MARURI

Sí Pablo, disculpa que te llame por tu nombre, fuimos vecinos, tú en el 513, yo años después en el 830. Para ti, “humilde calle visitada por los más extraordinarios crepúsculos”, para mi, el recuerdo de olores de fruta y verdura, en cada verano, transportadas en carretelas por los agricultores camino a la Vega. Ahí escribiste Los Crepúsculos de Maruri, ahí grabé el nombre de Alicia Ramírez, asesinada el 57, coreado por sus compañeros de medicina gritando ¡Presente!, perturbando ese “silencio que”, según tú, “lo llena todo y que no sabes desde que país de astros se vino solo”.

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