El anciano que quería escribir un cuento sobre un perro llamado Bruno

Instalado en su escritorio —temprano en la mañana de un día viernes cualquiera—, con el procesador de palabras abierto se disponía a escribir sobre un perro llamado Bruno. «¿Por que acerca de un perro y además que su nombre sea Bruno?», «a lo mejor ha sido parte de un sueño que no recuerdo, vaya a saber uno de que lugar vienen las ideas, dicen que son como semillas que se depositan en la mente de uno, esperando las condiciones propicias para su germinación», —se dijo a si mismo.

Miró a través de la ventana, y dejó vagar su mente. Por los resquicios de su memoria fueron apareciendo, desordenadas en el tiempo, escenas de sus ochenta y cinco años de vida. En algunos momentos sonrió, en otros tuvo que pasar sus manos por lo ojos para secar unas lágrimas. De repente apareció la imagen de aquel día, en que sus hijos se habían atrevido a plantear el deseo de contar con una mascota.

Fue durante un almuerzo de domingo, el ambiente estaba relajado, la conversación amena cuando Irene —la menor de los tres que tendría en esa época ocho o nueve años dijo solemnemente:

—Queremos pedirles algo —y miró a sus hermanos para preguntarles—, ¿quién soy?

—Eres la vocera —le dijo Javier en tono apenas audible y su hermano Mario agregó—, club hermanos unidos…

—Aahh ya, ahora me acuerdo, —Irene inspiró profundo para tomar valor y comenzó su petición—. Como vocera del club “Los Hermanos Unidos” humildemente solicitamos contar con un perrito macho —y terminó agregando—, nosotros nos comprometemos hacernos cargo de su cuidado.

—Me parece bien que quieran tener un perrito, pero ustedes tres, primero deben demostrar que son responsables con sus cosas, —exclamó su esposa, para continuar—, tú —le dice a Mario que es el mayor—, debieras dar el ejemplo, tu pieza es un asco por el desorden, ni siquiera encuentras tus cuadernos, ¿vas a comprometerte a hacerte cargo de un perrito? —y continuó— tú, Javier, que apenas puedes con tus deberes escolares ¿serás capaz de asumir más tareas?. No y no, mientras yo viva no habrá un perro, gato, ni ninguna mascota en esta casa. Me basta con todo lo que se debe hacer, para agregar más trabajo y motivos de problemas. —Mirando a su marido dijo—: No se que opinas tú.

—Estoy en pleno acuerdo contigo —y él agregó—. Me llama la atención que ustedes dos que se creen tan machitos, tan hombres, se escondan detrás de su hermana para hacer una petición como ésta y de seguro no le contaron lo que pasó con los hámsters, ¿lo hicieron?. Irene ¿te contaron que pasó con los hamsters?, —los dos hermanos bajaron la cabeza y se miraban de reojo—. No, claro que no te contaron. Resulta que cuando aún no habías nacido, este par, al igual que ahora, pidieron una mascota y les traje dos hamsters, uno para cada uno, con el compromiso que debían cuidar de ellos. Escucha bien que pasó: a los pocos días se murió uno de los animales y estos dos, que se creen muy hombres, se peleaban el hámster muerto en vez del que estaba vivo, tan sólo para librarse de sus compromisos. Esos son tus hermanos.

«¿Qué habré querido decirles con eso de que se creían tan machos?, —se preguntó y continuó—. Hoy, después de tantos años y lo vivido ¿les diría lo mismo?», y vino a su memoria ese día tan especial que cambió su forma de pensar, de ver el mundo, a las personas, instituciones y principalmente a si mismo con sus propios prejuicios.

Estaba con su esposa solos los dos en casa, y llegó Javier, que a esa fecha tendría veinticinco años, preguntó por sus hermanos y cuando le contaron que habían salido, dijo:

—Necesito hablar con ustedes, para mi es muy importante. No se como lo van a tomar, especialmente tú, papá, pero ya no doy más, llevo años pasándolo mal, escondiéndome, sufriendo, llorando en las noches. Espero que me entiendan y en todo caso yo siempre los amaré. —Y sin más preámbulos agregó—: soy homosexual, sí, soy gay y no puedo ni quiero seguir ocultándolo.

Su esposa saltó del asiento para abalanzarse sobre su hijo, abrazarlo, decirle lo mucho que lo amaba y que lo único que debía hacer era tratar de ser feliz.

Eso es lo que más admiraba de su mujer, —siempre sabía que hacer en esas situaciones difíciles, era como si lo tuviera todo pensado y decidido de antes—. En cambio él, se levantó lentamente del asiento, abrazó fuerte a su hijo, le dio un beso, y en silencio abandonó la sala de estar…

Escuchó a su esposa que, en la habitación contigua exclamaba: —¡Hijo, que alegría!, ¡Que, emoción!, ¡Felicitaciones, te amo, los esperamos!, cuando ella llegó a su escritorio le dijo:

—Dos buenas noticias, la primera, vienen a almorzar Javier y Héctor.

—Excelente, hace tiempo que no los vemos y los estaba extrañando. No me vas a creer, hoy me acordé mucho de él. ¿Y la segunda?

—En realidad son dos más, afírmate. Decidieron casarse y además trae su nuevo libro de cuentos, que lo tituló: “Andanzas de un perro llamado Bruno” —y agregó—,vamos, acompáñame, tengo almuerzo para los cuatro, falta el aperitivo.

El anciano miró la página de Word vacía, excepto por el título: El Bruno. Cerró la aplicación e hizo click en la pestaña de “No guardar”, y alegre caminó hasta la cocina a preparar el pisco sour para festejar a su hijo con su pareja.

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6 comments

  1. Eduardo Ruben Alonso Gramajo · noviembre 27, 2017

    Alfonsito,

    Una vez más presente en tu ya larga lista de cuentos. Esta vez con un tema de actualidad. Felicitaciones.

    Un abrazo,

    Eduardo

    ________________________________

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    • alfonsopino · noviembre 27, 2017

      Gracias Eduardo por tu comentario y tener la paciencia de seguir leyendo mis relatos. Un abrazo

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  2. caranis@entelchile.net · noviembre 27, 2017

    Buen relato, con un final inesperado. De todos modos, debemos tener presente que el ser homosexual, no es una elección, sino una condición.

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  3. Paula Donoso · noviembre 28, 2017

    PRECIOSO !!! emotivo y sutil…Me encanto. Sera que ya estas con el corazon “limpio” ?

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    • alfonsopino · noviembre 28, 2017

      Muchas gracias Paula. En cuanto al corazón parece que está ahora sintonizado a un par de tonos más altos en la escala musical. Un abrazo para ti

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