Descubrir cuales son, Mis Lugares Sagrados.
Pero por sobre todo, enamorarme de la hermosa poesía de Wislawa Syzmborska, que en pocas palabras resuelve mis dudas.
He conocido al padre de Lolita, Francisco Mouat, a quien agradezco que haya traído al barrio, cultura, belleza, volver a la escala humana, y decirle que comparto su mensaje: “No podemos Vivir Sin Libros”.